- El diplomático Luis Gallegos Chiriboga analiza las amenazas existenciales al orden multilateral contemporáneo.
- La proliferación nuclear, el cambio climático y la inteligencia artificial demandan reformas institucionales urgentes.
- Recuerda la trayectoria de António Guterres en vísperas de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
- Advierte que sustituir el derecho internacional por el uso de la fuerza conduce a la ley de la selva.
- Reivindica la vocación histórica de Ecuador como territorio de refugio y promotor de la paz pacífica.
El reconocido diplomático y exministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Luis Gallegos Chiriboga, expuso este 19 de septiembre de 2026 una profunda reflexión sobre las transformaciones del sistema internacional en su columna editorial, advirtiendo que el mundo se debate entre la consolidación del imperio del derecho o el retroceso hacia la ley de la selva. En vísperas de la Semana de Alto Nivel de la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, Gallegos subrayó que las instituciones multilaterales deben adaptarse a los enormes desafíos que ponen en riesgo la existencia misma de la especie humana.
Amenazas globales y la parálisis de los mecanismos multilaterales
En su análisis, el diplomático ecuatoriano identificó tres peligros inminentes que amenazan el futuro de la humanidad: la proliferación descontrolada de armas nucleares, la aceleración de los efectos del cambio climático y el desarrollo desregulado de la inteligencia artificial. Gallegos rememoró que las guerras mundiales del siglo pasado impulsaron a las naciones a fundar la ONU para evitar conflagraciones interestatales catastróficas mediante el diálogo y la negociación diplomática.
No obstante, el embajador lamentó que en la actualidad afloren más de un centenar de conflictos armados internos y que el multilateralismo haya sido arrinconado por las decisiones unilaterales de potencias involucradas en guerras de desgaste prolongado. Gallegos defendió la labor del secretario general de la ONU, António Guterres, con quien trabajó estrechamente en iniciativas humanitarias cuando este encabezaba la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), destacando que son los propios Estados miembros los que a menudo obstruyen los acuerdos de paz para privilegiar intereses hegemónicos particulares.
La vocación pacífica y el respeto a la legalidad internacional
Gallegos remarcó con orgullo la tradición diplomática de Ecuador como un país de acogida y refugio, desde la recepción de la diáspora judía en el siglo pasado hasta el abrigo brindado a decenas de miles de familias colombianas que huían de la violencia armada en los departamentos fronterizos de Nariño y Putumayo. Este compromiso con la protección humanitaria y la resolución pacífica de controversias se sustenta en la adhesión irrestricta a las sentencias de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y al cumplimiento riguroso de la Carta de las Naciones Unidas.
El compromiso ineludible con las futuras generaciones
El diplomático insistió en que los desafíos contemporáneos no reconocen fronteras nacionales ni distinciones ideológicas. Las pandemias globales, las migraciones forzadas y las crisis energéticas son fenómenos interconectados que solo pueden gestionarse mediante una arquitectura multilateral sólida, legítima y dotada de capacidad vinculante real.
La vigencia del derecho internacional como salvaguarda frente a las crisis globales dialoga con la necesidad de diseñar políticas públicas previsoras en el ámbito interno, tales como las propuestas orientadas a evitar una nueva crisis energética en Ecuador mediante un sistema resiliente. Asimismo, los equilibrios diplomáticos globales guardan relación directa con las disputas de liderazgo en los foros multilaterales, como se aprecia en los procesos de sucesión donde candidatas latinoamericanas y caribeñas buscan encabezar la Secretaría General de la ONU. Gallegos concluyó su columna enfatizando que renunciar a las normas del derecho internacional en manos de la amenaza y la fuerza significaría consagrar un orden donde solo impera el más violento y donde las víctimas indefensas son siempre los civiles inocentes.




