Tía Inés: De Víctima a Guardiana de la Paz con la Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria

Inés Santos sonriendo junto a niños de la Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria de Guayaquil durante actividad comunitaria

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La Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria nació del dolor pero florece en esperanza. Inés Santos, conocida como «Tía Inés», transformó las amenazas, la muerte y el abuso sexual en su familia en motores para crear paz. En una de las zonas más violentas de Guayaquil, su fundación promueve la resolución pacífica de conflictos entre niños y adolescentes.

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Del Terror a la Resiliencia: 30 Años de Lucha

Inés María Santos Caicedo, de 52 años, llegó a la Isla Trinitaria hace tres décadas. Por tanto, ha convivido con la violencia desde que este sector del sur de Guayaquil apenas se rellenaba. Las bandas delictivas del Guasmo disputaban el territorio con organizaciones de la Trinitaria.

«No podíamos pasar al Guasmo porque muchacha que iba la violaban», recuerda Inés. Posteriormente, vino una ola de delincuencia que impuso el terror. Sin embargo, la comunidad se unió y corrió a los delincuentes. A pesar de esto, Inés tuvo que huir tras una balacera que duró todo el día.

Un Hogar Recuperado Contra Todo Pronóstico

Durante su ausencia, su casa fue invadida y convertida en punto de venta de drogas. Además, su esposo fue asesinado por piratas mientras trabajaba como pescador. No obstante, Inés regresó en 2012 con su hija de 16 años. Trabajaba en dos empleos para reconstruir su hogar: cocinaba de 07:00 a 15:00 y ayudaba en un negocio de jugos hasta las 21:00.

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El Abuso que Cambió su Misión de Vida

En 2013, su mundo se desmoronó nuevamente. Su hija reveló que había sufrido abuso sexual en su propia casa. «Esa madrugada se cayó mi mundo. Yo había luchado por tener un lugar seguro y en mi propia casa había pasado esto», relata indignada.

Aunque presentó denuncia y se comprobó el abuso, perdió el juicio. El juez expulsó a su abogada y asignó una defensora pública que pidió indemnización en lugar de prisión. Mientras tanto, su hija pasó tres semanas hospitalizada tras convulsionar en la audiencia.

Nace una Fundación del Dolor Transformado

Debido a esta experiencia traumática, Inés decidió capacitarse en prevención de abuso infantil y derechos de las mujeres. En consecuencia, llevó también a su hija a estos talleres. Así surgió la idea de crear la Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria, cuyo nombre significa «propósito intenso» en suajili.

Hace una década, en 2015, se presentaron 5,670 denuncias por violación en Ecuador. Para 2025, las cifras aumentaron a 7,129 denuncias, un incremento del 26%. En Guayaquil se registraron 631 acusaciones ese año.

Un Centro de Paz en el Corazón de la Violencia

Actualmente, unos 50 niños se reúnen diariamente en dos salas de su casa. Allí aprenden a resolver conflictos pacíficamente, tocan instrumentos musicales y liberan tensiones mediante el arte. La Isla Trinitaria registró 230 crímenes de enero a octubre de 2025, siendo la quinta zona más violenta de Guayaquil.

Igualmente, durante la pandemia, más jóvenes llegaron huyendo de la violencia doméstica. Con actividades lúdicas, música y refrigerios donados, Inés y su hija conectaron con la comunidad. Un amigo prestó su computadora y comenzaron una base de datos de beneficiarios.

Reconocimientos que Validan el Trabajo Incansable

En 2024, la Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria fue elegida beneficiaria del programa Mujeres que Restauran de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Además, en marzo de 2025, Inés fue designada Mujer del Año por una revista nacional.

Finalmente, su mayor satisfacción llegó al lograr 19 años de prisión para un agresor en Ibarra. «Era como ver reflejado el caso de mi hija, la sentencia que no logré para ella», celebra emocionada. Asimismo, impulsó la creación de la Gerencia de Reconstrucción del Tejido Social del municipio de Guayaquil.

Un Mensaje de Esperanza desde la Trinitaria

En un mural en la entrada de su fundación, los jóvenes escribieron frases de esperanza: «A este mundo lo mueve el amor», «Dios nos protege» y «Todo lo que nos proponemos, lo podemos lograr». Por ende, la Fundación Nía Kali en la Isla Trinitaria continúa sembrando paz día a día, transformando vidas en el corazón de una de las zonas más conflictivas de Guayaquil.

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