Las grasas: nutrientes esenciales más allá de la creencia popular
La grasa constituye uno de los nutrientes esenciales que el organismo requiere para funcionar con normalidad. Se encuentra en una amplia gama de alimentos y cumple un rol fundamental como fuente concentrada de energía. Además, participa activamente en la formación y mantenimiento de las membranas celulares. Aunque suele asociarse erróneamente a consecuencias negativas para la salud, la realidad es que no todas las grasas comparten las mismas propiedades ni generan los mismos efectos en el cuerpo humano.
Su inclusión en la dieta resulta imprescindible. De hecho, estas moléculas facilitan la absorción y utilización adecuada de vitaminas liposolubles. También intervienen en la síntesis de sustancias bioquímicas necesarias para la regulación de procesos orgánicos vitales.
Estas sustancias aparecen de forma natural en alimentos de origen animal, como carnes magras y derivados lácteos. También están presentes en aceites vegetales, frutos secos, semillas y pescados. Según referencias de instituciones reconocidas como la Clínica Mayo y la Clínica Cleveland, el aparato digestivo descompone la grasa en ácidos grasos. Estos compuestos se utilizan luego para construir estructuras celulares y regular funciones metabólicas. Asimismo, colaboran en la activación de la sensación de saciedad, enviando señales al cerebro para indicar cuándo se ha ingerido una cantidad suficiente de alimento.
No obstante, existen distinciones relevantes entre los distintos tipos de grasa y sus repercusiones fisiológicas. Algunas variedades se consideran beneficiosas para el organismo, mientras que otras se han vinculado con un mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y trastornos crónicos. Así lo detallan publicaciones científicas de la Universidad de Harvard y la Asociación Americana del Corazón. Por ello, comprender sus características y seleccionar las más saludables representa un paso determinante para optimizar la alimentación y preservar el bienestar a largo plazo.
Grasas beneficiosas para la salud articular y general
Las grasas clasificadas como “positivas” son aquellas que aportan ventajas demostradas y resultan indispensables para el equilibrio orgánico. Entre ellas destacan las grasas insaturadas, divididas en monoinsaturadas y poliinsaturadas. Se hallan en productos como el aceite de oliva virgen extra, la palta, almendras, nueces y pescados grasos. Su consumo habitual ayuda a reducir el colesterol de baja densidad y a elevar el de alta densidad, favoreciendo la salud cardiovascular.
Grasas monoinsaturadas
Se encuentran en el aceite de oliva, paltas, anacardos, maní y semillas de sésamo. Contribuyen a disminuir los niveles de colesterol perjudicial y a mejorar el control de la glucosa en sangre. De forma indirecta, también favorecen la disminución de procesos inflamatorios, lo que repercute positivamente en la salud de las articulaciones.
Grasas poliinsaturadas
Están presentes en salmón, sardinas, caballa, semillas de chía y aceites vegetales. Incluyen los ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6, que el cuerpo no puede sintetizar por sí mismo. Ambos son fundamentales para mantener la movilidad y la integridad de los tejidos articulares.
Ácidos grasos omega-3
Se localizan en pescado azul, semillas de lino y nueces. Poseen una potente acción antiinflamatoria, reducen la rigidez articular y disminuyen el dolor asociado a afecciones como la artritis. Por esta razón, la ciencia asocia su consumo regular con una mejor salud de las articulaciones.
Ácidos grasos omega-6
Aparecen en aceites de maíz, soja y girasol. Participan en el desarrollo cerebral y en la regulación del metabolismo celular. En equilibrio con el omega-3, ayudan a conservar la flexibilidad de los tejidos conectivos.
Grasas que se recomienda limitar o evitar
Por el contrario, existen variedades que pueden afectar negativamente la salud general y también la condición articular. Las grasas trans son las más perjudiciales, generadas mayormente por procesos industriales. Aumentan el colesterol malo, reducen el bueno y estimulan la inflamación sistémica, lo que puede agravar molestias en las articulaciones. Por ello, organismos sanitarios de todo el mundo recomiendan evitarlas por completo.
Las grasas saturadas, aunque no son tan agresivas, requieren un consumo moderado. Se encuentran en carnes rojas, lácteos enteros y aceite de coco. Un exceso puede elevar los niveles de lípidos en sangre y favorecer procesos inflamatorios crónicos que afectan el aparato locomotor. Las guías médicas sugieren que aporten menos del 10 % de la ingesta calórica diaria.
Fuente: Infobae
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