¿Cuáles son las principales barreras que enfrentan las personas sordas para acceder a una atención sanitaria adecuada en América Latina? Esta fue la pregunta que motivó la investigación liderada por Paulina Manzano Vela, docente universitaria, médica, magíster en Seguridad y Salud Ocupacional e intérprete de lengua de señas. El estudio, publicado en la obra Emerging Research in Intelligent Systems, recopila evidencias de una década para comprender por qué persisten las desigualdades en el acceso a la salud de este colectivo.
El origen de una investigación necesaria
El interés de la investigadora por esta problemática nació de dos experiencias profesionales. La primera ocurrió durante su ejercicio como médica general y de emergencia en una institución pública, donde atendió a pacientes sordos tanto en consulta externa como en urgencias. La segunda se produjo en una empresa privada que contaba con personas sordas entre su personal; esto le permitió acercarse a la comunidad y comprender otras dimensiones de las barreras que enfrentan.
«Cuando llegué a esa comunidad, comenzaron a acudir pacientes sordos y observé que el perfil epidemiológico aparecía sesgado. Muchas no acudían a consulta porque nadie les entendía», explica Manzano. Ante la escasez de información sistematizada sobre el tema, la especialista realizó una revisión sistemática de once estudios publicados entre 2015 y 2024, en bases de datos como PubMed, SciELO y Science Direct. Los resultados confirman que las barreras de comunicación en la atención sanitaria constituyen uno de los principales obstáculos para el acceso de las personas sordas a los servicios de salud en la región.
Menos del 1 % de los profesionales conoce la lengua de señas
Una de las conclusiones más contundentes del estudio señala que menos del 1 % de los médicos en América Latina domina la lengua de señas. En consecuencia, son muy pocos los profesionales que pueden comunicarse directamente con un paciente sordo sin recurrir a intermediarios. A esta limitación se suma una escasez crítica de intérpretes de lengua de señas, tanto en Ecuador como en el resto de la región.
La ausencia de estos profesionales repercute en todas las etapas de la atención. Desde la recolección de síntomas y antecedentes hasta la explicación del diagnóstico, el tratamiento y las indicaciones posteriores, la información se transmite de forma incompleta o imprecisa. «El mecanismo es complejo: si no hay comunicación efectiva, el paciente recibe una versión parcial. Sin comprensión plena, no puede tomar decisiones informadas sobre su salud», detalla la investigadora.
Consecuencias directas sobre la calidad de la atención
La falta de comunicación efectiva puede generar múltiples afectaciones en la atención sanitaria. Dificulta obtener una historia clínica completa, reduce la comprensión de las indicaciones médicas y limita la participación activa del paciente en las decisiones sobre su cuidado. En casos graves, estas barreras pueden provocar errores clínicos, baja adherencia al tratamiento o abandono de los servicios sanitarios.
Asimismo, el estudio advierte que la información epidemiológica disponible sobre la población sorda es insuficiente. Esta carencia impide dimensionar sus necesidades reales y dificulta el diseño de políticas públicas ajustadas a su realidad. Por consiguiente, los sistemas de salud continúan respondiendo a un perfil que no refleja las particularidades de este grupo.
Salud mental y salud reproductiva: áreas especialmente afectadas
Las dificultades se agravan en ámbitos que requieren mayor confianza y comprensión mutua. En salud mental, las barreras de comunicación impiden construir un vínculo terapéutico sólido. Muchas personas sordas no saben a dónde acudir ni quién podrá entenderlas. La ausencia de intérpretes especializados agrava la situación.
De igual manera, las mujeres sordas enfrentan obstáculos adicionales en salud sexual y reproductiva. Las barreras comunicacionales merman su autonomía y dificultan la comprensión de diagnósticos, tratamientos y medidas preventivas. Además, muchas campañas sanitarias —vacunación, anticoncepción, detección de cáncer— no se transmiten en formatos accesibles, lo que excluye a miles de personas de información vital.
Propuestas: lengua de señas en la formación médica
Ante este panorama, Manzano Vela plantea una recomendación central: incorporar la lengua de señas en la formación de los profesionales de la salud. No se trata solo de aprender vocabulario básico, sino de comprender la cultura y la cosmovisión de la comunidad sorda, históricamente ignorada por los sistemas de salud.
La investigadora ha iniciado actividades de sensibilización con estudiantes de una universidad pública de Quito, con el fin de acercarlos a las necesidades de este colectivo y reflexionar sobre la importancia de una atención verdaderamente inclusiva. Garantizar el derecho a la salud, sostiene, no se limita a contar con infraestructura o equipos médicos modernos. También implica eliminar las barreras comunicacionales que impiden expresar síntomas, comprender diagnósticos y decidir con libertad sobre el propio cuerpo.
Hacia políticas sanitarias verdaderamente inclusivas
El estudio concluye que, aunque algunos países como Chile y Ecuador han avanzado en estrategias de inclusión, las brechas siguen siendo profundas en gran parte de la región. Para revertir esta situación, es necesario fortalecer políticas públicas de salud inclusivas, incrementar el número de intérpretes formados, garantizar información sanitaria accesible y transformar la formación profesional para incorporar competencias culturales y comunicacionales. Solo así se podrá reducir la desigualdad que hoy afecta a millones de personas sordas en América Latina.
Fuente: Edición Médica
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