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Las mejores vitaminas para la vista: retina, visión nocturna y salud ocular

Alimentos ricos en vitamina A y otros nutrientes para la salud de la retina y la visión nocturna

La salud ocular depende de múltiples nutrientes, y las mejores vitaminas para la vista: retina, visión nocturna y salud ocular encuentran en la vitamina A su pilar fundamental. Esta sustancia es esencial para el funcionamiento de la retina y la adaptación de los ojos a la oscuridad. A continuación, se detalla su papel, fuentes alimentarias y otras sustancias que protegen la visión.


¿Por qué es clave la vitamina A para la visión?

Entre las sustancias relacionadas con la función visual, la vitamina A desempeña un papel esencial en el funcionamiento de la retina y en la adaptación a lugares con poca luz. Puede obtenerse mediante alimentos de origen animal o a partir de carotenoides presentes en vegetales. Una dieta variada suele cubrir las necesidades diarias, mientras que los suplementos solo deben utilizarse cuando existe una indicación concreta por parte de un profesional sanitario.

¿Cómo participa la vitamina A en la retina?

La retina es una capa sensible a la luz situada en la parte posterior del ojo. Contiene conos, relacionados con los colores y los detalles finos, y bastones, especialmente importantes para ver cuando la iluminación es escasa. Estas células transforman la luz en señales eléctricas que el cerebro interpreta como imágenes reconocibles.

Una forma derivada de la vitamina A, llamada retinal, se une a proteínas de los fotorreceptores para formar pigmentos visuales funcionales. En los bastones participa en la producción de rodopsina, necesaria para la visión nocturna. Cuando existe una deficiencia importante, la adaptación a la oscuridad puede empeorar y aparecer dificultad para ver al entrar en una habitación poco iluminada. Por ello, contar con niveles adecuados ayuda a mantener la visión nocturna y la salud de la retina.

¿Qué muestra la investigación científica?

Según una revisión publicada en la revista Nutrients en 2021, la vitamina A obtenida mediante la dieta pasa por procesos de absorción, almacenamiento y transporte antes de llegar al ojo. Allí interviene en el ciclo de los retinoides, mediante el cual los fotorreceptores regeneran los compuestos necesarios para responder nuevamente a la luz.

La investigación explica que la vitamina A es un componente clave de la fototransducción y que su transporte hasta el epitelio pigmentario ayuda a mantener la actividad de los fotorreceptores. Los autores describieron su papel esencial en el ciclo visual, aunque la revisión no indica que consumir dosis superiores a las necesarias mejore la vista de una persona sin deficiencia.

¿Qué alimentos aportan vitamina A?

La alimentación aporta vitamina A de dos maneras distintas. El retinol preformado se encuentra en alimentos de origen animal y puede ser utilizado directamente por el organismo. Los vegetales aportan carotenoides provitamina A, como el betacaroteno, que el cuerpo transforma según sus necesidades fisiológicas.

Entre las fuentes alimentarias habituales se encuentran:

  • Hígado y algunos productos elaborados con vísceras.
  • Yema de huevo, leche, queso y yogur.
  • Pescados grasos y determinados alimentos enriquecidos.
  • Zanahoria, calabaza y boniato.
  • Espinaca, acelga, brócoli y otras verduras de color verde oscuro.
  • Mango, albaricoque, melón cantalupo y papaya.

El hígado contiene cantidades muy elevadas, por lo que no es necesario consumirlo con frecuencia. Las personas embarazadas o que puedan estarlo deben evitar suplementos de dosis altas y seguir las recomendaciones sanitarias sobre este alimento. El betacaroteno de las verduras se absorbe mejor cuando los alimentos se cocinan ligeramente y se acompañan de una pequeña cantidad de grasa, como aceite de oliva. Aun así, la conversión varía entre personas y no es necesario concentrar toda la ingesta en un único vegetal.

Otras sustancias para la salud ocular

Las mejores vitaminas para la vista: retina, visión nocturna y salud ocular no se limitan solo a la vitamina A. Esta tiene una función específica en los pigmentos visuales, pero no trabaja de forma aislada. Las vitaminas C y E participan en la protección antioxidante de las células oculares frente a agentes dañinos. Pueden obtenerse mediante frutas cítricas, kiwi, pimiento, brócoli, frutos secos, semillas y aceites vegetales.

La riboflavina o vitamina B2 también participa en reacciones celulares esenciales y su deficiencia puede afectar diferentes tejidos del ojo. La luteína y la zeaxantina no son vitaminas, sino carotenoides que se concentran en la mácula, la zona de mayor agudeza visual. Están presentes en verduras de hoja verde, maíz y yema de huevo. Una alimentación variada aporta estos compuestos sin depender de fórmulas comerciales.

Los suplementos oculares con combinaciones específicas pueden estar indicados en determinados pacientes con degeneración macular relacionada con la edad. No están diseñados para prevenir cualquier problema visual ni para mejorar la agudeza de personas sanas. Su composición debe revisarse con un oftalmólogo, especialmente cuando se toman otros medicamentos.

Riesgos del exceso de suplementos

La vitamina A es liposoluble, por lo que el organismo puede almacenarla en el hígado durante largos periodos. El consumo continuado de dosis elevadas de vitamina A preformada puede producir toxicidad grave. En adultos, el límite superior tolerable se sitúa en 3.000 microgramos diarios de equivalentes de actividad de retinol, salvo que exista una pauta médica supervisada.

El exceso puede causar diferentes problemas:

  • Dolor de cabeza, náuseas, mareos o visión borrosa.
  • Sequedad de la piel y caída del cabello.
  • Dolor muscular o articular.
  • Alteraciones en las pruebas de función hepática.
  • Mayor riesgo de defectos congénitos durante el embarazo.
  • Interacciones con retinoides utilizados para tratar algunas enfermedades de la piel.

Los suplementos de betacaroteno tampoco son adecuados para todas las personas. Las dosis altas se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer de pulmón en fumadores, antiguos fumadores y personas expuestas al amianto. Este riesgo no se aplica al betacaroteno obtenido normalmente mediante frutas y verduras frescas.

Fuente: Tuasude

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