La capital ecuatoriana enfrenta un desafío creciente en la gestión de residuos. Aunque miles de toneladas de basura se generan diariamente, solo una pequeña parte se recicla. Frente a esta realidad, Quito impulsa iniciativas de economía circular, compostaje y reutilización de escombros para reducir el impacto ambiental y extender la vida útil de sus infraestructuras de disposición final.

Brecha en el reciclaje: una oportunidad desaprovechada
Quito produce alrededor de 2 200 toneladas de basura cada día. De ese total, al menos el 28 % podría ser aprovechado mediante procesos de reciclaje o reutilización. Sin embargo, en la práctica, apenas entre el 10 % y el 13 % de los residuos se reciclan efectivamente. Esta diferencia refleja una brecha significativa en la gestión ambiental de la ciudad.
La limitada recuperación de materiales no solo representa una pérdida económica, sino también una presión adicional sobre el relleno sanitario y otros espacios destinados a la disposición final de desechos. El desafío no radica únicamente en la capacidad técnica, sino también en la cultura ciudadana y en la articulación de políticas públicas sostenidas.
El impacto de los escombros en la ciudad
Uno de los mayores retos proviene de los residuos de construcción y demolición. El crecimiento del sector inmobiliario ha incrementado de forma sostenida la generación de escombros. En 2023 se registraron cerca de 800 mil metros cúbicos, mientras que para 2025 la cifra alcanzó el millón y medio de metros cúbicos.
Esta situación ha puesto bajo presión a las escombreras existentes, cuya vida útil es limitada. Algunas disponen de apenas un año de funcionamiento restante y no existen nuevos espacios habilitados para su reemplazo inmediato. Esto obliga a buscar soluciones innovadoras que reduzcan el volumen de material enterrado.
Economía circular: dar una segunda vida a los residuos
Ante este panorama, el Municipio implementó un plan piloto de economía circular mediante una alianza público-privada. El objetivo es evitar que los escombros sean simplemente enterrados y, en cambio, transformarlos en nuevos insumos productivos.
Materiales como hormigón, acero, plásticos y tuberías son clasificados y tratados para su reutilización. Parte de estos residuos es trasladada a plantas industriales donde se convierten en subbases para la construcción de carreteras. Entre mayo y octubre se procesaron 20 mil metros cúbicos de escombros y actualmente se tratan alrededor de 4 700 metros cúbicos mensuales. La meta es triplicar la vida útil de las escombreras existentes.
Compostaje y gestión de residuos orgánicos
Otra línea de acción se centra en los residuos orgánicos, que representan más del 60 % de la basura diaria de Quito, es decir, aproximadamente 1 400 toneladas. Desde el año pasado, el Municipio ha distribuido más de 200 composteras domiciliarias para fomentar la transformación de restos de comida y materia vegetal en abono.
En el sur de la ciudad, huertos comunitarios fortalecen esta práctica. Decenas de familias participan en la separación de residuos y en la producción de hortalizas y árboles frutales, con apoyo técnico municipal. Además, los ecocentros reciben residuos orgánicos que antes se destinaban al relleno sanitario. Desde abril de 2025, estos espacios procesan más de una tonelada mensual y han capacitado a 35 000 personas en el año.
Un cambio cultural necesario
Si bien las cifras muestran avances, el reto sigue siendo amplio. Reducir la brecha en el reciclaje implica fortalecer la educación ambiental, ampliar la infraestructura y consolidar alianzas entre el sector público y privado.
La transición hacia una economía circular no solo busca disminuir el impacto ambiental, sino también generar nuevas oportunidades económicas y sociales. Por lo que,cada iniciativa, desde la reutilización de escombros hasta el compostaje comunitario, aporta a un modelo más sostenible para la capital.
Fuente: Ecuavisa
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