- Científicos de la Universidad de Copenhague y la NASA analizaron muestras de sangre de 52 astronautas.
- La falta de gravedad ralentiza el tránsito gastrointestinal y fuerza a las bacterias a fermentar proteínas.
- Los metabolitos tóxicos derivados viajan por la sangre y pueden afectar la concentración y la función renal.
- El descubrimiento permitirá diseñar dietas con prebióticos para futuras expediciones a la Luna y Marte.
El estreñimiento en el espacio ha constituido una molestia física recurrente pero escasamente comprendida para las tripulaciones de vuelos orbitales desde los albores de la exploración humana fuera de la atmósfera. Sin embargo, un riguroso estudio clínico desarrollado de manera conjunta por científicos de la Universidad de Copenhague y la NASA, publicado este 28 de septiembre de 2026, ha descifrado por fin los mecanismos biológicos que alteran el funcionamiento del aparato digestivo humano cuando se expone a condiciones prolongadas de microgravedad.
El equipo de investigación biomédica examinó perfiles metabólicos obtenidos de muestras sanguíneas pertenecientes a 52 astronautas que residieron durante varios meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI). Los análisis evidenciaron que, a las pocas semanas de abandonar la superficie terrestre, las bacterias que habitan el tracto intestinal experimentan un cambio drástico en su metabolismo energético: al agotarse la fibra dietética disponible, la microbiota comienza a fermentar proteínas en una proporción sustancialmente superior a la observada en sujetos sanos en la Tierra.
Ralentización del peristaltismo y fermentación de proteínas
Los investigadores explican que la ausencia de gravedad priva al sistema digestivo del estímulo físico natural que facilita el descenso de los alimentos a lo largo de las asas intestinales. Como consecuencia directa, el movimiento muscular coordinado del intestino (denominado peristaltismo) se ralentiza de forma ostensible. Al permanecer el bolo fecal estancado durante lapsos prolongados, los microorganismos bacterianos recurren a la degradación proteica como fuente alternativa de subsistencia, generando compuestos que endurecen las heces y detonan cuadros agudos de estreñimiento.
«Observamos alteraciones inequívocas en el torrente sanguíneo que indican que la fermentación bacteriana de proteínas se incrementa rápidamente tras arribar a la órbita y se mantiene activa durante toda la estadía extraterrestre, revirtiendo únicamente al retornar a nuestro planeta», destacó la profesora Giorgia La Barbera, coautora principal de la investigación en el Departamento de Nutrición, Ejercicio y Deportes de la universidad danesa.
Impacto sistémico en el eje intestino-cerebro y riñones
Las implicaciones médicas de este hallazgo trascienden la incomodidad digestiva inmediata. La fermentación excesiva de proteínas genera subproductos metabólicos nitrogenados y compuestos fenólicos que atraviesan la barrera mucosa del intestino, ingresan a la circulación sistémica y deben ser depurados por el sistema renal. La literatura médica asocia la acumulación de estos metabolitos con mayor sobrecarga renal, fatiga psicofísica, irritabilidad anímica y mermas en la capacidad cognitiva de concentración a través del conocido eje intestino-cerebro.
Para misiones espaciales de larga duración, como los futuros viajes tripulados con destino a Marte donde los astronautas pasarán más de dos años sin gravedad terrestre, controlar la microbiota resultará tan vital como regular el oxígeno. Los científicos proponen suplementar las raciones de vuelo con altas dosis de fibras prebióticas solubles y compuestos estimulantes del peristaltismo que reduzcan el tiempo de tránsito intestinal y minimicen la generación de toxinas.
Aplicaciones terapéuticas para pacientes encamados en la Tierra
De forma paralela, las conclusiones del estudio aportan soluciones directas a la medicina hospitalaria terrestre. Millones de personas que permanecen postradas en cama durante semanas en unidades de cuidados intensivos o por convalecencias traumatológicas prolongadas sufren estreñimiento crónico e inflamación sistémica por inmovilidad. El modelo metabólico observado en los astronautas servirá para reformular las pautas nutricionales enterales de pacientes encamados, reduciendo complicaciones metabólicas secundarias.
La investigación de terapias preventivas celulares y metabólicas se alinea con los esfuerzos biotecnológicos analizados en estudios sobre el uso de tecnología CRISPR para modular células sin dañarlas en la medicina moderna.
Monitoreos publicados en repositorios de la Organización Mundial de la Salud y por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) ratifican que la nutrición personalizada y el cuidado de la microbiota intestinal constituyen los pilares indispensables para garantizar la supervivencia del ser humano en los nuevos horizontes del espacio profundo.
Médicos especialistas en medicina aeroespacial sugieren además que futuras cápsulas espaciales integren dispositivos biomecánicos de vibración abdominal o campos electromagnéticos suaves que estimulen pasivamente los músculos lisos del colon durante los periodos de descanso de las tripulaciones. Esta combinación entre nutrición basada en fibras avanzadas y fisioterapia gravitacional simulada garantizará que los viajeros cósmicos mantengan un rendimiento cognitivo impecable durante las maniobras orbitales más exigentes.
Adicionalmente, los investigadores subrayaron la importancia de vigilar la hidratación de los cosmonautas, dado que la redistribución de fluidos corporales hacia el torso superior característica de la microgravedad inhibe la sensación natural de sed, agravando el endurecimiento de la materia fecal y comprometiendo la absorción de nutrientes esenciales.
Los ensayos clínicos de seguimiento incluirán la administración de cultivos vivos de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta antes del despegue, con el objetivo de colonizar el tracto digestivo con cepas protectoras capaces de resistir el estrés oxidativo y la radiación cósmica durante viajes interplanetarios.




