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Informe OMS-UNICEF: La realidad oculta de los centros de salud

Gráfico que muestra que solo cuatro de cada diez centros de salud cumplen condiciones básicas de salubridad, según informe OMS y UNICEF 2025

Menos de la mitad de los establecimientos sanitarios cumplen estándares básicos de saneamiento

Un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha revelado una situación preocupante en los establecimientos de salud de todo el mundo. Solo cuatro de cada diez centros de salud cumplen las condiciones básicas de salubridad, y menos de seis de cada diez alcanzan los estándares mínimos de limpieza ambiental. Estos datos ponen de manifiesto carencias estructurales que exponen a pacientes y profesionales a riesgos evitables. El documento, titulado Progreso en agua, saneamiento, higiene, limpieza ambiental y gestión de residuos en establecimientos de salud, 2015-2025, ofrece por primera vez estimaciones mundiales en las cinco áreas esenciales evaluadas: agua, saneamiento, higiene de manos, limpieza ambiental y gestión de residuos.

Cobertura desigual según el tipo de servicio

Los datos correspondientes a 2025 muestran avances notables en ciertos ámbitos. El 85 % de los establecimientos disponía de un servicio básico de agua. Asimismo, el 72 % cumplía las condiciones mínimas de higiene y el 71 % contaba con una gestión básica de residuos sanitarios. No obstante, los indicadores empeoran considerablemente al analizar otros aspectos. La cobertura desciende al 59 % en lo referente a limpieza ambiental y se reduce a apenas el 40 % en materia de saneamiento. Solo cuatro de cada diez centros de salud cumplen las condiciones básicas de salubridad, lo que refleja que disponer de infraestructura no equivale a contar con servicios realmente funcionales e inclusivos.

Cabe señalar que los criterios evaluados no se limitan a verificar la existencia de instalaciones. Para alcanzar el estándar básico de saneamiento, un centro debe disponer de baños mejorados y utilizables. Además, debe contar con al menos un baño reservado al personal, instalaciones separadas por sexo que permitan la gestión de la higiene menstrual y espacios accesibles para personas con movilidad reducida. De este modo, un centro puede disponer de inodoros y, sin embargo, no cumplir las condiciones básicas de salubridad si dichos requisitos no se satisfacen en su totalidad.

Tener un inodoro no equivale a contar con saneamiento adecuado

El dato relativo a que solo cuatro de cada diez centros de salud cumplen las condiciones básicas de salubridad no implica que el 60 % restante carezca por completo de servicios sanitarios. A escala mundial, el 89 % dispone de algún tipo de instalación y el 85 % cuenta con inodoros utilizables. La diferencia radica en si esos espacios son seguros, accesibles y adecuados para todas las personas usuarias. Aproximadamente la mitad de los centros disponía de baños separados por sexo, espacios accesibles o instalaciones adaptadas a la higiene menstrual. La ausencia de estos elementos figuró entre las principales causas por las que numerosos establecimientos no llegaron al nivel mínimo exigido.

«Un inodoro no es suficiente si es inseguro, inaccesible o no responde a las necesidades de las mujeres, las niñas y las personas con discapacidad», afirmó Evariste Kouassi Komlan, director de Agua, Saneamiento e Higiene de UNICEF. A su vez, Bruce Gordon, responsable del área correspondiente en la OMS, indicó que «los resultados muestran avances importantes, pero también dejan al descubierto grandes carencias en los fundamentos de una atención segura y de calidad». Ambas autoridades coincidieron en que el acceso fiable al agua, el saneamiento, la higiene, la limpieza y la gestión de residuos deben incorporarse de forma transversal a la planificación, financiación y seguimiento de los sistemas de salud.

La limpieza ambiental, otro punto crítico

El área de limpieza ambiental también arroja resultados insuficientes. Para alcanzar el estándar básico, un centro debe contar tanto con protocolos definidos como con personal capacitado para aplicarlos. Únicamente el 59 % de los establecimientos cumplía ambos requisitos simultáneamente. Por el contrario, el 18 % no cumplía ninguno de los dos, una proporción que afecta a una población estimada de unos 1 500 millones de personas. La brecha se agudiza en los países menos adelantados, donde apenas el 24 % de los centros alcanza dicho estándar.

Mantener en condiciones higiénicas habitaciones, salas, quirófanos, consultorios y servicios sanitarios es esencial para prevenir infecciones. De hecho, entornos insalubres favorecen las infecciones asociadas a la atención sanitaria y contribuyen a la propagación de la resistencia a los antimicrobianos. Por consiguiente, el hecho de que solo cuatro de cada diez centros de salud cumplan las condiciones básicas de salubridad constituye una señal de alerta directa sobre la seguridad de los pacientes y la calidad de la atención.

Avances desde 2015, pero brechas que persisten

En la última década se han registrado progresos en el acceso al agua, la higiene y la gestión de residuos. El mayor avance se produjo en el ámbito de la higiene. Aun así, aproximadamente uno de cada diez centros todavía carece totalmente de servicio de agua, y una proporción similar no dispone de ningún servicio de saneamiento. Por otra parte, la capacidad de medición y seguimiento está mejorando: en 2025, 39 países pudieron aportar los cinco indicadores básicos, frente a 29 en el ciclo anterior. No obstante, siguen existiendo lagunas de datos que impiden determinar con precisión la evolución a largo plazo en saneamiento y limpieza ambiental.

Los organismos internacionales concluyen que los gobiernos deben ir más allá del simple recuento de infraestructuras. Es necesario evaluar si los servicios funcionan de forma continua, son seguros, accesibles, se mantienen higiénicos y responden realmente a las necesidades de pacientes y trabajadores. Cabe recordar que, en mayo pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución en la que se insta a reforzar las normas nacionales, establecer sistemas de seguimiento periódico y dotar de financiación sostenible estos servicios. Todo ello, no solo para avanzar en los objetivos mundiales de agua y saneamiento, sino para garantizar que cada persona reciba atención en un entorno seguro, digno y saludable.

Fuente: La web de la salud

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