El Golfo de Guayaquil alberga uno de los ecosistemas más valiosos del Ecuador: el manglar. Más allá de ser el hogar de especies marinas y aves migratorias, estos bosques costeros funcionan como una barrera natural contra inundaciones, sostienen la pesca artesanal y representan una fuente económica clave para miles de familias. Expertos advierten que su degradación pone en riesgo la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la estabilidad ambiental del país.

Manglares: una defensa natural contra inundaciones y erosión
Los manglares cumplen una función esencial en la protección de las zonas costeras. Según especialistas de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), estos ecosistemas ayudan a reducir la fuerza de las olas, disminuyen la erosión y protegen a las comunidades frente a fenómenos climáticos extremos.
Además, actúan como reguladores naturales del agua y los sedimentos, permitiendo que los estuarios se mantengan saludables y que la productividad del ecosistema continúe. Su capacidad para enfrentar el aumento del nivel del mar convierte al manglar en una defensa estratégica para ciudades y poblaciones costeras.
El manglar sostiene la pesca y la economía local
Miles de familias dependen directamente del manglar para su sustento diario. Actividades como la pesca artesanal, la recolección de concha prieta, el cangrejo rojo y el turismo comunitario están estrechamente ligadas a la salud de estos ecosistemas.
Expertos del Instituto Nacional de Biodiversidad (INABIO) señalan que perder una sola hectárea de manglar en el Golfo de Guayaquil puede representar pérdidas superiores a los 89 mil dólares entre servicios ecosistémicos y costos de restauración. Solo en protección costera, cada hectárea aporta alrededor de 27 mil dólares.
La desaparición del manglar también afecta al turismo ecológico, especialmente en actividades como el avistamiento de aves y recorridos por estuarios, reduciendo oportunidades económicas sostenibles para las comunidades locales.
La biodiversidad depende de un manglar sano
El estado de conservación del manglar impacta directamente en especies emblemáticas como la concha prieta, el cangrejo rojo, la corvina, el robalo y diversas aves migratorias.
Especialistas explican que un manglar saludable mantiene microorganismos fundamentales para el reciclaje de nutrientes, el almacenamiento de carbono azul y el equilibrio de toda la cadena alimenticia. Cuando estos ecosistemas se degradan por contaminación o expansión camaronera, disminuye la diversidad biológica y se alteran procesos clave como el ciclo del nitrógeno.
La pérdida de estas especies no solo afecta al ambiente, sino que también es una señal de alerta sobre la disminución de la resiliencia frente al cambio climático.
Conservar manglares es invertir en el futuro
Los expertos coinciden en que proteger los manglares no debe verse únicamente como una acción ambiental, sino como una inversión estratégica para el país.
Muchos de los mariscos que forman parte de la alimentación diaria de los ecuatorianos crecen en estos ecosistemas. Su conservación influye directamente en la seguridad alimentaria, la economía familiar y la protección de ciudades enteras.
Cuidar el manglar significa preservar biodiversidad, garantizar ingresos sostenibles y fortalecer la capacidad de respuesta ante eventos climáticos extremos.
Congreso Planeta Manglar 2026 impulsará el debate ambiental
Del 18 al 20 de mayo se realizará en Guayaquil el Congreso Planeta Manglar 2026, organizado por la ESPOL. Este encuentro internacional reunirá a investigadores, autoridades y comunidades para debatir sobre biodiversidad, economía azul, servicios ecosistémicos y gestión comunitaria del manglar.
El evento incluirá conferencias magistrales, paneles de discusión, ponencias científicas y jornadas de siembra comunitaria enfocadas en la sostenibilidad de estos ecosistemas estratégicos.
Fuente: Expreso
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