El regreso a clases modifica los horarios de las familias, aumenta el movimiento en las calles y suma miles de buses al tráfico de Quito.
En los hogares, padres y estudiantes deben madrugar más después de dos meses de vacaciones. Además, los transportistas escolares retoman sus recorridos por distintos sectores de la capital.
La rutina de Rebeca Colcha, de 13 años, cambia drásticamente con el regreso a clases. Sus padres, Lorena Maroto y Carlos, también deben reorganizar sus horarios para llevarla y recogerla de un colegio del Centro Histórico.
Lo que ocurre en esta familia se repite en hogares de al menos medio millón de estudiantes. El retorno a las aulas también repercute en el tráfico, los horarios laborales y las actividades cotidianas de Quito.
Durante las vacaciones escolares, Rebeca solía despertarse a las 08:00. Ahora comenzó a acostarse más temprano para recuperar el ritmo y prepararse para sus nuevas jornadas.
Para asistir a clases, planea levantarse a las 05:00. A las 06:00 sale de su vivienda, en San Juan, para tomar un bus hacia el Centro Histórico y caminar hasta su colegio.
Su madre explica que prefieren madrugar para viajar con mayor comodidad. “Yo o mi esposo la acompañamos y llegamos unos 20 minutos antes de las 07:00”, cuenta Lorena.
Con el inicio de clases, la situación cambia en las calles. “La ciudad se mueve, hay más chicos en las calles y más tráfico”, señala la madre.
Rebeca también reconoce el cambio en la movilidad. Si se retrasan, los buses van llenos y aumenta la presencia de padres y estudiantes alrededor de las instituciones educativas.
Desde 2010, Quito aplica medidas para organizar el ingreso de estudiantes según el nivel educativo. El objetivo es facilitar la circulación del transporte público y reducir la congestión durante las primeras horas del día.
6.500 buses escolares se suman al tráfico de Quito
El regreso a clases no solo aumenta el uso del transporte público convencional. Edwin Guerra, presidente de la Unión Provincial de Transporte Escolar e Institucional de Pichincha, señala que existen 6.500 unidades dedicadas a este servicio en el Distrito Metropolitano.
Durante las vacaciones, entre el 30 % y 40 % de estos vehículos continúa operando. La mayoría retoma sus actividades en septiembre, cuando vuelven a funcionar los establecimientos educativos.
Guerra recuerda que las primeras unidades de transporte escolar comenzaron a circular en Quito en 1968. El Colegio 24 de Mayo fue uno de los pioneros en utilizar este servicio.
Aunque existe una norma que establece distancias aproximadas para la ubicación de estudiantes en centros fiscales, en la práctica los recorridos pueden atravesar buena parte de la capital.
Una empresa que presta servicio a un colegio ubicado en Iñaquito, por ejemplo, cubre sectores como Cumbayá, Tumbaco, Pifo, Puembo, Calderón, Guamaní y el valle de los Chillos.
Javier Pozo, gerente de Furgoplanta, explica que los recorridos se organizan de acuerdo con las necesidades de las familias. La empresa presta servicio a 10 planteles y trabaja con un mínimo de 13 estudiantes por recorrido.
El transporte escolar también enfrenta cambios relacionados con la seguridad y el tráfico. Por ello, algunas empresas incorporaron herramientas tecnológicas para mejorar el seguimiento de las unidades.
Furgoplanta cuenta con una aplicación de georreferenciación que permite a los padres conocer cuándo los buses salen de las instituciones y cuándo están próximos a llegar a sus hogares.
Uno de los conductores es Samir Sotomayor, quien trabaja con el Colegio San Francisco de Sales, ubicado en el centro norte de Quito.
A las 05:50 recoge a una estudiante en Nueva Aurora, en Guamaní, y llega al colegio alrededor de las 07:15. El recorrido de regreso comienza a las 14:00 y termina aproximadamente a las 15:10.
Según el conductor, sectores como la avenida Velasco Ibarra, a la altura de El Trébol, y Villa Flora, hacia El Recreo, registran mayor intensidad de tráfico durante estas jornadas.
Todos madrugan más por las escuelas
Para las familias quiteñas, el regreso a clases también significa modificar las rutinas dentro del hogar. Mónica Miño, madre de tres hijos, conoce de cerca estos cambios.
Cuando sus hijos estudiaban en el colegio donde ella trabaja, sus horarios implicaban madrugadas que incluso provocaban reclamos de los pequeños.
Durante las vacaciones, sus hijos podían acostarse entre las 22:00 y la 01:00. Con el inicio de clases, la familia vuelve a establecer horarios más tempranos para dormir y levantarse.
Ahora los tres estudian en un colegio del valle de los Chillos y el mayor tiene horario vespertino. Aun así, el retorno a las aulas modifica la dinámica de toda la familia.
“Mi esposo sale a las 07:00 y yo a las 06:00. Todo cambia, el tráfico es más pesado”, explica Mónica.
La madre también debe levantarse temprano para organizar el desayuno y coordinar los tiempos de los tres hijos. En su vivienda, incluso se debe considerar el tiempo necesario para que todos puedan prepararse antes de salir.
El impacto del regreso a clases también alcanza a los negocios. Panaderías y tiendas modifican sus horarios, mientras que alrededor de los colegios vuelven los puestos de venta informal.
Así, el retorno de los estudiantes transforma la movilidad y la actividad cotidiana de Quito. Familias, transportistas, comercios y autoridades deben adaptarse nuevamente a una ciudad que recupera su ritmo escolar.
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