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Alerta por peligro de automedicar a niños ante dengue y chikungunya

Doctora pediatra examinando a una niña pequeña con estetoscopio en consultorio médico
5 min de lectura
  • Pediatras alertan sobre el grave peligro de automedicar a niños ante síntomas de dengue o chikungunya.
  • El uso de ibuprofeno y otros AINEs está contraindicado por multiplicar el riesgo de hemorragias mortales.
  • Todo cuadro febril en infantes que supere las 48 horas requiere valoración pediátrica especializada.
  • El hígado de los pacientes infantiles sufre inflamación, por lo que se desaconsejan remedios caseros.

El incremento sostenido de casos de dengue y chikungunya en diversas provincias del país encendió las alertas sanitarias entre los profesionales de la salud pediátrica, quienes advirtieron con especial énfasis sobre las graves consecuencias de la automedicación infantil. Especialistas en medicina infantil recalcan que suministrar fármacos antiinflamatorios ante cuadros febriles sospechosos de patologías transmitidas por la picadura del mosquito hembra Aedes aegypti puede desencadenar hemorragias severas y comprometer la vida de los menores de edad en pocas horas.

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La pediatra Verónica Zapata explicó en declaraciones especializadas que el síntoma inicial predominante en ambas enfermedades arbovirales es la fiebre alta y continua. La especialista enfatizó que cualquier paciente en edad infantil que registre más de 48 horas de fiebre persistente debe ser trasladado a un centro médico calificado para una evaluación clínica integral, evitando tratamientos empíricos administrados en los hogares sin supervisión facultativa.

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Peligro mortal del ibuprofeno y antiinflamatorios AINEs

Uno de los errores más frecuentes y riesgosos cometidos por padres de familia radica en suministrar antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), particularmente ibuprofeno, diclofenaco o ácido acetilsalicílico, con la intención de controlar la temperatura o calmar dolores musculares. La doctora Zapata advirtió que estos fármacos están estrictamente contraindicados ante la sospecha de dengue, dado que alteran la función plaquetaria y elevan exponencialmente la probabilidad de provocar cuadros de dengue grave con sangrado gastrointestinal o colapso vascular.

La farmacovigilancia y el manejo de cuadros complejos en la red hospitalaria pública requieren protocolos rigurosos de atención médica, tal como se ha documentado al evaluar la gestión de insumos y servicios en los hospitales del Ministerio de Salud y la atención a pacientes pediátricos.

Cuidado de la función hepática y fase de exantema

El curso del dengue contempla tres fases clínicas bien definidas: etapa febril, fase crítica y periodo de recuperación. Durante la fase de convalecencia es habitual la manifestación de un exantema o sarpullido cutáneo conocido como ‘islas blancas en un mar rojo’, el cual suele producir un prurito intenso e irritabilidad extrema en los niños. Los médicos advierten que durante la infección el hígado pediátrico experimenta inflamación con elevación transitoria de enzimas hepáticas.

Por este motivo, se desaconseja de manera terminante aplicar sustancias caseras agresivas como alcohol, limón o bicarbonato sobre la piel del infante, así como administrar antihistamínicos con depuración hepática pesada. Organizaciones sanitarias de referencia como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública del Ecuador (MSP) instan a la ciudadanía a recurrir únicamente al paracetamol bajo dosificación profesional y acudir de inmediato a los centros de salud ante signos de alarma como dolor abdominal intenso, vómitos reiterados o somnolencia.

Diagnóstico diferencial entre dengue y chikungunya

Aunque ambas patologías comparten el mismo vector transmisor y un inicio febril agudo, los especialistas recalcan que el cuadro clínico del chikungunya se distingue por ocasionar dolores articulares poliarticulares severos e incapacitantes, afectando primordialmente muñecas, tobillos y pequeñas articulaciones de manos y pies. En los niños pequeños, esta sintomatología se manifiesta a menudo con llanto inconsolable al movimiento y rechazo a apoyar las extremidades en el suelo.

Por el contrario, el dengue suele acompañarse de cefalea retroocular intensa, mialgias generalizadas y una mayor propensión a la disminución abrupta del recuento de plaquetas. Identificar oportunamente estas diferencias clínicas permite a los médicos de atención primaria ordenar biometrías hemáticas periódicas para vigilar los niveles de hematocrito y prevenir extravasaciones de plasma antes de que se desarrolle un choque hipovolémico.

Prevención comunitaria y control del mosquito vector

Las autoridades sanitarias recuerdan que la medida más costo-efectiva frente a los brotes de arbovirosis reside en la eliminación sistemática de los criaderos artificiales de mosquitos en los patios y techos de las viviendas. Tapar herméticamente tanques de agua, desechar recipientes en desuso y cambiar diariamente el agua de floreros y bebederos de mascotas son acciones comunitarias indispensables para cortar el ciclo reproductivo del vector.

Asimismo, los pediatras sugieren utilizar mosquiteros en las cunas y camas de los infantes, vestir prendas de colores claros y manga larga, y aplicar repelentes de uso infantil certificados por las autoridades sanitarias. La educación preventiva en los hogares y escuelas resulta el pilar fundamental para evitar que más niños sean hospitalizados por cuadros virales agravados por la administración indebida de medicamentos.

Hidratación oral y criterios de hospitalización inmediata

El manejo clínico estándar en las fases tempranas del dengue sin signos de alarma se fundamenta en la reposición continua de líquidos a través de soluciones de sales de rehidratación oral recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los pediatras advierten que las bebidas azucaradas comerciales o energéticas no reemplazan los electrolitos esenciales y pueden causar diarrea osmótica, complicando el estado de hidratación del paciente.

La presencia de intolerancia oral persistente, mareos marcados al ponerse de pie, frialdad en manos y pies o acumulación de líquidos en cavidades corporales son criterios mandatorios para el ingreso hospitalario urgente. El monitoreo continuo por personal médico calificado salva vidas y evita que la progresión de la enfermedad derive en estadios críticos irreversibles.

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