En su columna semanal, el nutriólogo Gerardo Bouroncle reflexiona sobre el papel fundamental de la tecnología en la salud y explica por qué debe ser una herramienta de apoyo, mas no un reemplazo absoluto de la atención médica profesional. La tecnología en la salud se está consolidando como un recurso valioso cuando se trata de prevención, educación sanitaria y monitoreo de hábitos, pero no debe asumir funciones correspondientes a tratamientos clínicos ni controles médicos especializados. Lamentablemente, esta herramienta poderosa está siendo utilizada por personas inescrupulosas que promocionan curas milagrosas y venden productos mágicos, tergiversando por completo lo que constituye un tratamiento adecuado y basado en evidencia científica.
Uso indebido y consecuencias para los pacientes
En la gran mayoría de los casos, el paciente llega a consulta médica no solo con la patología original que lo afecta, sino también con complicaciones adicionales derivadas de la información errónea, incompleta o falsa que encuentra en internet. Muchas personas confían ciegamente en contenidos sin respaldo profesional, aplicaciones no validadas o consejos difundidos en redes sociales, lo que retrasa diagnósticos precisos y empeora su estado de salud. Por consiguiente, es indispensable distinguir entre recursos tecnológicos fiables y aquellos que solo buscan aprovecharse de la vulnerabilidad de quienes buscan soluciones rápidas.
Propósito real de la tecnología en la salud
Hay que aclarar que la tecnología en la salud está diseñada para apoyar al médico y optimizar los procesos clínicos, no para sustituir su criterio ni su experiencia. Permite realizar diagnósticos más precisos y rápidos, facilita un seguimiento continuo del estado del paciente, fomenta la promoción de hábitos saludables y acerca información veraz a la población. Además, facilita la comunicación entre profesionales y usuarios, y hace posible el acceso a servicios en zonas donde la atención presencial es escasa. No obstante, todas estas ventajas dependen de que se utilicen bajo supervisión cualificada y conforme a normativas sanitarias vigentes.
Sinergia entre tecnología y conocimiento médico
Pero la tecnología en la salud no reemplaza al médico; amplía su capacidad para cuidar, prevenir y salvar vidas. Es decir, cuando la tecnología se une a la medicina, la disciplina no solo avanza y mejora sus resultados, sino que llega más lejos en cobertura y eficacia. La inteligencia artificial ayuda, por ejemplo, al médico a analizar imágenes médicas con mayor detalle, detectar signos tempranos de algunas enfermedades y mejorar la toma de decisiones clínicas basadas en datos. También permite procesar grandes volúmenes de información para identificar patrones y tendencias que serían difíciles de percibir solo con la observación humana.
En definitiva, la tecnología en la salud es un aliado estratégico, siempre que se mantenga su función complementaria. Su valor depende de que se use con responsabilidad, con criterio profesional y siempre respetando los límites que separan el apoyo del reemplazo. Así, se aprovecha todo su potencial sin poner en riesgo la seguridad ni la salud de las personas.
Fuente: Trome
