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¿Debe la OMS declarar la crisis climática una emergencia de salud pública internacional?

Representación gráfica sobre la crisis climática y sus efectos en la salud pública mundial

Recientemente, un grupo de científicos de la Comisión Paneuropea sobre Clima y Salud ha planteado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la crisis climática sea considerada una emergencia de salud pública de importancia internacional. Sin embargo, surge una interrogante fundamental: ¿puede catalogarse realmente este fenómeno como tal? Hasta el momento, la OMS ha reservado la declaración de Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) para amenazas agudas, en su mayoría de origen infeccioso. Ejemplos claros son la gripe H1N1, el ébola, el zika, la mpox o la covid-19, eventos que se desarrollaron de forma rápida y visible. No obstante, el nuevo informe de la Comisión Paneuropea propone un cambio histórico: reconocer a la crisis climática como una ESPII, algo que nunca antes se había evaluado.

Esta propuesta representa un giro esencial en la percepción científica del riesgo sanitario mundial. En la actualidad, el cambio climático no se interpreta solo como un reto ecológico o económico, sino como un factor sistémico que multiplica enfermedades, muertes y desigualdades. Todo esto ocurre al modificar los elementos básicos que determinan la salud colectiva y el entorno en el que vivimos. Por consiguiente, la crisis climática altera las condiciones esenciales para el bienestar humano, afectando a sociedades enteras sin distinción de fronteras.

Criterios oficiales para declarar una ESPII

La pregunta central es si la crisis climática cumple con los requisitos que establece la OMS para emitir esta declaración. Según el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), una ESPII se define como un hecho extraordinario que reúne características concretas. En primer lugar, debe suponer un riesgo sanitario para otros países mediante su propagación transfronteriza. En segundo lugar, requiere una respuesta organizada y conjunta entre naciones. Finalmente, debe tratarse de un suceso grave, repentino, inusual o imprevisto. Estos cuatro puntos son la base para cualquier análisis, y la crisis climática debe medirse con este mismo baremo.

La crisis climática, amenaza directa para la salud pública

La evidencia científica acumulada durante décadas confirma que la crisis climática afecta la salud humana por medio de múltiples mecanismos que actúan al mismo tiempo y se refuerzan entre sí. Las temperaturas extremas son responsables del 95 % de las muertes asociadas a fenómenos meteorológicos severos. Por ejemplo, en 2024 se registraron más de 62 000 fallecimientos por calor en Europa, mientras que en España, entre 2015 y 2024, esta cifra superó las 24 000 personas.

Por otra parte, la contaminación atmosférica guarda una relación estrecha con la crisis climática, tanto por las fuentes que generan ambos problemas como por los efectos que provocan. Ciertas condiciones atmosféricas, como los anticiclones, se vuelven más frecuentes y dificultan la dispersión de agentes contaminantes. Además, el cambio climático incrementa la cantidad de partículas en suspensión que viajan desde el desierto del Sahara hacia otras regiones.

Factores

Ambos factores coinciden a menudo durante las olas de calor en España, lo que empeora drásticamente la calidad del aire y genera efectos combinados muy dañinos para la salud. De hecho, la contaminación atmosférica provoca cada año entre 10 000 y 20 000 muertes en el país, una cifra diez veces superior a la causada directamente por las altas temperaturas.

Otro riesgo derivado de la crisis climática son los incendios forestales, cada vez más intensos y amplios, que alteran la calidad del aire en zonas muy alejadas de su origen. Un caso ilustrativo ocurrió en Canadá en 2023: sus incendios se vincularon con más de 80 000 muertes en Estados Unidos, Europa y el propio territorio canadiense.

Asimismo, las alteraciones en los patrones climáticos, sumadas a la mayor contaminación, modifican la distribución de sustancias alergénicas y cambian los ciclos habituales de enfermedades respiratorias o alérgicas. A esto se añaden eventos extremos como sequías o inundaciones, que obligan a poblaciones enteras a desplazarse, agravan la pobreza y la escasez de alimentos, y aumentan la inseguridad alimentaria.

