En China, Japón y gran parte de Asia, la sentadilla asiática forma parte de la rutina diaria. Las personas descansan, esperan transporte, conversan o comen manteniendo esta postura con total naturalidad y sin esfuerzo aparente. Por el contrario, en otras regiones del mundo, los videos de turistas intentando adoptar esta posición se han vuelto virales: muchos pierden el equilibrio, se desploman o se aferran a superficies para no caerse. Esta diferencia plantea una pregunta fundamental: ¿por qué es tan fácil para unos y tan complejo para otros, y qué relación tiene con nuestra salud y funcionalidad corporal?
¿Qué es exactamente la sentadilla asiática?
A menudo denominada también sentadilla profunda o completa, la sentadilla asiática se distingue claramente de la sentadilla básica que se practica en gimnasios. Mientras que esta última se realiza hasta que los muslos quedan paralelos al suelo, la versión profunda implica flexionar las rodillas al máximo, abrirlas ligeramente hacia afuera, mantener los pies firmes y el pecho erguido, hasta que la parte posterior de los muslos toca las pantorrillas.
Matt Hsu, entrenador especializado en movilidad y creador de contenido viral sobre este tema, aclara que su nombre puede ser engañoso. Esta postura no es exclusiva de Asia: también se observa en poblaciones africanas, eslavas y de Europa del Este. Se trata, en realidad, de un movimiento humano universal, que se ha conservado más en culturas donde los hábitos diarios lo exigen. Fisioterapeutas explican que requiere una movilidad articular notable en caderas, rodillas y tobillos, y activa una mayor cantidad de grupos musculares que la sentadilla convencional.
Beneficios comprobados para el organismo
Estudios científicos y expertos en movimiento coinciden en que dominar la sentadilla asiática aporta ventajas relevantes para la salud física. En primer lugar, mejora la movilidad y flexibilidad de las articulaciones inferiores, lo cual es esencial para evitar rigideces con el paso del tiempo. También ayuda a reducir dolores lumbares, ya que fortalece la cadena muscular posterior y mejora la alineación corporal.
Además, permite conservar la autonomía funcional a lo largo de la vida. Como señala el profesor Christopher Powers, especialista en movimiento humano de la Universidad del Sur de California: “No se puede hacer nada sin hacer sentadillas”. Desde levantarse de una silla hasta agacharse para recoger algo o ir al baño, esta acción está presente en todas las actividades básicas. Quienes la practican mantienen una capacidad de movimiento que facilita la vida diaria, incluso en la vejez.
¿Por qué perdemos esta capacidad?
Los niños adoptan la sentadilla asiática de forma espontánea y sin dificultad. Esto se debe a su mayor movilidad articular y a proporciones corporales que favorecen el equilibrio. Sin embargo, en la adultez, muchas personas pierden esta habilidad, y la razón principal no es la edad, sino el estilo de vida.
El uso constante de sillas, sofás, inodoros elevados y superficies altas hace que rara vez necesitemos agacharnos en profundidad. Como consecuencia, los músculos se acortan, las articulaciones pierden rango de movimiento y la fuerza disminuye. Powers resume este fenómeno con una frase clara: “Si no lo usas, lo perderás”. En regiones asiáticas donde las viviendas, restaurantes y servicios públicos siguen requiriendo esta postura, la habilidad se mantiene intacta durante toda la vida.
¿Se puede volver a aprender?
La buena noticia es que sí: la sentadilla asiática se puede recuperar, tal como demostró el propio Matt Hsu. A pesar de sus raíces asiáticas, perdió esta capacidad a los 20 años tras una lesión que lo obligó a permanecer sentado mucho tiempo. “No podía ni tocarme los tobillos de tanta rigidez”, recuerda. Con entrenamiento progresivo, logró recuperarla y ahora enseña a otros a hacerlo.
La clave es la paciencia y la prudencia. No se debe intentar llegar al fondo de golpe, ya que podría causar lesiones. Hsu recomienda apoyarse en muebles, bajar solo hasta donde se sienta comodidad y repetir el movimiento varias veces al día. Con el paso de las semanas, el cuerpo se adapta y gana rango de forma natural.
Consideraciones importantes
Aunque los beneficios son evidentes, la sentadilla asiática no es un objetivo universal para todas las personas. Quienes sufren dolores crónicos de rodilla, cadera o espalda, o tienen condiciones médicas específicas, deben consultar antes con un especialista. Además, la anatomía varía: personas con fémures más largos o estructuras articulares diferentes pueden tener mayor dificultad, aunque eso no significa que no puedan practicarla de forma adaptada.
Para los expertos, lo esencial no es alcanzar la postura perfecta, sino mantener la capacidad de moverse con libertad. Como explica Powers, en entornos clínicos las sentadillas siempre se modifican según el cuerpo y las necesidades de cada paciente. Lo importante es recuperar un movimiento que el estilo de vida moderno nos ha hecho olvidar, y que es fundamental para nuestra salud y autonomía.
Fuente: BBC
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