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4 alimentos que ayudan a cuidar la salud del hígado

Plato con alimentos saludables para el hígado: verduras de hoja verde, brócoli, legumbres, frutos secos y una taza de café.

El hígado pesa alrededor de un kilo y medio y desempeña más de 500 funciones distintas. Desde fabricar bilis hasta transformar medicamentos y almacenar energía, trabaja en silencio. No suele dar señales de alerta hasta fases avanzadas, por lo que lo que llega al plato cuenta más de lo que parece. Cuatro grupos de alimentos aparecen una y otra vez en estudios que analizan la función hepática.

¿Cómo funciona este órgano esencial?

Recibe cerca de un litro y medio de sangre por minuto y filtra todo lo que llega del intestino. Ahí transforma los nutrientes, neutraliza sustancias tóxicas y decide qué se almacena y qué se elimina. También produce la bilis que permite digerir las grasas correctamente.

Es el único órgano interno que se regenera por sí solo tras una lesión parcial, siempre que se retire la causa del daño. Esa capacidad natural explica por qué no necesita productos externos que lo limpien: el filtro eficaz es él mismo.

Lo que reveló un seguimiento de casi 500.000 personas

Investigadores de las universidades de Southampton y Edimburgo analizaron datos de 494.585 participantes del Biobanco del Reino Unido. Los siguieron durante una mediana de casi once años, cruzando su consumo de café con registros hospitalarios y de mortalidad.

Según una investigación publicada en BMC Public Health en 2021, quienes tomaban café presentaron menos casos de enfermedad hepática crónica y de esteatosis que los abstemios. El beneficio máximo se observó en torno a tres o cuatro tazas diarias. El efecto apareció con café molido, instantáneo y también descafeinado, lo que apunta a compuestos distintos de la cafeína como responsables.

¿Por qué las hojas verdes y la fibra cuidan el hígado?

Las verduras de hoja verde aportan folato, nitratos naturales y antioxidantes que amortiguan el estrés oxidativo del tejido hepático. La fibra actúa por otra vía: ralentiza la absorción de azúcares, mejora la resistencia a la insulina y reduce la cantidad de grasa que el hígado fabrica a partir del exceso de fructosa. La referencia diaria recomendada es de 25 a 30 gramos, una cifra bastante superior a lo que consume la mayoría de la población.

Estas fuentes cubren ambos frentes de forma eficaz:

  • Espinacas, acelgas, rúcula, canónigos y col rizada, crudas o salteadas.
  • Brócoli, coliflor y coles de Bruselas, del grupo de las crucíferas.
  • Legumbres varias veces por semana, incluidas en ensalada o en crema.
  • Avena, pan integral de grano entero y fruta consumida con su piel.

¿Qué aportan los frutos secos a la salud hepática?

Combinan grasas insaturadas, vitamina E, arginina y polifenoles, una mezcla asociada con menos inflamación y mejor sensibilidad a la insulina. Otra investigación publicada en The Journal of Nutrition en 2021 con datos de 25.360 adultos estadounidenses, relacionó el consumo habitual de frutos secos y semillas con una menor prevalencia de hígado graso.

La cantidad de referencia es un puñado al día, unos 30 gramos, sin sal ni azúcar añadidos y mejor crudos o tostados sin freír. Nueces, almendras, avellanas y pistachos sirven por igual para este propósito.

¿Sirve de algo depurar el hígado con productos específicos?

Ningún alimento depura el hígado ni lo regenera de forma milagrosa. Los planes detox, los zumos verdes de tres días y los preparados que prometen limpiarlo no tienen respaldo científico válido. Incluso algunos añaden riesgos innecesarios. Los suplementos de extracto de té verde en dosis altas y varias plantas medicinales figuran entre las causas reconocidas de daño hepático por productos de herbolario.

Lo que sí modifica el pronóstico es más sencillo y mucho más eficaz:

  • Reducir el alcohol, el factor evitable que más pesa en las patologías hepáticas.
  • Bajar el consumo de refrescos azucarados y bollería, ricos en fructosa de absorción rápida.
  • Moverse a diario, porque el ejercicio reduce la grasa hepática incluso sin perder peso corporal.
  • Consultar con un profesional antes de tomar cualquier suplemento, sobre todo si ya hay medicación habitual.
  • Si hay diagnóstico previo, conviene revisar las causas del hígado graso antes de cambiar la dieta por cuenta propia.

¿Cuándo conviene acudir al médico?

La mayoría de los problemas hepáticos no duelen ni se notan durante años, y por eso se detectan en una analítica de rutina con las transaminasas altas. Cuando aparecen señales evidentes, conviene no esperar: piel u ojos amarillentos, orina muy oscura, heces claras, picor generalizado sin lesiones en la piel, hinchazón del abdomen o de las piernas, y moratones que salen con facilidad.

El cansancio persistente sin causa clara también merece revisión, aunque rara vez sea de origen hepático. La valoración empieza por un análisis con ALT, AST, GGT y bilirrubina, y suele completarse con una ecografía abdominal. Las personas con diabetes, obesidad o consumo elevado de alcohol tienen más motivos para mantener ese control al día.

Fuente: Tuasaude

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