Un bulto o un dolor persistente sin causa aparente pueden ser las primeras señales de un sarcoma, un tipo de cáncer que suele pasar desapercibido en sus etapas iniciales. En el Día Internacional del Sarcoma, (13 de julio) especialistas de Cleveland Clinic, destacan que reconocer estos signos y buscar atención médica de forma oportuna puede marcar la diferencia en el tratamiento y pronóstico de la enfermedad.
El sarcoma se origina en los tejidos conectivos del cuerpo, como los huesos, músculos, grasa, tendones, cartílagos, vasos sanguíneos y nervios. A diferencia de otros cánceres que se desarrollan en órganos, el sarcoma se forma en los huesos o en los tejidos blandos y comprenden más de 70 subtipos, lo que representa un reto para su diagnóstico y tratamiento.
Según registros oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), entre 2010 y 2020 en Ecuador se registraron 8.393 egresos hospitalarios por sarcomas de tejidos blandos y 7.088 defunciones asociadas a esta enfermedad. Durante ese período, la tasa de mortalidad osciló entre 1,2 y 2,0 muertes por cada 100.000 habitantes, siendo Pichincha y Guayas las provincias con el mayor número de casos y fallecimientos. Estas cifras evidencian la necesidad de fortalecer el diagnóstico oportuno, facilitar el acceso a atención especializada y generar mayor conocimiento sobre esta enfermedad.
«El diagnóstico temprano puede ampliar las opciones de tratamiento y mejorar significativamente los resultados clínicos. Cuando el sarcoma se detecta en etapas iniciales, es posible ofrecer tratamientos más efectivos que contribuyen a preservar la función y la calidad de vida del paciente», explica el Dr. Manrique-Succar, oncólogo de Cleveland Clinic.
El riesgo de desarrollar un sarcoma puede aumentar en personas con antecedentes de radioterapia, exposición a determinadas sustancias químicas, linfedema crónica o algunos síndromes genéticos hereditarios. Sin embargo, la enfermedad puede presentarse a cualquier edad y muchos casos ocurren sin factores de riesgo claramente identificables.
En los últimos años, los avances en tecnologías de imagen, como la resonancia magnética, la tomografía computarizada y la tomografía por emisión de positrones (PET), junto con mejoras en las técnicas de biopsia y patología especializada, han permitido identificar con mayor precisión los diferentes subtipos de sarcoma y diseñar tratamientos más personalizados. Actualmente, las opciones terapéuticas incluyen cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapias dirigidas e inmunoterapia, según el tipo y estadio de la enfermedad.
El especialista recomienda prestar atención a señales como dolor óseo persistente, hinchazón, molestias en extremidades, abdomen o la pelvis, así como también la pérdida de peso sin causa aparente. «El manejo del sarcoma requiere un enfoque multidisciplinario en el que participan cirujanos, oncólogos médicos, oncólogos radioterápicos, radiólogos, patólogos, genetistas y otros especialistas. Este trabajo coordinado permite ofrecer un diagnóstico preciso y un tratamiento individualizado para cada paciente», señala el médico.
Fuente: Cleveland Clinic
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