La crisis climática también favorece la expansión geográfica de enfermedades transmitidas por vectores. Mosquitos y garrapatas extienden su hábitat hacia zonas templadas, lo que hace que dolencias tropicales como el dengue, el chikunguña o el virus del Nilo Occidental lleguen a regiones de Europa donde antes no existían. De igual forma, se registran más infecciones ligadas a estos animales, con consecuencias sanitarias graves.

Por si fuera poco, la crisis climática incrementa los riesgos en el ámbito de la salud laboral y genera impactos profundos en la salud mental. Los desastres naturales, la pérdida de bienes o el desplazamiento forzado provocan estrés, ansiedad y traumas que afectan la calidad de vida de muchas personas.

Análisis de los requisitos de la OMS frente a la crisis climática

Para entender si la crisis climática puede ser una ESPII, revisemos cada criterio del Reglamento Sanitario Internacional.

¿Es un evento grave?

Sin ninguna duda. La propia OMS ha señalado que la crisis climática es la mayor amenaza actual para la salud de la humanidad. El informe de la Comisión Paneuropea detalla que afecta a la mortalidad, la morbilidad, la salud mental, las enfermedades infecciosas, cardiovasculares o respiratorias, además de la nutrición y las desigualdades sociales. Además, profundiza las vulnerabilidades que ya existían antes, lo que agrava aún más la situación.

¿Tiene consecuencias internacionales?

Absolutamente sí. La crisis climática no respeta fronteras: las emisiones generadas en un país afectan la salud de habitantes de otras naciones. El humo de los incendios cruza continentes, las enfermedades se expanden y los fenómenos extremos alteran cadenas de suministro, movimientos migratorios y la estabilidad económica mundial. Todo esto demuestra que su impacto es global y compartido.

¿Exige una respuesta coordinada internacionalmente?

Este es quizás el punto donde mejor encaja la crisis climática. Ningún país puede resolver por sí solo los efectos sanitarios del cambio climático. Se requiere cooperación para adaptar sistemas de salud, crear alertas tempranas, vigilar riesgos, reducir emisiones o proteger a los grupos más frágiles. Las reuniones internacionales como las Conferencias de las Partes (COP) son prueba de esta necesidad de actuar en conjunto, tal como se haría ante una ESPII.

¿Es repentino o inesperado?

Aquí surge el debate principal. La crisis climática no aparece de golpe como un brote epidémico, sino que es un proceso acumulativo y progresivo. Aun así, sus manifestaciones sí incluyen sucesos agudos y extremos que ocurren con mayor frecuencia e intensidad. Además, la norma no exige que se cumplan todos los adjetivos a la vez, sino que sea grave, repentino, inusual o inesperado. La magnitud y excepcionalidad del problema justifican una lectura actualizada de estas definiciones.

Consecuencias de declarar la crisis climática como ESPII

Reconocer la crisis climática como emergencia internacional tendría un valor político y comunicativo enorme. Según la Comisión Paneuropea, esta medida ayudaría a situar la salud en el centro de todas las acciones climáticas y aceleraría cambios urgentes para proteger a la población. No solucionaría el problema por sí mismo, pero funcionaría como un motor para fortalecer la cooperación, aumentar la financiación, frenar la desinformación y priorizar la mejora de los sistemas sanitarios.

En esencia, este debate revela una realidad: la crisis climática no es solo un tema ecológico, sino una emergencia sanitaria global de gran complejidad. Amplifica casi todos los riesgos importantes para la salud en este siglo. La duda actual no es tanto si encaja en categorías diseñadas para epidemias o riesgos químicos, sino si esas categorías siguen siendo útiles para describir la magnitud del reto económico, social y sanitario que representa la crisis climática.

Fuente: The Conversation

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