- El Cuerpo de Bomberos de Quito mantiene monitoreo térmico en el cerro Casitagua tras cinco días de incendio.
- El flagelo forestal consumió 300 hectáreas de vegetación endémica y desplazó a especies de fauna silvestre.
- Las brigadas detectaron ataúdes semienterrados y ruinas coloniales en una quebrada del flanco sur.
- Las temperaturas en el polígono afectado se estabilizaron dentro de parámetros normales de seguridad.
Luego de cinco jornadas ininterrumpidas de combate contra las llamas en la parroquia de Pomasqui, el Cuerpo de Bomberos de Quito confirmó este jueves 24 de septiembre de 2026 que no se detectan puntos calientes activos en las laderas del cerro Casitagua. Pese a que el flagelo forestal fue declarado formalmente liquidado en sus frentes principales, la institución de socorro mantendrá un riguroso operativo sobre el cerro Casitagua monitoreo incendio mediante cámaras óptico-térmicas y patrullajes de drones para descartar reactivaciones causadas por los vientos andinos, tras una catástrofe que arrasó con más de 300 hectáreas de cobertura vegetal nativa.
Monitoreo aéreo y balance ambiental en las laderas norte
El sistema de vigilancia remota de los bomberos sobrevuela las crestas montañosas registrando temperaturas superficiales que se mantienen dentro de los rangos ambientales seguros. No obstante, las autoridades cantonales advirtieron que el impacto ecológico en la zona es profundo. El fuego calcinó extensiones críticas de pajonales, pumamaquis y arbustos de bosque seco interandino, provocando el desplazamiento forzado de aves rapaces, mamíferos menores y reptiles que habitaban en las quebradas del cerro.
La evaluación de los daños ecológicos se desarrolla en coordinación con la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito, que elabora un plan de restauración progresiva de los suelos degradados. Esta contingencia ambiental se vincula con los hallazgos patrimoniales informados en jornadas anteriores, cuando se reportó que hallan vestigios arqueológicos en el cerro Casitagua tras incendio en Quito, evidenciando la compleja riqueza histórica y geomorfológica que albergan las montañas periféricas de la capital.
Hallazgo de féretros en el flanco sur y ruinas coloniales
Entre las situaciones más desconcertantes registradas durante las tareas de enfriamiento, equipos de primera respuesta y periodistas locales constataron la presencia de estructuras funerarias semienterradas en una de las laderas que descienden hacia una quebrada del flanco sur. Los bomberos notificaron de inmediato el hallazgo de féretros antiguos expuestos tras la pérdida de la vegetación que los cubría, coordinando con agentes de Criminalística y peritos del Instituto Metropolitano de Patrimonio para determinar la procedencia y data histórica de los restos.
Pobladores antiguos del sector de Pomasqui y San Antonio de Pichincha recordaron que en laderas contiguas existieron cementerios rurales no documentados y asentamientos coloniales que quedaron en desuso a mediados del siglo pasado. La exposición de estas tumbas y de cimientos de piedra tallada añade un componente arqueológico sensible a la emergencia, motivando la delimitación de perímetros de seguridad para evitar saqueos de bienes culturales mientras los especialistas concluyen el inventario de vestigios en el polígono siniestrado.
Mitigación de riesgos geológicos y denuncias penales
Técnicos del Ministerio del Ambiente y del Municipio señalaron que la reconstrucción del estrato vegetal tomará entre cinco y diez años debido a la marcada aridez de la ladera andina, por lo que se implementarán barreras vivas de retención de sedimentos y zanjas de infiltración para mitigar el riesgo de deslaves y flujos de lodo hacia las zonas residenciales bajas durante la temporada invernal próxima.
El Municipio capitalino reiteró el llamado a la ciudadanía a denunciar de forma anónima a quienes provocan quemas agrícolas no autorizadas en las estribaciones de Pichincha, recordando que la destrucción deliberada de bosques y páramos constituye un delito tipificado en el Código Orgánico Integral Penal que conlleva penas privativas de libertad de hasta tres años y sanciones administrativas severas para los infractores.
Brigadistas comunitarios de las parroquias aledañas colaboran activamente con las cuadrillas municipales en la apertura de zanjas cortafuegos preventivas y en la vigilancia diurna de senderos montañosos, con el propósito de alertar tempranamente sobre cualquier columna de humo sospechosa. La articulación entre vecinos y autoridades de socorro resulta indispensable para salvaguardar los remanentes boscosos de la meseta andina y evitar nuevas tragedias ecológicas en el Distrito Metropolitano.




