- Los incendios forestales en el Distrito Metropolitano de Quito consumieron 1.300 hectáreas de vegetación en 2026.
- Aunque la cifra representa una reducción frente a 2024, los daños en la microfauna y la fertilidad del suelo son severos.
- Especialistas estiman que la regeneración natural de pajonales y bosques nativos tardará entre cinco y diez años.
- El Municipio de Quito coordina planes de reforestación técnica para mitigar riesgos de deslaves en la temporada de lluvias.
Los estragos ecológicos provocados por la temporada seca en la capital ecuatoriana han encendido las alarmas de las autoridades ambientales. Durante el periodo estival de 2026, los incendios forestales en Quito han destruido aproximadamente 1.300 hectáreas de cobertura vegetal en páramos, quebradas y laderas montañosas. Aunque el balance del Cuerpo de Bomberos de Quito evidencia una disminución del área quemada en comparación con las 4.000 hectáreas arrasadas en 2024, el impacto sobre la estructura física del suelo y la biodiversidad local resulta alarmante.
Los siniestros más complejos se concentraron en las faldas del cerro Ilaló, el cerro Auqui y los cañones del río Guayllabamba. En estos puntos, las altas temperaturas y las ráfagas de viento facilitaron la propagación del fuego a través de pastizales secos y plantaciones de eucalipto, amenazando zonas residenciales y líneas de transmisión eléctrica de alta tensión.
Degradación de la materia orgánica y riesgo de erosión
Investigadores de la Universidad Central del Ecuador y técnicos de la Secretaría de Ambiente advierten que las altas temperaturas alcanzadas por las llamas calcinaron la capa superficial del suelo. Este proceso elimina microorganismos indispensables para la retención hídrica y expone las laderas a deslizamientos masivos cuando inicien las precipitaciones torrenciales de otoño.
La pérdida de cobertura vegetal en las cuencas periurbanas compromete además la recarga de los acuíferos que abastecen a las parroquias orientales del cantón. En ecosistemas de matorral andino, la regeneración espontánea puede demorar hasta una década si no se ejecutan barreras mecánicas contra la escorrentía y zanjas de infiltración que frenen el arrastre de lodo.
La fauna silvestre ha sufrido pérdidas considerables de hábitat natural. Brigadas de rescate animal han atendido a decenas de ejemplares de curiquingues, conejos de monte, búhos y serpientes andinas con quemaduras graves o cuadros de asfixia por inhalación de humo tóxico.
Esta problemática de gestión ambiental y respuesta a emergencias coincide con otros debates ciudadanos en la capital, como las controversias en torno a la movilidad y los servicios de transporte tras la demanda contra el aumento del pasaje urbano en Quito.
Planes de restauración ecológica y siembra técnica
Frente a este escenario, técnicos del Municipio del Distrito Metropolitano de Quito diseñan un cronograma de reforestación asistida con especies nativas como pumamaqui, aliso, arrayán y chilca. Los expertos subrayan que no se debe plantar de inmediato, sino esperar a que las primeras lluvias humedezcan los terrenos para evitar que los plantones perezcan en suelos áridos.
El plan municipal contempla la participación comunitaria a través de mingas barriales coordinadas, donde los vecinos recibirán capacitación técnica para proteger las microcuencas y evitar la proliferación de especies pirófilas invasoras que facilitan futuros incendios.
Las autoridades judiciales mantienen abiertas investigaciones penales para identificar a los causantes de quemas agrícolas no controladas, recordando que el Código Orgánico Integral Penal sanciona los incendios forestales intencionales con penas de hasta tres años de prisión.




