El 29 de agosto de 2023, Ecuador marcó un hito mundial. Con más del 50% de los votos, la ciudadanía decidió dejar el crudo del Yasuní ITT (Bloque 43) bajo tierra y prohibir la minería en el Chocó Andino, uno de los bosques más biodiversos del planeta. La jornada representó el triunfo de cuatro décadas de luchas ecologistas e indígenas que habían planteado un modelo alternativo al extractivismo.
Paralelamente, Quito dijo “no” a la minería en su reserva natural. Y en 2021, Azuay ya había rechazado con un 80% la explotación en Kimsacocha, parte del macizo del Cajas. Estos votos expresaron una misma convicción: defender la naturaleza y el agua frente a la explotación petrolera y minera.

Avances mínimos, incumplimiento evidente
Dos años después, el mandato popular sigue sin cumplirse. En el Yasuní apenas se han cerrado 10 de los 247 pozos petroleros señalados por la Corte Constitucional. El proceso de reparación integral no ha iniciado.
En el Chocó Andino, la minería ilegal crece ante la falta de control estatal. Mientras tanto, en Kimsacocha, pese al rechazo mayoritario, el Gobierno ha otorgado licencias ambientales para proyectos mineros en el páramo que abastece de agua a Cuenca.
Estado débil y extractivismo persistente
La crisis institucional del país ha frenado el mandato ciudadano. Los gobiernos de turno, sin importar su ideología, mantienen el extractivismo como eje de desarrollo, replicando prácticas coloniales que reproducen desigualdad y racismo ambiental.
Ecuador se enfrenta a una contradicción. Es pionero en reconocer a la naturaleza como sujeto de derechos, pero sigue autorizando proyectos que la ponen en riesgo. Esta paradoja refleja la tensión entre dos modelos: uno que mercantiliza la vida y otro que busca la defensa de territorios y comunidades.
Democracia desde los territorios
Las consultas populares trascienden el voto. Representan un ejercicio de democracia directa y un cambio en la correlación de fuerzas. Como señalan los colectivos ecologistas, el verdadero poder no está en los escritorios del gobierno, sino en las asambleas comunitarias que resisten.
Las luchas de Yasuní, Chocó Andino y Kimsacocha son hitos de una resistencia anticolonial que recuerda al mundo que otra democracia —ecológica y radical— no solo es posible, sino que ya está en marcha.
Voces desde la academia y el activismo
La historiadora y activista Elena Gálvez, investigadora del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra y miembro de Ecos del Yasuní, advierte que el problema no es un gobierno en particular. “El enemigo es un modelo que confunde vida con mercancía y progreso con destrucción”, señaló.
Para acceder a más información, se puede visitar:
👉 Ecos del Yasuní
Mas Noticias: Policía Nacional refuerza la seguridad en el inicio de clases en Cotopaxi
Fuente: planv.com.ec