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Un estudio liga la comida ultraprocesada con grasa en el muslo

Hamburguesa con papas fritas, ejemplo de comida ultraprocesada
5 min de lectura
  • Un estudio de la revista Radiology vinculó la comida ultraprocesada con más grasa dentro del músculo del muslo.
  • Participaron 615 adultos (275 hombres y 340 mujeres) con edad promedio de 60 años.
  • El hallazgo se dio sin importar las calorías totales ingeridas ni el nivel de actividad física.
  • La investigadora Zehra Akkaya advierte que esa grasa intramuscular podría acelerar el deterioro de la rodilla.

Un nuevo estudio publicado en la revista Radiology, de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA), encontró un vínculo inesperado entre el consumo habitual de alimentos ultraprocesados y una mayor acumulación de grasa dentro del músculo del muslo, un factor que podría acelerar el deterioro de la rodilla incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas de artrosis.

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La investigación, liderada por Zehra Akkaya, del Departamento de Radiología de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), analizó resonancias magnéticas de 615 adultos —275 hombres y 340 mujeres— con una edad promedio de 60 años y un índice de masa corporal promedio de 27, dentro del rango de sobrepeso leve.

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Cómo se hizo el estudio

Los datos provienen de la Osteoarthritis Initiative, un programa de seguimiento financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos que sigue durante años a personas en riesgo de desarrollar artrosis de rodilla. Los investigadores cruzaron los registros alimentarios del año previo de cada participante con imágenes de resonancia magnética convencional del músculo del muslo.

El equipo encontró que, en promedio, cerca del 41 % de lo que consumía este grupo de participantes correspondía a productos altamente procesados: cereales envasados, snacks industriales, bebidas azucaradas, carnes procesadas, pizzas congeladas, comidas listas para calentar y panes de fabricación industrial.

Grasa oculta dentro del músculo, no solo alrededor

El hallazgo central del estudio es que quienes consumían más de estos productos presentaban mayor infiltración de grasa dentro del propio tejido muscular del muslo, un fenómeno distinto a la grasa subcutánea visible. Esa relación se mantuvo firme incluso al ajustar los resultados por el total de calorías consumidas, el nivel de actividad física y factores sociodemográficos de los participantes.

«En décadas recientes, el uso de ingredientes naturales disminuyó de manera sostenida y fue reemplazado por alimentos y bebidas industrialmente procesados», explicó Akkaya sobre el contexto que motivó la investigación. La especialista subrayó que este es, según su equipo, el primer estudio que evalúa el impacto de estos alimentos en la composición del músculo del muslo mediante resonancia magnética.

Por qué el músculo del muslo importa para la rodilla

El cuádriceps y los músculos posteriores del muslo son el principal soporte mecánico de la articulación de la rodilla: amortiguan el impacto al caminar, subir escaleras o levantarse de una silla, y estabilizan la rótula durante el movimiento. Cuando ese tejido pierde calidad —al llenarse de grasa infiltrada en lugar de fibra muscular funcional— la rodilla pierde parte de esa protección natural, lo que a largo plazo se asocia con mayor riesgo de desarrollar artrosis, según explican los propios autores del estudio.

«La calidad de la dieta merece mayor atención, y los programas para bajar de peso deberían considerar qué se come, no solo cuánto», señaló Akkaya, en una de las conclusiones más citadas del trabajo. La frase resume el giro que proponen los autores: no se trata solamente de las calorías totales, sino del tipo de alimento que las aporta.

Un problema que crece a nivel global

La Organización Mundial de la Salud ha advertido en repetidas ocasiones sobre el aumento sostenido del consumo de alimentos ultraprocesados a nivel mundial, un patrón que se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. El nuevo estudio de Radiology suma la salud articular a esa lista de consecuencias, con un mecanismo biológico específico y medible mediante imagen.

Especialistas en nutrición consultados por medios especializados coinciden en que sustituir gradualmente snacks envasados, bebidas azucaradas y comidas listas para calentar por alimentos frescos —verduras, legumbres, proteína magra y granos enteros— es la recomendación más consistente para reducir este tipo de riesgo, incluso sin cambios drásticos en el número total de calorías consumidas al día.

Qué viene después

Los autores del estudio, publicado el 18 de septiembre en Radiology, plantean que futuras investigaciones deberán confirmar si reducir el consumo de ultraprocesados efectivamente revierte o frena la infiltración de grasa muscular ya presente, y si esa reducción se traduce en menor incidencia real de artrosis de rodilla a largo plazo.

Por ahora, el mensaje central del equipo de la UCSF es que la composición del músculo, visible por resonancia magnética años antes de que aparezcan síntomas articulares, podría convertirse en una señal temprana útil para identificar a personas con mayor riesgo de artrosis y orientar cambios en su alimentación antes de que el daño en la rodilla sea irreversible. Especialistas en medicina deportiva y rehabilitación de otros centros han señalado que este tipo de hallazgos también respalda las recomendaciones locales de fortalecimiento muscular como parte de la prevención de complicaciones musculoesqueléticas en adultos mayores, un grupo etario cada vez más atendido en los servicios de salud pública del país.

Otro antecedente reciente en la misma línea de atención a la salud articular y muscular es la reactivación de servicios especializados, como el caso del hospital de Machala que retomó sus cirugías de artroscopia articular, un procedimiento habitual para tratar lesiones derivadas justamente del deterioro progresivo de la rodilla.

Qué pueden hacer los pacientes desde ya

Mientras avanza la investigación sobre tratamientos específicos, los médicos consultados en la cobertura internacional del estudio coinciden en tres medidas concretas: reducir de forma progresiva el consumo de productos envasados y bebidas azucaradas, incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular con carga controlada al menos dos veces por semana, y priorizar el control del peso corporal mediante alimentación real en lugar de dietas restrictivas de corto plazo. Ninguna de estas recomendaciones exige eliminar por completo los alimentos procesados, sino reducir su peso relativo dentro de la dieta diaria total.

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