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La IA generará riqueza sin precedentes: ¿quién se quedará con los beneficios?

Representación gráfica sobre la riqueza generada por la IA y el debate sobre su distribución entre empresas y sociedad

La inteligencia artificial va a generar una riqueza sin precedentes en la historia económica. Sin embargo, la pregunta que empieza a hacerse todo el mundo es muy clara: ¿quién va a quedarse con esa gran prosperidad? Si la apuesta global por la IA sale bien, surge una duda fundamental: ¿es justo que los beneficios sean exclusivamente para las empresas que la desarrollan?

Actualmente existe un debate candente en torno a la rentabilidad real de la inteligencia artificial. De momento, la salvaje inversión en centros de datos no está contribuyendo de forma directa al crecimiento de la economía de Estados Unidos. No obstante, hay expertos que creen firmemente que la IA ya está generando valor económico; el problema real es que aún no contamos con herramientas precisas para calcular su magnitud exacta. Mientras tanto, está surgiendo una cuestión crítica en todo este panorama: si la IA acaba siendo la gallina de los huevos de oro, ¿es ético y equitativo que se lo queden todo las compañías privadas?

La propuesta de devolver valor a la sociedad

Hace unos días, Donald Trump hizo un comentario que pasó algo desapercibido, pero que posee una enorme relevancia estratégica. Durante una conversación con periodistas en el Despacho Oval, afirmó que espera que las empresas de inteligencia artificial “devuelvan algo al público”, es decir, que repartan la riqueza que están generando gracias a esta tecnología. Sus palabras exactas, según la agencia Reuters, fueron:

“Voy a reunirme muy pronto con los 12 o 15 ejecutivos más importantes, y estamos hablando de devolverle algo al público, y si lo hacemos, el público se enriquecerá mucho (…) Creo que lo harán, y creo que eso lo hará muy popular”.

Esta declaración no es una simple ocurrencia, sino un aviso sobre el cambio de paradigma que se avecina. Que el presidente de Estados Unidos mencione la posibilidad de repartir la riqueza que la IA va a generar es una forma explícita de admitir lo que venimos observando desde hace tiempo: la inteligencia artificial está reconfigurando el mercado laboral a gran escala, y para muchas personas eso significa ser despedidas o ver reducidas sus oportunidades profesionales. Eso sí, tras las declaraciones, Reuters contactó con OpenAI, Meta, Anthropic y Google para que valoraran lo dicho por el mandatario, y ninguna de estas empresas quiso hacer comentarios al respecto.

Contexto social: la aceptación de la IA en niveles bajos

Estas declaraciones surgen en un contexto muy específico: la popularidad de la inteligencia artificial entre los ciudadanos está bajo mínimos, por lo que la propuesta puede ser una forma de aplacar el rechazo creciente en la sociedad estadounidense. Según una encuesta conjunta de Reuters e Ipsos, el 53% de los ciudadanos teme que la IA les deje sin trabajo a ellos o a alguien de su entorno familiar. Además, un 73% se mostró profundamente preocupado por el aumento del uso de estas herramientas en sectores productivos y servicios.

Por consiguiente, la demanda de una distribución justa de la riqueza generada por la IA no es solo una cuestión económica, sino también social y política. Si la tecnología transforma la forma de trabajar, es lógico que también transforme la forma en que se reparten sus ganancias.

Propuestas para repartir la riqueza generada por la IA

Una de las opciones más comentadas es la creación de un fondo público, una medida que la propia empresa OpenAI propuso hace poco tiempo. La lógica es sencilla y contundente: como la IA va a generar mucha riqueza, el Estado compra acciones de estas compañías y después distribuye las ganancias entre toda la población. En este modelo, el Estado se convierte en socio estratégico del desarrollo de la IA y se reparte el rendimiento de esa inversión, tal como funciona el fondo soberano de Noruega con los ingresos del petróleo, pero con la inteligencia artificial como recurso principal.

Por otro lado, la otra opción que se baraja es poner un impuesto específico a los beneficios de las empresas dedicadas a la IA. Sin embargo, por razones políticas y económicas, esta idea no cuenta con el mismo apoyo que la del fondo público, y no es defendida con tanta fuerza por los actores involucrados.

¿Son suficientes estas medidas ante escenarios más extremos?

Aun así, es posible que estas soluciones no sean suficientes para lo que se viene. Los escenarios más apocalípticos, pero también analizados con seriedad, apuntan a un futuro en el que la inteligencia artificial hace todo el trabajo administrativo, de oficina y técnico. En una columna de opinión publicada en el Financial Times, Vinod Koshla, fundador de una firma de capital-riesgo de gran prestigio, anticipa que la IA hará alrededor del 80% del trabajo económicamente valioso que hoy realizamos los seres humanos, lo que provocaría un desempleo masivo sin precedentes.

En este escenario extremo, un fondo soberano podría ser insuficiente para cubrir las necesidades de la población. Por ello, el experto propone varios cambios estructurales profundos: igualar los impuestos a las ganancias de capital con los impuestos sobre el salario, para evitar desigualdades fiscales. También sugiere crear, a partir del año 2030, un impuesto denominado “por token” del 20% sobre los ingresos derivados del cómputo de IA y de la sustitución de nóminas humanas por sistemas automatizados.

La recaudación obtenida con estas medidas iría primero a cubrir las prestaciones por desempleo de quienes pierdan su empleo debido a la tecnología. En definitiva, la inteligencia artificial traerá prosperidad, pero el reto real es decidir cómo se reparte esa riqueza sin precedentes. La forma en que resolvamos este dilema definirá el modelo social y económico de las próximas décadas.

Fuente: Xataka

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