La economía rusa enfrenta nuevas tensiones tras la caída de los ingresos procedentes del petróleo y el gas, su principal fuente de financiación desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. Las recientes sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, junto con mayores restricciones comerciales y financieras, han provocado un descenso significativo en la recaudación estatal. Además, han obligado al Kremlin a buscar alternativas para sostener el gasto público y militar.

Caída histórica de los ingresos energéticos
En enero, los ingresos del Estado ruso derivados de los impuestos al petróleo y al gas descendieron a 393.000 millones de rublos, muy por debajo de los 587.000 millones registrados en diciembre y de los 1,12 billones de rublos alcanzados en enero del año anterior. Es el nivel más bajo desde la pandemia de COVID-19. Esto evidencia el impacto acumulado de las sanciones occidentales y de las nuevas medidas de presión sobre el sector energético.
Las exportaciones de hidrocarburos han sido el pilar financiero de Rusia durante la guerra. Sin embargo, el endurecimiento de las restricciones y la caída de precios han reducido drásticamente el flujo de divisas hacia el presupuesto estatal.
Un nuevo enfoque en las sanciones occidentales
La Administración estadounidense amplió las sanciones contra grandes petroleras rusas como Rosneft y Lukoil, amenazando con excluir del sistema financiero estadounidense a quienes comercien con ellas. Por su parte, la Unión Europea comenzó a prohibir combustibles refinados a partir de crudo ruso. Incluso, aplica la medida si son procesados en terceros países.
Además, se ha intensificado la persecución contra la llamada “flota en la sombra”, compuesta por petroleros que operan al margen del tope de precios impuesto por el G7. Actualmente, cientos de buques han sido sancionados por Estados Unidos, Reino Unido y la UE. Esto complica el transporte y encarece los seguros y los fletes marítimos.
Estas medidas van más allá del límite de 60 dólares por barril fijado anteriormente. No solo buscan reducir beneficios, sino también dificultar la comercialización global del crudo ruso.
Presión sobre India y reducción de exportaciones
India, uno de los principales compradores de petróleo ruso tras el veto europeo, ha reducido sus importaciones en los últimos meses. Los envíos pasaron de alrededor de dos millones de barriles diarios en octubre a aproximadamente 1,3 millones en diciembre.
La presión arancelaria de Estados Unidos y la amenaza de sanciones secundarias han influido en este ajuste. Sin embargo, los analistas consideran poco probable que India rompa por completo su relación energética con Moscú a corto plazo. Esto se debe a los descuentos ofrecidos por el crudo ruso.
Descuentos crecientes y efecto dominó
El petróleo ruso, especialmente la mezcla Urals, se vende con descuentos significativos frente al Brent. En diciembre, la rebaja alcanzó los 25 dólares por barril. El Urals cayó por debajo de los 38 dólares, frente a más de 62 dólares del crudo de referencia internacional.
Dado que los impuestos rusos sobre la producción están vinculados al precio del crudo, estos descuentos impactan directamente en la recaudación fiscal. Además, la acumulación de más de 125 millones de barriles almacenados en petroleros ha elevado los costes logísticos y tensionado el mercado marítimo.
Crecimiento estancado e inflación persistente
A la caída de ingresos se suma una desaceleración económica. El producto interior bruto apenas creció un 0,1% en el tercer trimestre. Las previsiones para el año en curso apuntan a un crecimiento inferior al 1%. Esto está muy lejos del más del 4% registrado en 2023 y 2024.
El menor dinamismo económico reduce la base impositiva y complica el equilibrio presupuestario, mientras los gastos militares continúan elevados. Aunque la inflación se ha moderado al 5,6%, el banco central mantiene tipos de interés altos, en torno al 16%, para contener las presiones inflacionarias.
Más impuestos y mayor endeudamiento
Para compensar el déficit, el Kremlin ha optado por aumentar impuestos, elevando el IVA del 20% al 22% y subiendo gravámenes sobre importaciones de automóviles, cigarrillos y alcohol. Paralelamente, el Gobierno ha incrementado su endeudamiento con bancos nacionales. También recurre al fondo soberano para cubrir necesidades presupuestarias.
Si bien estas medidas permiten sostener el gasto a corto plazo, podrían frenar aún más el crecimiento y reavivar la inflación. Algunos analistas consideran que, si la presión financiera se intensifica, Moscú podría ajustar la intensidad de su esfuerzo bélico. Sin embargo, no necesariamente buscaría un acuerdo inmediato de paz.
Fuente: Euronews con información de AP
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