Los bioinsumos en Ecuador como alternativa a fertilizantes químicos ganan relevancia tras el cierre del Estrecho de Ormuz. El conflicto restringió el paso de carga marítima desde el 28 de febrero y disparó los precios de los insumos agrícolas. El índice del Grupo del Banco Mundial subió más del 12 % en el primer trimestre de 2026 y podría crecer un 30 % adicional en el año.
En Ecuador, la urea pasó de costar entre USD 25 y USD 30 el saco de 50 kilos a alcanzar hasta USD 55. Este encarecimiento reaviva un debate que el agro ecuatoriano no puede postergar más: ¿es viable sustituir los fertilizantes convencionales con opciones orgánicas?
Una dependencia histórica de los agroquímicos
Desde la Revolución Verde de las décadas de 1960 y 1970, Ecuador adoptó un modelo agrícola basado en agroquímicos. Ese modelo aumentó la productividad, pero también generó degradación de los suelos y una fuerte dependencia a importaciones. Hoy, el 31,8 % de las unidades de producción agropecuaria aplica fertilización química en todos sus cultivos, según el Módulo de Información Ambiental y Tecnificación Agropecuaria 2024.
Del 56,2 % que no usa fertilizantes químicos, el 69,7 % señala como principal motivo el costo elevado. Por tanto, la decisión no obedece a criterios técnicos ni agroecológicos, sino económicos. Eso abre una oportunidad real para introducir alternativas.
Para Ney Barrionuevo, exviceministro de Agricultura y gerente de Inclusys, la solución no pasa por eliminar los fertilizantes convencionales. En consecuencia, propone usarlos con mayor precisión: aplicar solo la cantidad y el tipo que requiere cada finca.
Bioinsumos en Ecuador como alternativa a fertilizantes: ¿complemento o reemplazo?
Los bioinsumos —bioles, compost, bocashi, biofertilizantes a base de microorganismos, extractos de plantas o algas— son opciones viables para reducir costos de producción. Sin embargo, los expertos advierten que no deben verse como un reemplazo inmediato y total.
Barrionuevo coincide en que es «utópico» pensar que toda la producción se convierta en orgánica. El escenario más realista, además, es que las alternativas coexistan durante años.
La transición también toma tiempo. Según Jeremy Bravo, director ejecutivo de la Fundación In Terris —que trabaja con más de 100 productores agroecológicos—, la normativa orgánica establece que entre 3 y 5 años el suelo vuelve a ser apto. Durante ese proceso, los rendimientos pueden bajar antes de estabilizarse, lo que desincentiva el cambio para productores que necesitan resultados inmediatos.
Experiencias en campo: arroz agroecológico en Guayas
En Colimes (Guayas), una asociación de más de 30 arroceros reemplazó completamente la urea con Azolla, un helecho de agua fijador de nitrógeno que ellos mismos cultivan y aplican. Los resultados son concretos: el uso convencional de urea en arroz puede costar unos USD 720 por hectárea en tres aplicaciones, mientras que la Azolla ronda los USD 400 a USD 500 en todas sus aplicaciones.
Asimismo, el precio de venta diferencia ambos modelos. El arroz convencional cuesta entre 44 y 60 centavos la libra; el agroecológico se vende entre 80 centavos y USD 1. No obstante, Bravo aclara que la producción agroecológica es de menor escala y requiere más tiempo y mano de obra, al carecer de infraestructura para pilado.
Por otra parte, Olmedo Peñafiel, líder de la Asociación de Productores Agroecológicos del Guayas, lleva cerca de tres décadas bajo este modelo. Aplica bioinsumos a base de microorganismos en arroz, soya, maíz, cacao y hortalizas, con una dosis de un litro de preparado por hectárea cada 20 o 25 días.
Investigación y política pública: lo que falta consolidar
El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP) sistematizó los protocolos más accesibles en una guía de insumos agroecológicos, elaborada junto al Centro KOPIA-Ecuador, el CIP y el IICA. La publicación detalla cómo elaborar compost, bocashi, biol y biofertilizantes con recursos disponibles en las propias fincas.
Igualmente, el Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador de la Espol cuenta con un catálogo de alrededor de 3.000 microorganismos evaluados para biofertilizantes. Galarza, sin embargo, advierte un problema estructural: «Las empresas grandes traen productos de Centroamérica, Colombia e incluso de Corea. En cambio, se debería promover el uso de nuestra tecnología, de nuestros microorganismos».
Añade que estos bioinsumos deberían producirse cerca de las zonas de cultivo. Hoy muchos se elaboran en la Sierra —para flores o papa— y se trasladan a la Costa, lo que reduce su efectividad y dificulta la adaptación a los cultivos locales.
El Ministerio de Agricultura anunció en mayo la capacitación de 28.000 productores para elaborar sus propios bioinsumos. Para Bravo, la medida es oportuna pero insuficiente: «Que sean el doble, porque hay que buscar sostenibilidad».
Bioinsumos en Ecuador como alternativa a fertilizantes: el camino es gradual
En definitiva, los bioinsumos en Ecuador como alternativa a fertilizantes químicos no son una solución inmediata, pero sí un camino viable y necesario. Barrionuevo propone un programa nacional que articule al Estado, la empresa privada, productores y la academia para impulsar la agricultura de precisión de forma gradual. Estima que el proceso tomará «probablemente varias décadas», pero subraya que las conversaciones deben comenzar ahora.
Galarza concuerda: «Ya probablemente hemos retrasado estas alternativas. Lo importante es que los recursos los tenemos. Tendríamos que unificar todo para promover resultados». En un contexto de precios al alza y suelos deteriorados, esperar ya no es una opción.
Te puede interesar
Remates del Biess propiedades baratas: las 10 casas más económicas disponibles en 2026
