- Restos fósiles hallados en Melka Kunture (Etiopía) fueron datados en 2 millones de años.
- El hallazgo adelanta la cronología del Homo erectus en al menos doscientos mil años.
- Se hallaron herramientas de piedra de tecnología olduvayense y acheulense temprana.
- El estudio reestructura las hipótesis sobre las migraciones de homínidos fuera de África.
Un equipo internacional de paleoantropólogos liderado por investigadores de la Universidad de Vigo y la Universidad de Burdeos confirmó que la especie Homo erectus poblaba el continente africano hace 2 millones de años, es decir, unos 200.000 años antes de lo que determinaban los registros fósiles aceptados hasta ahora.
Datación de sedimentos volcánicos en las tierras altas de Etiopía
El yacimiento de Melka Kunture, situado a unos 50 kilómetros al sur de Adís Abeba a más de 2.000 metros de altitud, preserva una secuencia sedimentaria clave para comprender la evolución humana temprana. Los análisis de estratigrafía magnética y datación por argón-argón en tobas volcánicas permitieron fechar con precisión una mandíbula infantil perteneciente a Homo erectus.
Los investigadores observaron que junto al fósil se encontraban tanto herramientas líticas simples de la cultura Olduvayense como los primeros bifaces simétricos que caracterizan a la industria Acheulense, demostrando que esta transición técnica ocurrió mucho antes de lo estimado.
Este hito antropológico dialoga con los recientes avances arqueológicos y científicos cubiertos en investigaciones biológicas y de preservación natural, donde el análisis de ecosistemas históricos ayuda a comprender la adaptación de las especies.
Implicaciones en la dispersión humana temprana
Los resultados, publicados formalmente en la revista Science, sugieren que Homo erectus fue capaz de adaptarse a climas montañosos fríos y cambiantes desde etapas muy tempranas de su evolución, lo que habría facilitado su posterior expansión hacia Eurasia.
Expertos del Museo de Historia Natural de Londres destacaron que estos datos refuerzan la teoría de que Melka Kunture funcionó como un corredor biológico y tecnológico crucial para los primeros linajes humanos durante el Pleistoceno inferior.
Estratigrafía y paleoambiente en las tierras altas del Rift
El yacimiento de Melka Kunture se encuentra enclavado en la cuenca del río Awash, un área geológica excepcional donde las erupciones volcánicas periódicas sellaron capas sucesivas de ceniza y sedimentos aluviales. Este contexto permitió aplicar técnicas avanzadas de paleomagnetismo para correlacionar la inversión magnética terrestre de Olduvai con los estratos donde se localizó la mandíbula fosilizada.
Los análisis de polen fósil e isótopos de esmalte dental indican que estos primeros homínidos habitaban un ecosistema de sabana arbolada fría a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. La capacidad de fabricar herramientas talladas y cazar en condiciones climáticas exigentes confirma la extraordinaria adaptabilidad ecológica de Homo erectus, un rasgo evolutivo crucial que le permitió colonizar diversos biomas a lo largo del continente euroasiático.
El rol de las tierras altas en la evolución de homínidos
El descubrimiento en Melka Kunture demuestra que las tierras altas africanas funcionaron como laboratorios evolutivos donde la presión ambiental forzó innovaciones técnicas tempranas. El hallazgo confirma que la transición cultural hacia herramientas más complejas fue un proceso gradual y diverso, extendiendo la cronología de las primeras especies humanas en el continente africano.
El hallazgo antropológico en Melka Kunture resalta la importancia de continuar explorando los yacimientos del este de África mediante tecnologías de datación radiométrica y magnética de alta precisión, permitiendo afinar los árboles genealógicos de la evolución humana con evidencias materiales sólidas.
Los arqueólogos y antropólogos continuarán analizando las muestras recuperadas en el yacimiento etíope para reconstruir con mayor detalle las herramientas líticas y la dieta de los primeros homínidos que poblaron estas elevadas mesetas africanas.
Los hallazgos confirman la capacidad de resiliencia y adaptación de los primeros homínidos ante los desafíos climáticos del continente africano.




