El impacto negativo que se genera en la sociedad quiteña podría ser, sin duda, mucho más profundo y duradero que la supuesta sensación de tranquilidad que se prometió al implementar el toque de queda en Quito. Muchos ciudadanos se cuestionan hoy: ¿ha servido realmente el toque de queda en la capital? Hasta el momento, los resultados tangibles parecen ser muy escasos frente a las expectativas iniciales.
Una medida cuestionada por expertos y ciudadanos
A estas alturas de la aplicación de estas restricciones, es evidente que el toque de queda en Quito funciona más como una herramienta de comunicación política que como una estrategia sostenible de seguridad pública. Específicamente en el caso de Quito, la medida parece diseñada para proyectar una imagen de control estatal, más que para atacar las causas estructurales de la violencia. En otras palabras, se trata de un gran montaje o espectáculo mediático destinado a vender la idea de que las autoridades están combatiendo firmemente al crimen organizado. Sin embargo, la realidad es distinta, pues las bandas delictivas siguen operando con una capacidad casi intacta.
Falta de impacto real en las estructuras criminales
Por el momento, es claro que el toque de queda en Quito no ha logrado infligir un golpe determinante ni a la organización ni al funcionamiento interno de las redes criminales. Estas estructuras delictivas han demostrado una notable capacidad de adaptación ante estas restricciones horarias. De hecho, su modelo de negocio no ha sufrido alteraciones graves, ya que simplemente ajustan sus horarios de operación en lugar de detener sus actividades ilícitas. Por consiguiente, la medida se queda en una acción superficial que no resuelve el problema de fondo.
Consecuencias sociales y económicas
Mientras tanto, el costo social del toque de queda en Quito recae totalmente sobre la población civil. Los sectores más vulnerables son los que sufren mayores afectaciones en su movilidad, empleo y acceso a servicios básicos. Adicionalmente, la percepción de inseguridad no disminuye, sino que a menudo aumenta ante la sensación de restricción de libertades. Los hechos lo demuestran claramente, al menos hasta mediados de mayo: la estrategia ha sido más efectiva en los medios de comunicación que en las calles de la ciudad.
Fuente: Expreso
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