Los tóxicos invisibles del hogar y su impacto silencioso en la salud

Los tóxicos invisibles del hogar representan un riesgo poco percibido en la vida cotidiana. Sin embargo, su presencia es constante. Diversos dispositivos electrónicos liberan sustancias químicas de forma progresiva. Esta situación puede afectar la salud a largo plazo.

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Televisores, computadoras, routers, consolas y teléfonos móviles forman parte esencial del entorno doméstico. Además, suelen permanecer encendidos durante extensas jornadas. Estos aparatos contienen retardantes de llama. Son compuestos químicos diseñados para reducir el riesgo de incendios.

No obstante, el uso continuo y el aumento de temperatura generan un problema adicional. Con el calor, estas sustancias pueden desprenderse lentamente. Luego, se adhieren al polvo del hogar. Finalmente, ingresan al organismo por inhalación o ingestión involuntaria. Así, se convierten en una fuente permanente de exposición doméstica.

¿Por qué preocupan los retardantes de llama en el hogar?

Según evidencia científica citada en el texto, varios retardantes de llama actúan como disruptores endocrinos. Es decir, alteran el equilibrio hormonal del organismo. Esta interferencia puede afectar procesos esenciales. Entre ellos se encuentran el crecimiento, el metabolismo y la reproducción.

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El riesgo no es igual para toda la población. En este sentido, los niños resultan más vulnerables. Pasan más tiempo en el suelo y en contacto directo con el polvo. Además, su organismo se encuentra en pleno desarrollo biológico. Por lo tanto, la exposición puede tener mayores consecuencias.

Los tóxicos invisibles del hogar no están solo en la electrónica

Aunque los dispositivos electrónicos concentran gran parte de estos químicos, no son la única fuente. Los retardantes de llama también están presentes en muebles y textiles. Sofás, sillones, cortinas y tapicería contienen estos compuestos. Incluso aparecen en algunos tejidos de uso infantil.

Esta realidad amplía el nivel de exposición dentro del hogar. Por ello, se refuerza la necesidad de adoptar medidas preventivas simples. En una nota de Infosalus, el médico e investigador Nicolás Olea advierte sobre la evaporación de estos compuestos. El calor de los dispositivos encendidos facilita este proceso.

Pequeños cambios para reducir la exposición diaria

El especialista recomienda acciones sencillas. Ventilar la vivienda dos veces al día resulta fundamental. Aspirar el polvo es preferible a barrer. Además, apagar y desconectar los aparatos cuando no se usan reduce el riesgo. Limpiar zonas detrás de equipos electrónicos también ayuda.

Reducir el tiempo de encendido disminuye la temperatura de los dispositivos. En consecuencia, baja la liberación de sustancias químicas. Son pequeños gestos cotidianos. Sin embargo, generan grandes beneficios para la calidad del aire interior.

Cuidar lo que no se ve también es parte del bienestar. En un hogar cada vez más tecnológico, la prevención comienza en casa.

Fuente: El Diario

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