La reforma al Código Orgánico Integral Penal (COIP) impulsada por la asambleísta Camila León, de Acción Democrática Nacional (ADN), ha abierto un debate marcado por la falta de claridad, cuestionamientos técnicos y preocupación sobre sus posibles efectos en la libertad de expresión en Ecuador. El proyecto tiene 11 páginas y está respaldado por 14 firmas legislativas. Además, busca modificar el artículo 396, relacionado con el descrédito a funcionarios públicos.
La iniciativa ha llamado la atención no solo por su contenido. También resalta por las dificultades de la proponente para explicar el alcance real de la reforma. Esto ha generado críticas desde distintos sectores políticos, jurídicos y sociales.
Una reforma sin explicación clara
Durante una entrevista pública, la asambleísta León no pudo detallar con precisión qué cambios concretos introduce su propuesta al COIP. Ante las preguntas, optó por leer textualmente el párrafo que pretende añadir. Ese párrafo está relacionado con la verificación judicial del ejercicio legítimo de la libertad de expresión frente a críticas a servidores públicos.
Sin embargo, al momento de explicar el sentido práctico de la norma, incurrió en respuestas ambiguas y frases imprecisas. Esto incrementó las dudas sobre el objetivo real del proyecto. La falta de una justificación sólida ha sido uno de los principales puntos de crítica.

Opacidad en la elaboración del proyecto
Otro de los aspectos más cuestionados es el proceso de elaboración del documento. León aseguró que mantuvo reuniones con gremios de periodistas para construir la propuesta. Sin embargo, evitó revelar nombres o representantes, argumentando que no consultó si podía hacer pública esa información.
Esta falta de transparencia ha sido señalada por exlegisladores y expertos en Derecho. Ellos consideran que una reforma de esta naturaleza debería contar con un proceso amplio de socialización y respaldo documentado de los sectores involucrados.
Críticas desde la Asamblea y expertos
Dentro del propio Legislativo, la propuesta no ha pasado desapercibida. Algunos asambleístas advierten que el texto podría resultar redundante, ya que recoge principios ya establecidos en sentencias constitucionales e internacionales. Además, no aporta cambios sustanciales al marco legal vigente.
Juristas y analistas políticos alertan que una reforma mal fundamentada podría derivar en una mala ley, especialmente en un contexto de alta polarización política. Además, sostienen que este tipo de iniciativas refuerzan la desconfianza ciudadana hacia la representación política.
Libertad de expresión en el centro del debate
Organizaciones de la sociedad civil y gremios periodísticos han manifestado su preocupación por el riesgo de que la reforma sea interpretada como un intento de limitar las críticas a funcionarios públicos. Aunque el texto menciona estándares constitucionales e interamericanos, la falta de claridad en su aplicación práctica genera alertas sobre posibles usos discrecionales.
Expertos coinciden en que, de mantenerse la intención de reformar el COIP en este punto, el debate debe ampliarse mediante foros públicos y espacios técnicos que incluyan a todos los actores involucrados. Así se evitaría que una norma penal termine afectando derechos fundamentales.
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