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Carney dice que Canadá está lista para un acuerdo comercial con EE.UU.

Mark Carney, primer ministro de Canadá
4 min de lectura
  • El primer ministro Mark Carney afirmó que Canadá está lista para retomar el diálogo comercial con Estados Unidos.
  • Las negociaciones colapsaron en agosto tras aranceles del 50% sobre USD 20.000 millones en bienes canadienses.
  • Canadá respondió con aranceles recíprocos sobre acero, lácteos, electrodomésticos y equipo agrícola.
  • Estados Unidos habría retrocedido en sus exigencias sobre cultura e idioma canadienses.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, declaró que su país está listo para retomar las negociaciones comerciales con Estados Unidos «cuando los estadounidenses estén listos», un mensaje que busca reabrir el diálogo después de que las conversaciones bilaterales colapsaran en agosto en medio de una disputa arancelaria que escaló rápidamente entre ambos socios comerciales.

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Un colapso negociador con aranceles del 50%

La ruptura se produjo después de que Estados Unidos impusiera aranceles del 50% sobre más de USD 20.000 millones en bienes canadienses, una medida que Carney calificó como parte de exigencias que resultaban «poco económicas, injustas y que socavaban los beneficios netos para Canadá». El primer ministro fue directo al describir el desequilibrio de la oferta estadounidense: «pidieron demasiado y ofrecieron muy poco», resumió, en referencia a los términos que Washington planteó durante la última ronda de conversaciones antes del colapso.

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Canadá respondió con aranceles recíprocos

Frente a la escalada arancelaria, Canadá activó una respuesta de represalia «dólar por dólar», con gravámenes sobre productos estratégicos del comercio bilateral, entre ellos acero, lácteos, electrodomésticos, equipo agrícola, pulpa y papel, y productos electrónicos. Esa respuesta espejo confirma que Ottawa optó por una postura de firmeza comercial en lugar de ceder de inmediato ante la presión arancelaria estadounidense, una decisión que eleva el costo político y económico de mantener el conflicto abierto para ambas partes.

Washington cede en algunos puntos culturales

Pese a la dureza inicial de la postura estadounidense, que Carney describió como un enfoque de «a mi manera o nada» en varios temas de la negociación, el primer ministro reconoció que Estados Unidos ha retrocedido en algunas de esas posiciones, particularmente en las cláusulas relacionadas con la protección del idioma y la cultura canadienses, un tema sensible para Ottawa dado el peso simbólico que ambas dimensiones tienen dentro de la identidad nacional canadiense, especialmente en la provincia de Quebec.

Un acuerdo que beneficiaría a ambos lados de la frontera

Carney insistió en que un eventual acuerdo comercial no representa una concesión unilateral hacia Canadá, sino un beneficio compartido: el pacto que busca su gobierno, señaló, es «en interés de los trabajadores, las familias y las empresas canadienses», pero también «en interés de las familias, las empresas y los consumidores estadounidenses». Ese mensaje busca contrarrestar la narrativa de que la disputa arancelaria solo perjudica a uno de los dos países, un argumento que ambos gobiernos utilizan para justificar sus respectivas posiciones ante la opinión pública.

Un vínculo comercial demasiado grande para romperse del todo

Pese a la dureza retórica de ambas partes, ni Canadá ni Estados Unidos pueden permitirse una ruptura comercial prolongada sin asumir costos económicos considerables: Estados Unidos es, por lejos, el principal socio comercial de Canadá, mientras que la economía estadounidense también depende de insumos canadienses en sectores estratégicos como la energía, el acero y la manufactura automotriz. Esa interdependencia estructural explica por qué, incluso en medio de la escalada arancelaria, ambos gobiernos mantienen abierta la puerta a una nueva ronda de negociaciones, en lugar de instalar una confrontación comercial permanente que terminaría perjudicando a consumidores y empresas de los dos países por igual.

El desenlace de esta disputa también tiene implicaciones que trascienden la relación bilateral: otros socios comerciales de Estados Unidos observan de cerca cómo se resuelve el conflicto con Canadá, un país tradicionalmente aliado y con un tratado de libre comercio vigente, como referencia de hasta dónde está dispuesta a llegar la actual política arancelaria estadounidense incluso con sus socios más cercanos.

El conflicto comercial entre Canadá y Estados Unidos se enmarca dentro de una política arancelaria más amplia de Washington que ha generado fricciones con varios socios comerciales tradicionales: mientras la disputa con Ottawa seguía sin resolverse, la administración estadounidense prometió retirar el arancel del 10% al whisky irlandés, un gesto que contrasta con la dureza mantenida frente a Canadá y que ilustra el carácter selectivo de la estrategia comercial de Estados Unidos según el socio y el sector involucrado. Esa dureza selectiva ya se había hecho evidente semanas atrás, cuando Canadá anunció represalias comerciales directas contra productos estadounidenses, el primer paso de una escalada que hoy ambos gobiernos buscan revertir mediante una nueva ronda de negociaciones.

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