- Investigadores de la Universidad de Texas en Austin redatan el cráter sepultado de Ames, en Oklahoma.
- Nuevos análisis isotópicos sitúan el impacto hace 350 millones de años y no hace 450 millones como se creía.
- La revisión cronológica desacopla este choque cósmico de la gran extinción del período Ordovícico.
- La estructura geológica subterránea alberga importantes yacimientos de hidrocarburos en Norteamérica.
Un equipo de geólogos y científicos planetarios de la Universidad de Texas en Austin ha reescrito un capítulo trascendental de la historia geológica de Norteamérica tras demostrar que un enorme meteorito impactó en lo que hoy es el estado de Oklahoma cien millones de años más tarde de lo que la ciencia había asumido durante décadas. El estudio sobre la estructura de impacto de Ames, un gigantesco cráter sepultado bajo cientos de metros de sedimentos, altera las interpretaciones previas sobre la correlación entre bombardeos extraterrestres y eventos biológicos de extinción masiva en el planeta Tierra.
La estructura oculta de Ames y la corrección cronológica de su origen
Ubicado en el condado de Major, cerca de la localidad de Ames, este cráter de aproximadamente 14 kilómetros de diámetro no es visible a simple vista en la superficie terrestre. Fue descubierto en la década de 1990 durante perforaciones petroleras profundas, cuando las cuadrillas de exploración identificaron rocas fracturadas por ondas de choque de alta presión y cuarzo de impacto característico de colisiones celestes extremas.
Desde su hallazgo, los tratados geológicos situaban la fecha del impacto en el período Ordovícico medio, hace unos 450 millones de años, asociándolo temporalmente con una supuesta lluvia de asteroides que habría incidido en la biosfera marina primitiva. Sin embargo, el nuevo análisis liderado por la investigadora Annaka Clement empleó datación radiométrica de alta precisión con circón y uranio-plomo en muestras de testigos de perforación, revelando que el impacto ocurrió en realidad durante el período Misisípico (Carbonífero temprano), hace aproximadamente 350 millones de años, de acuerdo con los registros geológicos del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS).
Desvinculación de extinciones masivas y reinterpretación estratigráfica
La corrección de cien millones de años tiene consecuencias de gran calado para la paleontología y la geobiología. Al situarse en el Carbonífero temprano, el choque de Ames queda completamente desvinculado de la radiación biológica del Ordovícico y de las crisis de extinción de aquel período. Los científicos destacan que, aunque el impacto liberó una energía equivalente a miles de megatones de TNT formando un cráter de proporciones descomunales, sus efectos biológicos parecieron ser primordialmente regionales sin provocar un colapso ecológico global duradero.
Asimismo, los datos estratigráficos revisados permiten entender con mayor exactitud la evolución tectónica de la cuenca de Anadarko y el comportamiento térmico de las rocas sedimentarias circundantes, según consta en publicaciones avaladas por la Geological Society of America (GSA).
Datación radiométrica por circón y choque metamórfico
El equipo científico aplicó espectrometría de masas por ionización secundaria en microcircones recuperados del anillo central levantado del cráter. Estos diminutos cristales minerales conservan texturas diagnósticas de transformación planar y recrystallización inducida por temperaturas que superaron los dos mil grados centígrados durante el choque del asteroide.
El análisis de la difusión isotópica de plomo dentro de las bandas vítreas demostró que los circones sufrieron una pérdida total de plomo radiogénico hace exactamente trescientos cincuenta millones de años, reseteando su reloj nuclear en el momento del impacto cataclísmico y descartando de manera incontrovertible las dataciones indirectas basadas en fósiles conodontos de capas adyacentes.
Relevancia económica y estudio de cráteres en otros planetas
Más allá de su valor académico, la estructura de Ames reviste un enorme interés económico y energético, ya que sus bordes brechados y capas colapsadas formaron una trampa geológica única que ha producido millones de barriles de petróleo y gas natural desde su descubrimiento. Entender la edad precisa de la colisión aclara los tiempos de migración y entrampamiento de hidrocarburos en las formaciones rocosas profundas.
Para los científicos planetarios, los cráteres sepultados de la Tierra como el de Ames ofrecen un laboratorio excepcional para estudiar los procesos de impacto y reajuste isostático que también modelaron las superficies de la Luna, Marte y Mercurio, donde las cuencas de impacto se conservan sin la erosión constante del agua y la tectónica de placas.
Este descubrimiento se articula de manera armónica con los reportes sobre el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial. La constante refinación de técnicas geocronológicas continúa revelando cómo los eventos extraterrestres moldearon la estructura geológica del planeta que habitamos.




