El 28 y 29 de enero de 2026, Panamá será el epicentro de una cita estratégica para el futuro de la región: el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026. El encuentro reunirá a siete jefes de Estado, dos premios Nobel de Economía y más de 2.500 expertos globales con un objetivo claro: reposicionar a América Latina y el Caribe como un actor relevante en la agenda mundial.

Impulsado por CAF –Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe–, el foro surge en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, fragmentación económica y un repunte del unilateralismo. Frente a ese escenario, la región busca fortalecer su integración, alinear posturas y proyectar una visión estratégica compartida.
Una región con potencial global
América Latina y el Caribe albergan a más de 650 millones de personas y concentran el 15 % de la superficie terrestre del planeta. Además, poseen una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo, así como recursos estratégicos en agricultura, energía y minerales críticos.
Este potencial convierte a la región en un actor clave para afrontar desafíos globales como la seguridad alimentaria, la transición energética, la lucha contra el cambio climático y la conservación de ecosistemas. Sin embargo, históricamente ha enfrentado dificultades para posicionar su voz en los grandes debates internacionales.
El foro en Panamá busca precisamente romper esa paradoja: una región con enormes capacidades, pero con limitada articulación geopolítica.
Integración para competir en el siglo XXI
Uno de los ejes centrales del encuentro será la integración regional como herramienta para ganar competitividad en las cadenas globales de valor. La propuesta va más allá de declaraciones políticas y apunta a proyectos concretos de impacto regional.
Entre las iniciativas que se debatirán figuran corredores bioceánicos inteligentes, interconexiones eléctricas que aprovechen el potencial renovable del continente y una agenda digital común que garantice soberanía de datos y acceso universal a la tecnología.
La integración no se plantea como un ideal retórico, sino como un imperativo económico en un mundo cada vez más competitivo y tecnológicamente dinámico.
Desarrollo sostenible y bioeconomía
Otro de los pilares del foro será el aprovechamiento estratégico de las ventajas comparativas de la región. América Latina es una potencia agrícola y energética, y además custodia la mayor biodiversidad del planeta.
El desafío no es únicamente exportar materias primas, sino avanzar hacia una bioeconomía circular, promover una agricultura climáticamente inteligente y garantizar una gestión sostenible de océanos y bosques. La meta es atraer inversiones que permitan transformar recursos naturales en productos verdes de alto valor agregado.
En este sentido, la región podría convertirse en líder global de la transición ecológica si logra coordinar políticas y establecer marcos regulatorios estables que generen confianza a largo plazo.
El reto pendiente: inclusión y cohesión social
El potencial económico convive con profundas desigualdades sociales. América Latina sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo, lo que limita su capacidad de crecimiento sostenido.
Por ello, el foro también abordará la necesidad de fortalecer sistemas educativos modernos, diseñar redes de protección social eficientes y avanzar en inclusión financiera y formalización laboral. Cerrar brechas de género y étnicas no solo es un imperativo ético, sino también una estrategia para mejorar productividad y estabilidad.
El crecimiento sostenible exige que los beneficios del desarrollo alcancen a amplios sectores de la población.
Multilateralismo con voz propia
En un contexto global marcado por conflictos y tensiones, el multilateralismo regional busca demostrar su vigencia. El Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 aspira a ser un espacio de diálogo abierto, donde se examinen tanto éxitos como fracasos.
No se trata de imponer una uniformidad de pensamiento, sino de construir una visión estratégica compartida que permita a la región hablar con mayor coherencia en escenarios internacionales.
La cita en Panamá se perfila como un intento por desempolvar esa “magia latinoamericana” que combine identidad, pragmatismo y capacidad de propuesta, proyectando a la región como un faro de soluciones ante los grandes desafíos del desarrollo global.
Fuente: El Universo
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