- Michael Douglas abordó en profundidad la compleja relación con su padre, Kirk Douglas, en sus memorias.
- Al cumplir 82 años, el actor publicó One Helluva Ride, un repaso a sus seis décadas de trayectoria.
- El protagonista de Wall Street reconoció haber heredado el temperamento y la ambición de su progenitor.
- El libro examina momentos críticos como el cáncer de lengua que superó y la adicción de su hijo Cameron.
Al cumplir 82 años de vida y consolidar más de seis décadas de trayectoria artística en la cúspide de Hollywood, el actor y productor estadounidense Michael Douglas profundizó en las páginas de sus nuevas memorias, tituladas One Helluva Ride, sobre el significado de la trascendencia familiar, la mortalidad y la compleja sombra profesional que proyectó sobre su juventud su legendario padre, Kirk Douglas.
En un extenso diálogo concedido en Manhattan a Los Angeles Times, el doble ganador del premio Óscar relató que la dedicatoria inicial de su libro rinde homenaje a las generaciones de su estirpe por otorgarle un “sentido de inmortalidad”. Douglas recordó cómo su padre, protagonista de hitos como Espartaco, solía responder a quienes le preguntaban si sentía celos por el éxito descomunal de su hijo: “¿Celoso? Esto no es rivalidad, es continuidad generacional”, una mirada íntima del mundo del espectáculo que dialoga con sus otras revelaciones recientes sobre el incidente que lo distanció de Julia Roberts.
La lucha por construir una identidad propia frente a un coloso
Durante la conversación, el protagonista de Atracción fatal y Bajos instintos admitió con franqueza que durante sus primeros años contemplaba a Kirk Douglas como un ser mitológico inalcanzable. “Yo veía a papá como si fuera Superman; era fuerte, dinámico y con una tenacidad feroz. Nunca imaginé que pudiera llegar a ser el hombre que él fue, y me tomó muchísimo tiempo ganar la confianza necesaria para actuar”, confesó.
El intérprete reconoció que sus inicios en la actuación estuvieron marcados por un paralizante pánico escénico que lo obligaba a vomitar entre bastidores antes de salir a escena en montajes universitarios. Con el paso de los años, descubrió que había heredado rasgos profundos del carácter de su padre: “Heredé su tenacidad, su ambición profesional y también su temperamento difícil. Al crecer, siempre cargué con la etiqueta de ser únicamente ‘el hijo de Kirk’, lo que alimentó en mí una necesidad visceral de demostrar mi propia valía”, detalló según extractos reseñados por Variety.
Heridas de infancia, adicciones y el valor del perdón tardío
El libro de 500 páginas no elude pasajes dolorosos de su vida privada, como el castigo físico habitual en la crianza de mediados del siglo XX, la ruptura matrimonial de sus padres, sus propias crisis de adicción a sustancias y los siete años de prisión que enfrentó su hijo Cameron Douglas por cargos federales de narcotráfico. Asimismo, aborda su diagnóstico de cáncer de lengua en etapa IV en 2010, una batalla médica que al principio asumió como una sentencia fatal antes de lograr la remisión.
Douglas reflexionó sobre cómo la madurez le permitió sanar las asperezas con su progenitor antes de su fallecimiento en 2020 a los 103 años. “El tiempo termina por curar las heridas más profundas. Cuando gané el Óscar a mejor actor por encarnar a Gordon Gekko en Wall Street, mi padre me miró y me dijo con ironía: ‘Habría sido mucho más amable contigo si hubiera sabido lo exitoso que ibas a ser’”, concluyó el artista en declaraciones reproducidas por Associated Press.




