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Perú registra el menor riesgo país de la región y consolida inversiones

Liliana Rojas-Suárez analiza el riesgo país de Perú en el Encuentro Regional de Desarrollo

Actualizada:

5 min de lectura
  • La curva de rendimiento en dólares de Perú converge en el largo plazo pese al alza global de tasas.
  • El riesgo soberano peruano se mantuvo estable frente a incrementos en economías pares como Colombia.
  • Las reservas internacionales y la corrección fiscal pospandemia respaldan la confianza de los mercados.
  • La demanda de minerales estratégicos para IA y transición energética abre nuevas oportunidades de inversión.

La curva de rendimiento de los bonos soberanos en dólares de Perú muestra una clara tendencia a converger en los tramos de largo plazo, mientras que su riesgo país prácticamente no registró variaciones frente al ciclo alcista global de las tasas de interés. Este comportamiento refleja que los inversionistas internacionales comenzaron a discriminar con mayor rigor entre las economías de América Latina, reconociendo la solidez macroeconómica y la disciplina fiscal del mercado peruano frente a presiones inflacionarias externas.

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Esta conclusión formó parte del diagnóstico presentado por la economista Liliana Rojas-Suárez, directora de la Iniciativa para América Latina y miembro sénior del Centro para el Desarrollo Global (CGD), durante la cuarta edición del Encuentro Regional de Desarrollo organizado por el grupo financiero Credicorp. El estudio comparativo analizó el desempeño reciente de los mercados de deuda de Colombia, Chile y Perú ante un entorno financiero internacional marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad monetaria.

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Factores globales y descomposición del rendimiento soberano

El escenario macroeconómico internacional enfrenta tres fuerzas simultáneas que encarecen el costo del capital. En primer lugar, la persistencia de conflictos geopolíticos en Medio Oriente y la guerra vinculada a Irán dispararon las cotizaciones del petróleo Brent y del diésel, lo que genera presiones inflacionarias inmediatas. En segundo término, el volumen de la deuda pública global ha escalado a umbrales comparables con los registros de la Segunda Guerra Mundial, elevando los temores a que los Estados recurran a la inflación para licuar sus pasivos. Finalmente, la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial demanda masivas emisiones de deuda corporativa para financiar centros de datos e infraestructura especializada.

En este contexto, un bono soberano emitido en dólares se compone de dos factores fundamentales: el rendimiento base de los títulos del Tesoro de Estados Unidos y la prima de riesgo específica atribuida a cada país. Mientras que el rendimiento estadounidense fija una referencia común para todos los emisores emergentes, la prima por riesgo país marca la diferencia crítica. En el caso de Chile y Perú, dicha prima evidenció una variación mínima, confirmando la solidez de sus fundamentos. Por el contrario, la curva de rendimiento de Colombia experimentó un empinamiento severo, reflejando reticencia de los inversionistas a comprometer fondos a 20 o 30 años sin un plan de consolidación fiscal creíble.

Reservas internacionales y disciplina fiscal como escudo protector

La percepción favorable hacia Perú descansa en dos fortalezas estructurales determinantes. La principal defensa radica en el nivel de sus reservas internacionales netas, administradas por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). En economías emergentes sin capacidad para emitir dólares, las reservas constituyen la garantía máxima de liquidez y sustituyen operativamente al prestamista de última instancia ante choques financieros externos. En los indicadores de cobertura sobre obligaciones externas de corto plazo, Perú supera con holgura los estándares mínimos recomendados por organismos multilaterales.

La segunda ventaja institucional proviene de la conducta fiscal posterior a la pandemia. Aunque la totalidad de las naciones latinoamericanas incrementaron su déficit durante la emergencia sanitaria, la divergencia surgió en la velocidad de ajuste posterior. Perú, Chile, Ecuador y Paraguay lograron reconducir sus cuentas públicas hacia la estabilidad, mientras que economías de mayor tamaño como Brasil y Colombia mantuvieron desbalances elevados que las obligan a sostener tasas elevadas para controlar la deuda.

Esta prudencia macroeconómica otorga a Perú un margen efectivo para implementar políticas monetarias contracíclicas sin arriesgar la confianza de los acreedores. Al mantener una inflación controlada y una moneda con reducida volatilidad, la autoridad monetaria puede modular la liquidez sin desatar salidas abruptas de capitales, diferenciándose de pares regionales que sufren presiones cambiarias y primas crediticias crecientes.

Oportunidades en minería estratégica y transición tecnológica

A pesar del perfil favorable en los mercados de capitales, los analistas advierten que una baja prima de riesgo no compensa por sí misma los problemas estructurales de crecimiento en la región. América Latina continúa registrando las tasas de expansión económica más lentas entre los mercados emergentes, afectada por la informalidad laboral, la limitada bancarización y la debilidad institucional. La satisfacción con la gestión pública y la seguridad jurídica en los contratos constituyen asignaturas pendientes que condicionan la llegada de inversiones directas sostenibles a largo plazo.

No obstante, la demanda global de minerales críticos para la transición energética y los desarrollos de inteligencia artificial ofrece una oportunidad histórica para la minería andina. Perú posee yacimientos estratégicos de cobre, plata y zinc esenciales para la electrificación global y la fabricación de componentes de computación avanzada. Atraer estos flujos de capital requerirá acelerar obras de infraestructura logística, consolidar acuerdos sociales duraderos con las comunidades y simplificar trámites regulatorios, facilitando sinergias con inversiones en el sector minero y energético que potencien el empleo formal.

Retos en productividad e inclusión financiera

El desafío más urgente para consolidar este posicionamiento radica en trasladar la estabilidad financiera al mercado laboral formal. Con más del 50% de la población ocupada en actividades informales, la base de recaudación fiscal y el acceso al crédito bancario permanecen restringidos. Quienes operan exclusivamente con dinero en efectivo carecen de historial financiero para acceder a préstamos productivos a tasas competitivas, lo que deprime la productividad general de la economía.

Abaratar los costos de cumplimiento normativo y promover la digitalización de pagos constituyen reformas inaplazables para reducir la economía sumergida. La convergencia de las tasas soberanas otorga tiempo y estabilidad macroeconómica al país, pero el bienestar social dependerá de que estos beneficios se traduzcan en inversiones productivas capaces de generar empleo formal de calidad en todas las regiones.

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