- Un estudio publicado en Nature explica por qué el día terrestre no dura exactamente 24 horas continuas.
- Físicos de la Universidad de Alberta identificaron un par gravitacional y magnético entre núcleo y manto.
- Las oscilaciones de rotación alcanzan varios milisegundos en intervalos cíclicos de 10 a 70 años.
- Los hallazgos revelan una baja viscosidad en el núcleo interno y su capacidad de rápida deformación.
Aunque la convención horaria universal establece que un día terrestre tiene una duración promedio de 24 horas, mediciones ejecutadas con relojes atómicos de máxima precisión constatan que la velocidad de giro de la Tierra experimenta fluctuaciones constantes de milisegundos a lo largo de las décadas.
Una investigación geofísica desarrollada por los científicos Huifeng Zhang y Mathieu Dumberry, de la Universidad de Alberta, y publicada en la revista científica Nature, revela que estas variaciones temporales tienen su origen en una compleja interacción gravitacional y electromagnética entre el núcleo interno sólido y el manto rocoso del planeta.
Mecanismo del par gravitacional y conservación del momento angular
El modelo matemático propuesto resuelve una de las interrogantes más persistentes de la física planetaria: el intercambio dinámico de momento angular entre las capas profundas de la Tierra. Al no ser una esfera perfectamente homogénea ni simétrica, el núcleo interno ejerce un tirón de atracción gravitacional sobre las irregularidades de masa presentes en la base del manto.
Cuando el núcleo interno experimenta aceleraciones en su giro respecto a las capas superiores, se produce una torsión mecánica que altera sutilmente la rotación del manto y la corteza superficial. Dado que la superficie terrestre es la plataforma sobre la que medimos el paso de las horas, cualquier leve frenado del manto prolonga la duración del día, mientras que su aceleración lo acorta en fracciones microscópicas.
Este arrastre gravitacional encuentra resistencia física en la frontera que divide el núcleo del manto. En dicha zona de temperaturas extremas, la presencia de rocas conductoras enriquecidas en hierro y la fase mineral post-perovskita generan un freno electromagnético y friccional que equilibra el sistema de compensaciones rotacionales, conservando intacto el momento angular global del planeta.
Ciclos decenales y aplicaciones para la tecnología satelital
El estudio analizó registros sistemáticos de la rotación terrestre recopilados entre 1964 y 2019, logrando aislar las variaciones decenales producidas en el núcleo de aquellas fluctuaciones más breves causadas por las mareas lunares, corrientes oceánicas o masas de viento atmosférico.
Los datos geofísicos sugieren además que el núcleo interno posee una viscosidad sustancialmente menor a la estimada tradicionalmente, lo que implica que sus materiales metálicos sometidos a presiones extremas pueden deformarse y adaptarse a las fuerzas internas en lapsos de apenas una década.
El monitoreo de estos desfases milimétricos resulta determinante para calibrar sistemas de posicionamiento global como el GPS y las redes de telecomunicaciones avanzadas, en un entorno donde Xiaomi anuncia llegada a Ecuador de Serie REDMI Note 17 con batería récord y procesadores móviles de alta frecuencia que dependen de sincronizaciones satelitales ultra precisas.
Especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos coinciden en que la medición de la duración del día proporciona una ventana indirecta invaluable para mapear el comportamiento del campo magnético terrestre y anticipar la dinámica de las profundidades del globo terráqueo.
Los geofísicos destacan que el estudio del acoplamiento electromagnético en la frontera núcleo-manto abre nuevas líneas de investigación sobre la estabilidad del escudo magnético que protege a la biosfera terrestre de los vientos solares y la radiación cósmica. La presencia de minerales densos en la base del manto actúa como un filtro térmico que modula la velocidad de convección en el núcleo externo fundido.
Asimismo, los centros astronómicos internacionales integran estos modelos geodinámicos en la sincronización de los estándares del Tiempo Universal Coordinado (UTC), evaluando la necesidad futura de aplicar segundos intercalares negativos si la aceleración rotacional profunda mantiene su tendencia cíclica durante la próxima década.




