La promesa de igualdad laboral no se cumplió
La Ley de Economía Violeta nació en Ecuador con el objetivo de aumentar el empleo femenino, reducir la brecha salarial y fomentar la igualdad dentro del mercado laboral. Sin embargo, a tres años de su entrada en vigencia, los resultados muestran que los problemas estructurales del empleo para las mujeres continúan prácticamente intactos.

Un análisis elaborado por investigadoras de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) concluye que la normativa no logró generar un impacto real sobre la contratación femenina, el empleo adecuado ni la reducción de la informalidad.
La pandemia agravó la situación laboral de las mujeres
El estudio recuerda que la ley surgió en medio de la crisis provocada por la pandemia del COVID-19, un periodo en el que miles de mujeres perdieron empleos, redujeron ingresos y asumieron una mayor carga de trabajo doméstico y cuidado familiar.
Además, muchas trabajadoras se vieron obligadas a migrar hacia la informalidad debido a la falta de oportunidades dentro del sector formal.
Los incentivos de la ley no cambiaron la contratación
La normativa incluyó incentivos tributarios para empresas que contrataran mujeres, flexibilización laboral, planes de igualdad y la creación del denominado “Sello Violeta”.
Pese a ello, la participación laboral femenina cayó de 56,4% en 2019 a 52,1% en 2025. Mientras tanto, la brecha laboral entre hombres y mujeres aumentó durante ese mismo periodo.
Las investigadoras concluyen que la ley no consiguió modificar las dinámicas reales del mercado laboral ecuatoriano.
La informalidad sigue siendo el principal problema
Uno de los puntos más críticos del análisis es que la ley se enfocó principalmente en el empleo formal, cuando gran parte de las mujeres ecuatorianas trabaja en condiciones informales.
Actualmente, alrededor de seis de cada diez trabajadores en Ecuador forman parte de la economía informal. Aunque hubo una leve reducción de la informalidad femenina desde 2023, los niveles siguen siendo elevados y superiores a los registrados antes de la pandemia.
Según el estudio, factores como el bajo crecimiento económico, la escasa generación de empleo privado y la falta de capacitación siguen empujando a miles de mujeres hacia trabajos precarios.
Más obligaciones para las empresas, pero menos empleo estable
Las investigadoras sostienen que muchas empresas perciben la normativa como una carga adicional debido a mayores controles, regulaciones y posibles sanciones.
Esto habría provocado una reducción en los contratos indefinidos y un aumento de modalidades más flexibles o temporales.
Entre 2023 y 2025 disminuyeron los contratos permanentes para mujeres, mientras crecieron los contratos por obra o servicio.
La educación tiene mayor impacto que la ley
Uno de los hallazgos más contundentes del estudio es que el nivel educativo influye mucho más en las oportunidades laborales femeninas que la propia Ley Violeta.
Las mujeres con educación superior registran mayores niveles de empleo adecuado y menores tasas de informalidad. En contraste, quienes no tienen estudios presentan altos niveles de precariedad laboral.
Las autoras consideran que las políticas públicas deberían enfocarse en formación técnica, acceso a educación superior y capacitación laboral.
El Sello Violeta tuvo poca acogida
Otro de los mecanismos centrales de la ley tampoco logró consolidarse. Hasta 2025, apenas 70 empresas solicitaron el llamado “Sello Violeta”, reflejando una baja participación del sector empresarial.
Para las investigadoras, esto evidencia problemas de diseño y poca efectividad de los incentivos propuestos.
El problema estructural sigue sin resolverse
El estudio concluye que la Ley de Economía Violeta atacó síntomas visibles del problema, pero no las causas profundas de la desigualdad laboral femenina.
Entre los factores estructurales que continúan afectando el empleo de las mujeres están la informalidad, la baja productividad, la rigidez laboral, las limitadas oportunidades económicas y las diferencias educativas.
Las autoras sostienen que Ecuador necesita crecimiento económico sostenido, mayor inversión privada y reformas estructurales para generar oportunidades laborales reales para las mujeres.
Fuente: La Hora
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