- El barril de crudo se ubica en torno a los USD 110, su nivel más alto en años.
- Analistas como David Goldwyn y Neil Shearing advierten sobre un margen cada vez más estrecho para absorber el golpe.
- Filipinas, Bangladés y otros países ya reportan racionamiento de combustible y protestas.
- Organismos proyectan hasta 50 millones de personas en hambre aguda por el encarecimiento de la energía y los alimentos.
La economía mundial atraviesa uno de sus tramos más tensos del año: el precio del petróleo se instaló cerca de los USD 110 por barril, un nivel que ya provoca apagones programados, racionamiento de combustible y protestas en distintas regiones del planeta. El alza no responde a un solo factor, sino a una acumulación de tensiones que viene creciendo desde comienzos de 2026.
Un origen que se remonta a febrero
El detonante más citado por los analistas se ubica en febrero de 2026, cuando ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones en Irán elevaron de inmediato la prima de riesgo geopolítico sobre el crudo. Desde entonces, el mercado no logró estabilizarse: los bloqueos hutíes a rutas marítimas en el Mar Rojo y la reducción de casi un 30% en la capacidad de refinación rusa terminaron de tensar la oferta disponible.
A esto se suma el agotamiento progresivo de las reservas estratégicas que varios países mantenían como colchón ante shocks de precio. Ese margen, que en crisis anteriores permitía ganar tiempo mientras se recomponía la oferta, hoy está mucho más ajustado.
Voces de especialistas: un margen cada vez más corto
El exdiplomático estadounidense David Goldwyn, quien trabajó en el Departamento de Energía de Estados Unidos, advirtió que el sistema energético global ya no cuenta con la misma capacidad de amortiguación que en episodios previos de tensión en Medio Oriente. En la misma línea, Neil Shearing, economista en jefe de Capital Economics, señaló que la combinación de precios altos y crecimiento débil golpea con más fuerza a las economías emergentes que a las desarrolladas.
Esa diferencia se explica porque los países en desarrollo destinan una porción mayor de su ingreso a energía y alimentos, dos rubros que suben en cadena cuando el petróleo se encarece: el transporte de mercancías, la producción agrícola y la generación eléctrica dependen directa o indirectamente del crudo.
Impacto desigual entre regiones
El golpe no se siente igual en todas partes. Analistas proyectan una inflación del 5,2% para Asia en el corto plazo, mientras que economías productoras del Golfo Pérsico, paradójicamente, también sufren: se estima una contracción del 8,6% para Catar y del 4,8% para Arabia Saudita, en parte por la volatilidad de sus ingresos petroleros y el costo de sostener subsidios internos.
En Asia, gobiernos como los de Filipinas y Bangladés ya aplican esquemas de racionamiento de combustible ante el riesgo de desabastecimiento, mientras que en Guatemala se reportaron protestas ciudadanas por el alza en el transporte público. Europa, con Reino Unido y Alemania como ejemplos, enfrenta presión adicional sobre sus facturas de electricidad en un invierno que se anticipa costoso.
El riesgo alimentario detrás del precio del crudo
La cadena de impacto no se detiene en la gasolina. Organismos que monitorean seguridad alimentaria proyectan que hasta 50 millones de personas podrían caer en situación de hambre aguda como consecuencia indirecta del encarecimiento energético, que eleva el costo de fertilizantes, transporte de cosechas y refrigeración de alimentos.
Según datos recopilados por la Agencia Internacional de Energía, los precios sostenidos por encima de los USD 100 durante más de dos trimestres consecutivos históricamente han coincidido con desaceleraciones marcadas del comercio mundial, un patrón que distintos analistas observan con atención de cara a 2027.
Ecuador no es ajeno a la tendencia
El país también siente el efecto de un mercado global más caro, aunque desde el lado de la producción. Mientras el barril sube en las referencias internacionales, el Gobierno ecuatoriano proyecta llegar a 500.000 barriles diarios de producción, una meta que expertos locales ya cuestionan por la brecha entre la inversión requerida y los plazos anunciados.
Un barril más caro en el mercado internacional puede mejorar los ingresos petroleros del país en el corto plazo, pero también encarece insumos importados, fletes y derivados que Ecuador todavía no cubre en su totalidad con refinación propia, según ha reconocido en distintas ocasiones el propio sector energético nacional.
Qué vigilar en las próximas semanas
Analistas coinciden en que el próximo punto de inflexión dependerá de si se logra una desescalada verificable en Medio Oriente y de si la capacidad de refinación rusa se recupera antes del invierno boreal. Hasta que eso ocurra, el mercado seguirá operando con una prima de riesgo elevada, y ese costo terminará trasladándose, tarde o temprano, al bolsillo del consumidor final en la mayoría de economías del planeta.
El Fondo Monetario Internacional ya incluyó el escenario de crudo sostenido sobre los USD 100 en sus últimas proyecciones de riesgo, un dato que refuerza la cautela con la que gobiernos y bancos centrales están ajustando sus políticas para lo que resta del año.
Para Ecuador, la lectura combina un potencial ingreso extra por mayores precios de exportación con el riesgo de importar inflación a través de combustibles y fletes internacionales, un equilibrio que el equipo económico del Gobierno deberá monitorear de cerca en los próximos meses.




