- El agujero de la capa de ozono en la Antártida registró su menor extensión en dos décadas.
- La Organización Meteorológica Mundial destacó la influencia de vientos y temperaturas estratosféricas.
- El informe advierte un aumento de hasta 20% en la radiación ultravioleta sobre zonas de Europa.
- La recuperación total de la capa protectora requerirá aún varias décadas de acuerdos climáticos.
Un exhaustivo informe técnico publicado este 20 de septiembre de 2026 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) reveló que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida durante el ciclo anual de 2025 se situó entre los más reducidos registrados en las últimas dos décadas. Las mediciones satelitales y los sondeos atmosféricos confirmaron que una combinación favorable de vientos polares y temperaturas inusualmente elevadas en la estratosfera limitó el proceso de degradación química del gas protector.
El Boletín de Ozono y Radiación Ultravioleta de la entidad internacional, elaborado con el aporte de más de doce centros de investigación científica global, subraya que la profundidad y superficie del agujero antártico estuvieron ampliamente por debajo del promedio histórico documentado entre 1990 y 2010. Este fenómeno estacional se activa cada primavera austral cuando el frío extremo intensifica la acción de compuestos químicos clorados y bromados en la estratosfera, ubicada entre los 15 y 50 kilómetros de altitud.
Factores meteorológicos y la paradoja de la radiación UV
Los científicos explicaron que la menor degradación no se debió únicamente a la caída de sustancias nocivas, sino a la dinámica atmosférica de ondas planetarias que perturbaron el vórtice polar polar antártico, elevando las temperaturas y frenando la activación de las nubes estratosféricas polares donde se produce la destrucción del ozono. No obstante, el informe de la OMM presenta un contraste preocupante: los niveles de radiación ultravioleta (UV) superficial aumentaron hasta un 20 % en diversas regiones de Europa desde 1995, impulsados por cambios en la nubosidad y aerosoles troposféricos.
El documento destaca la conmemoración de los diez años de la Enmienda de Kigali al histórico Protocolo de Montreal de 1987, tratado promovido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para eliminar de forma progresiva los hidrofluorocarbonos (HFC) e hidroclorofluorocarbonos. Si bien las concentraciones de gases destructores del ozono continúan descendiendo de manera sostenida, los expertos recalcan que la restauración plena a niveles previos a 1980 solo se alcanzará hacia mediados del presente siglo.
Relevancia para la agenda ambiental internacional
Este reporte científico sobre la atmósfera polar coincide con un panorama global donde la diplomacia multilateral y las crisis de gobernanza ocupan la atención de las principales potencias, de modo similar a lo que ocurre cuando el canciller Friedrich Merz resiste en el cargo ante el colapso político en Alemania. La estabilidad ambiental del planeta depende de que los Estados mantengan sus compromisos de financiamiento y fiscalización ambiental a pesar de las presiones geopolíticas y económicas coyunturales.
Los sistemas avanzados de monitoreo atmosférico presentados en el boletín permitirán afinar las predicciones sobre el impacto del calentamiento global en la estratosfera antártica. La comunidad científica concluyó que el éxito del Protocolo de Montreal demuestra que los acuerdos internacionales basados en evidencia rigurosa son eficaces para reparar desequilibrios planetarios inducidos por la actividad humana.
El seguimiento constante continuará mediante sondas de ozono lanzadas desde bases antárticas internacionales. La OMM enfatizó que la vigilancia no debe debilitarse, pues episodios meteorológicos atípicos futuros podrían volver a ensanchar temporalmente el agujero si persisten concentraciones residuales de halocarbonos en las capas altas de la atmósfera global.
Los delegados ambientales que preparan las próximas conferencias sobre cambio climático señalaron que la reducción del agujero antártico demuestra que la colaboración entre ciencia y política produce resultados tangibles para la supervivencia de las futuras generaciones.




