- Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrigues-Birkett emergen como favoritas para suceder a António Guterres en la Secretaría General de la ONU.
- América Latina y el Caribe reclaman la titularidad del máximo cargo diplomático mundial bajo el principio de rotación regional.
- La diplomacia internacional impulsa que por primera vez en ocho décadas una mujer lidere el organismo multilateral.
- El Consejo de Seguridad y la Asamblea General iniciarán las rondas de escrutinio formal antes del proceso electivo de 2026.
La carrera diplomática por la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cobró un impulso decisivo este 18 de septiembre tras consolidarse los respaldos regionales hacia dos distinguidas diplomáticas latinoamericanas: la economista costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), y la embajadora guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, representante permanente de su nación ante el Consejo de Seguridad. Ambos perfiles concentran el respaldo de bloques del Sur Global que exigen hacer cumplir el principio histórico de rotación geográfica para el periodo 2027-2031.
Desde la creación del organismo mundial en 1945, ningún representante de América Latina y el Caribe ha encabezado la Secretaría General desde la gestión del peruano Javier Pérez de Cuéllar concluida en 1991. A este argumento estatutario se suma una demanda transversal promovida por más de un centenar de países miembros que consideran ineludible que, tras nueve secretarios generales masculinos consecutivos en 80 años de historia, la jefatura recaiga finalmente en una mujer de contrastada trayectoria multilateral y capacidad ejecutiva probada en escenarios de crisis.
Trayectoria de Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrigues-Birkett
Rebeca Grynspan exhibe una dilatada foja de servicio público internacional, habiendo fungido como vicepresidenta de Costa Rica, secretaria general iberoamericana (SEGIB) y administradora adjunta del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Al frente de la UNCTAD, Grynspan jugó un papel técnico determinante en la negociación de corredores de exportación de granos y fertilizantes en el mar Negro durante las fases más complejas del conflicto bélico en Europa del Este, ganándose el respeto unánime de las potencias occidentales y de las economías emergentes de Asia y África.
Por su parte, Carolyn Rodrigues-Birkett ostenta una sólida reputación como exministra de Relaciones Exteriores y de Asuntos Indígenas de Guyana, liderando con aplomo la agenda del Consejo de Seguridad durante la presencia de su país como miembro no permanente. Su perfil concita una simpatía significativa entre los estados insulares del Caribe (CARICOM), los países de la Mancomunidad Británica y los miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), posicionándola como una constructora de consensos pragmática frente a las disputas territoriales y el cambio climático.
La contienda por la cúspide de la diplomacia global suscita un escrutinio meticuloso entre las cancillerías, un proceso anticipado en foros internacionales cuando se debatieron los perfiles sobre quiénes son los candidatos a secretario general de la ONU y la correlación de fuerzas en el Consejo de Seguridad.
Escrutinio en el Consejo de Seguridad y correlación de vetos
El mecanismo de selección estipula que el Consejo de Seguridad, integrado por los cinco miembros permanentes con derecho a veto (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido) y diez miembros no permanentes, debe remitir una recomendación única a la Asamblea General mediante sucesivas votaciones secretas («straw polls»). La capacidad de Grynspan y Rodrigues-Birkett para navegar las tensiones geopolíticas entre Washington y Pekín definirá la viabilidad de sus candidaturas.
La relevancia del escenario multilateral coincide con las visitas de mandatarios de la región a la sede central de Nueva York, tal como cuando el presidente Daniel Noboa viajó a Estados Unidos para la Asamblea General de la ONU y mantuvo citas bilaterales de alto rango institucional.
Asimismo, los pactos multilaterales sobre seguridad estratégica y soberanía territorial siguen transformando el mapa internacional, como demostró el acuerdo histórico donde Donald Trump selló un pacto de defensa sobre Groenlandia con Dinamarca, ratificando la necesidad de líderes globales con capacidad de mediación permanente.




