Tener una rutina de sueño adecuada influye directamente en la salud general. No solo importa cuántas horas duermes. También importa cuántas veces te despiertas durante la noche. Sin embargo, existe un tercer factor relevante que suele pasar desapercibido.
Cuando alguien pregunta “¿cómo dormiste?”, la respuesta suele centrarse en el tiempo total de descanso. No obstante, los especialistas señalan que la rutina de sueño y su constancia resultan igual de determinantes.
La importancia de la regularidad del sueño
La regularidad del sueño se refiere a acostarse y levantarse a la misma hora. La variación recomendada no debería superar los 30 minutos. Esta pauta incluye también los fines de semana, según expertos en medicina del sueño.
Diversas investigaciones indican que muchos adultos no mantienen una rutina de sueño constante. Esta irregularidad podría estar afectando negativamente a la salud. La falta de horarios estables se ha convertido en un patrón frecuente.
Lo que indican las investigaciones científicas
Gran parte de los estudios disponibles son observacionales. Esto significa que no pueden demostrar causalidad directa. Además, presentan limitaciones metodológicas y poblacionales.
Aun así, los resultados muestran tendencias claras. Las personas con una rutina de sueño irregular presentan mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. También se observan asociaciones con obesidad y trastornos de salud mental.

Un estudio realizado en 2020 analizó a casi 2.000 adultos estadounidenses. Los participantes con horarios irregulares duplicaron el riesgo cardiovascular. Otro análisis de 2024, con más de 88.000 adultos del Reino Unido, relacionó la baja regularidad del sueño con mayor riesgo de demencia.
El impacto del ritmo circadiano en la salud
Los investigadores explican estos efectos mediante el ritmo circadiano. Este reloj interno regula el sueño, las hormonas y el metabolismo. También influye en el sistema inmunitario y el estado de ánimo.
Cuando la rutina de sueño se altera, estas funciones pierden sincronía. El cortisol puede liberarse de forma errática. Esto incrementa el estrés y la inflamación corporal.
Además, un ritmo circadiano desajustado puede modificar el apetito. Comer a horas inusuales puede generar problemas digestivos. A largo plazo, podría contribuir al aumento de peso.
Cómo mantener una rutina de sueño estable
Mantener una rutina de sueño puede ser complicado. El trabajo, la familia y las obligaciones sociales influyen. Sin embargo, existen estrategias recomendadas por especialistas.
Colocar una alarma una hora antes de dormir ayuda a preparar el cuerpo. Realizar actividades relajantes favorece la transición al descanso. También es fundamental exponerse a la luz solar cada mañana.
La luz regula el ritmo circadiano. Al recibirla temprano, el cuerpo se prepara para dormir más tarde. Aunque no siempre se perciba cansancio inmediato, la constancia mejora la salud a largo plazo.
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Fuente:
www.nytimes.com

