La violencia de colonos israelíes en Cisjordania ha provocado, una vez más, el desplazamiento forzado de una comunidad palestina entera. En Ras Ein al-Auja, una aldea ubicada en el valle del Jordán, sus habitantes comenzaron a empacar sus pertenencias tras años de acoso sistemático que, en los últimos dos años, se intensificó de forma dramática.
Suleiman Ghawanmeh, residente de 44 años, relató que durante más de una década pidió ayuda sin éxito. Finalmente, agotado y frustrado, decidió marcharse junto con su familia. Según explicó, el problema no es un ataque aislado, sino una estructura más profunda ligada a la ocupación. En ese contexto, la violencia de colonos israelíes en Cisjordania se convirtió en una herramienta constante de presión.
Acoso permanente y abandono forzado
De acuerdo con testimonios de residentes y activistas, colonos armados y enmascarados irrumpían casi a diario en la aldea. Este hostigamiento afectó a unas 120 familias extensas, es decir, más de 800 personas. Como resultado, a finales de enero de 2026, todas abandonaron el lugar. Según la organización israelí B’Tselem, Ras Ein al-Auja es la comunidad número 46 desplazada desde el 7 de octubre de 2023, en un proceso que califica como limpieza étnica.
Además, los colonos habrían dañado tanques de agua, cortado el suministro eléctrico, robado ganado y destruido corrales, afectando directamente los medios de subsistencia. Todo esto ocurrió, según los residentes, con la inacción o el respaldo del ejército israelí, lo que refuerza la percepción de que la violencia de colonos israelíes en Cisjordania no es un fenómeno aislado.
“La tercera Nakba” y la pérdida del territorio
Desde 2010, la comunidad denunció hostigamientos constantes. Sin embargo, tras octubre de 2023, la situación se agravó. La construcción de cuatro asentamientos ilegales alrededor de la aldea, documentada por la OCHA, terminó por cercar las viviendas palestinas. Posteriormente, Israel declaró la zona como tierra estatal, una de las mayores confiscaciones desde los Acuerdos de Oslo, según Peace Now.
Para muchos habitantes, este desplazamiento representa la “tercera Nakba”, una repetición histórica de expulsiones previas sufridas en 1948 y 1967. En consecuencia, familias enteras desmantelaron y quemaron sus propias casas para evitar que otros se beneficiaran de ellas.
“No hay lugar seguro”
Haitham Zayed, joven residente de la aldea, aseguró que este proceso responde a una política sistemática para vaciar el territorio palestino. Inicialmente decidió quedarse, pero días después también se marchó. Su conclusión fue contundente: no existe un lugar seguro en Cisjordania frente a la violencia de colonos israelíes en Cisjordania.
Hoy, las familias desplazadas permanecen acampadas cerca de lo que fue su hogar, sin certezas sobre su futuro. Para ellos, Ras Ein al-Auja ya no existe: fue borrada por la violencia, el miedo y el abandono.
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Fuente:
edition.cnn.com
