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Minería ilegal en Ecuador: una economía criminal que se expande

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La minería ilegal en Ecuador no es únicamente un problema ambiental o de orden público. Detrás de la contaminación de ríos y los operativos militares existe una economía criminal compleja, articulada a redes transnacionales, estructuras políticas y dinámicas de exclusión social. Comprender cómo funciona este negocio resulta clave para enfrentarlo de manera efectiva.

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Una economía ilegal altamente rentable

En América Latina, la minería ilegal se ha convertido en una de las economías ilícitas más rentables para el crimen organizado. Según análisis regionales citados por La Hora, en Perú el comercio de oro mueve alrededor de 4.500 millones de dólares al año, y más de la mitad carece de origen formal verificable.

En Ecuador, aunque la escala es menor, la lógica es similar. Se estima que la minería ilegal mueve más de 1.000 millones de dólares, impulsada por el alto precio internacional del oro. El país comparte rutas, actores y debilidades institucionales con otras naciones andino-amazónicas.

Las mismas rutas del narcotráfico

Uno de los elementos más preocupantes es que el oro ilegal circula por los mismos corredores logísticos que la cocaína. Las rutas utilizadas para el narcotráfico también sirven para transportar oro, madera, contrabando y dinero ilícito.

El oro posee una ventaja estratégica para las redes criminales: es fácil de ocultar, transportar y fundir. Una vez convertido en lingotes o mezclado en cadenas comerciales formales, su trazabilidad se vuelve casi imposible. Esto facilita su inserción en el mercado global como si fuera un producto legal.

Sistemas criminales más allá de las bandas

La minería ilegal no se limita a bandas armadas que controlan territorios. Opera mediante sistemas criminales segmentados donde intervienen financistas, operadores logísticos, titulares de concesiones, intermediarios, funcionarios corruptos y actores políticos locales.

Esta estructura diversificada le otorga flexibilidad y capacidad de adaptación. Además, al tratarse de un recurso no renovable que se agota rápidamente, la competencia por el control de zonas mineras genera disputas violentas. La lógica es simple: quien llega primero, se queda con el oro.

Una base social que sostiene el negocio

La minería ilegal no se mantiene solo por la coerción armada, sino también por su capacidad de generar ingresos en zonas con escasa presencia estatal. En Perú, se calcula que 1,4 millones de personas dependen directa o indirectamente de esta actividad. En Ecuador no existen cifras consolidadas, pero incluso una proporción reducida de la población económicamente activa implicaría decenas de miles de personas vinculadas.

El territorios donde faltan empleo formal, servicios básicos y seguridad, la minería ilegal ofrece ingresos inmediatos. Esto crea una base social que, en muchos casos, defiende o legitima la actividad, presionando por tolerancia institucional y desregulación.

Pandemia y debilitamiento institucional

La pandemia marcó un punto de quiebre. Mientras los Estados concentraban recursos en la emergencia sanitaria, las organizaciones criminales aprovecharon la coyuntura para expandirse. En Ecuador, este periodo coincidió con crisis políticas y debilitamiento de las capacidades de control.

Paralelamente, el narcotráfico diversificó sus actividades y encontró en el oro un activo estratégico. La minería ilegal se integró así a un portafolio criminal más amplio, en el que confluyen economías ilícitas y redes de corrupción.

Más que operativos: atacar la economía del crimen

Los controles militares y la destrucción de maquinaria pueden ser medidas necesarias, pero resultan insuficientes si no se interviene la estructura financiera y política que sostiene el negocio. El desafío no es solo territorial, sino económico e institucional.

Enfrentar la minería ilegal exige fortalecer la trazabilidad del oro, mejorar los sistemas de control, combatir la corrupción y ofrecer alternativas productivas reales a las comunidades afectadas. Sin una estrategia integral, la economía criminal seguirá encontrando espacio para expandirse.

Fuente: Redacción La Hora

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