La publicación de un informe de la DEA sobre una supuesta unión entre los carteles mexicanos de droga Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha generado un intenso debate. Aunque durante décadas se enfrentaron por el control territorial, la caída de sus principales líderes habría impulsado un escenario distinto. Esta presunta alianza criminal plantea interrogantes sobre sus repercusiones, especialmente en países como Ecuador.
El supuesto pacto y sus protagonistas
De acuerdo con el documento de la DEA de 2025, el liderazgo de los Chapitos, fracción armada del cartel de Sinaloa vinculada a Joaquín “El Chapo” Guzmán, estaría detrás de esta unión. En paralelo, el CJNG sigue bajo la figura de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, cuyo paradero continúa siendo incierto.
Pese a la recompensa de 15 millones de dólares por información sobre Oseguera, no existe certeza sobre su estado. Esta incertidumbre ha contribuido a la especulación en torno a los carteles mexicanos y sus movimientos estratégicos.

Voces expertas y propaganda criminal
El periodista Juan Veledíaz, director de El Sol de Sinaloa, advierte que no hay pruebas firmes que confirmen la supuesta unión de carteles de droga mexicanos. Según su análisis, se trataría de una estrategia propagandística de los Chapitos, orientada a generar confusión, psicosis social y percepción de mayor poder en redes.
Asimismo, señala que el cartel de Sinaloa atraviesa un proceso de fragmentación tras la separación de las familias Zambada y Guzmán. Hoy no se puede hablar de un cartel cohesionado, sino de facciones en disputa.
Consecuencias para Ecuador
Expertos en seguridad, como el coronel en retiro Mario Pazmiño, reconocen que una eventual unión de carteles de droga mexicanos tendría repercusiones regionales. Aunque no existe evidencia directa sobre Ecuador, el impacto sería innegable.
En el país, grupos criminales suelen colaborar indistintamente con diferentes carteles mexicanos. Su función principal es abrir corredores para el tráfico de drogas hacia otros mercados, priorizando las ganancias económicas sobre la lealtad a una organización específica.
Esto implica que una mayor coordinación entre los carteles mexicanos podría intensificar la competencia por rutas y, en consecuencia, elevar la violencia en Ecuador.
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