- Quito, Ecuador.- Leonardo Alarcón subió cada escalón para convertirse en el fiscal general del Estado encargado.
- Sin embargo, la mejor defensa de la idoneidad de Alarcón para el cargo son los hechos: todos los casos impulsados hasta sus instancias correspondientes y ninguna presión que haya detenido el trabajo institucional.
- Oriundo de Cañar, hijo de un topógrafo y maestro, Leonardo Alarcón aprendió desde niño el valor del trabajo honesto.
Quito, Ecuador.- Leonardo Alarcón subió cada escalón para convertirse en el fiscal general del Estado encargado. Durante 19 años recorrió cada nivel del Ministerio Público: fue asistente de fiscales, secretario, agente fiscal en Quinindé, en la provincia de Esmeraldas. Luego pasó a ser fiscal de primera instancia en Quito. Ningún peldaño saltado, solo trabajo sostenido y concursos de méritos y oposición ganados. Cuando el 3 de octubre de 2025 asumió como fiscal general del Estado encargado, conocía el expediente desde adentro porque había construido varios de los casos más importantes que la institución llevaría a juicio.
Mientras la Fiscalía acumula sentencias condenatorias, como los casos: Sinohydro, Triple A, Comandos de la Frontera, el doctor Alarcón participa en el concurso de méritos y oposición convocado por el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) para la designación del fiscal general del Estado titular. Se ubica entre los mejores puntuados, ocupa un lugar destacado en la tabla de méritos con 46,5 puntos sobre 50, en un proceso que contó con 74 postulantes originales y al que superaron la fase de calificación 27 aspirantes.
El 10 de septiembre de 2026, la Comisión Ciudadana de Selección aprobó la convocatoria para las audiencias de impugnación ciudadana, etapa en la que los aspirantes y los denunciantes expondrán sus argumentos en sesiones de 20 minutos. Contra Alarcón existe una impugnación que alega documentación incompleta e inconsistente en su postulación. El fiscal general encargado ha anunciado que se defenderá con las pruebas que correspondan ante la instancia competente.
Sin embargo, la mejor defensa de la idoneidad de Alarcón para el cargo son los hechos: todos los casos impulsados hasta sus instancias correspondientes y ninguna presión que haya detenido el trabajo institucional. Un fiscal que litiga en los estrados con resultados verificables no necesita otra credencial.
ALARCÓN, EL PERFIL IDÓNEO PARA EL CARGO
Oriundo de Cañar, hijo de un topógrafo y maestro, Leonardo Alarcón aprendió desde niño el valor del trabajo honesto. Estudió Derecho en la Universidad Católica de Cuenca y llegó a Quito en 2001. Ganó el concurso de méritos y oposición de asistente de fiscales. Luego el de secretario, posteriormente el de agente fiscal en Quinindé, Esmeraldas, una de las provincias fuertemente golpeada por los grupos de delincuencia organizada. Después se convirtió en fiscal de primera instancia en Quito. Diecinueve años de carrera. Ningún escalón saltado.
Como fiscal de primera instancia construyó y llevó hasta el llamamiento a juicio el Caso Triple A, uno de los procesos anticorrupción más complejos de la historia ecuatoriana. Cuando asumió como fiscal general encargado, Alarcón delegó esa causa a otra fiscal para garantizar imparcialidad —señal de quién es antes de cualquier cargo—.
A lo largo de su trayectoria, ha ejercido funciones en unidades clave, como Multicompetente, Flagrancia, Personas y Garantías, así como en la Fiscalía Especializada en Delincuencia Organizada Transnacional e Internacional (Fedoti). También ha asumido responsabilidades de alto nivel como coordinador de la Unidad Especializada de Delitos contra la Administración Pública, de Fuerza de Tarea y Unidad Nacional de Transparencia y Lucha contra la Corrupción, funciones que le permitieron convertirse en enlace con organismos internacionales de cooperación de Estados Unidos y Reino Unido en materia anticorrupción, mismas que contribuyeron a la consolidación y creación de la Unidad Selecta Nacional de Transparencia y Lucha contra la Corrupción. Su amplia experiencia en investigación penal, gestión pública y conducción operativa respalda su capacidad para dirigir con solvencia las funciones de la Fiscalía General del Estado.
Desde la conducción de la Fiscalía ha impulsado los procesos más difíciles, ha denunciado públicamente las amenazas contra su familia y sus colaboradores, ha recibido renuncias sospechosas de asesores al inicio de los juicios y ataques permanentes en redes sociales. No cede ante ninguna presión. Alarcón responde siempre del mismo modo: litigando en los estrados.
«Se litiga en los tribunales de justicia, no en los portales digitales. Aquí estamos y no existirá impunidad.» — Dr. Leonardo Alarcón, fiscal general del Estado encargado
ALARCÓN, FIRME CONTRA LA CORRUPCIÓN




