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Influenza D y CCoV-HuPn-2018: Vigilando los Virus Emergentes para la Salud Pública

IEn 2009, el mundo vivió la expansión de la gripe A(H1N1); una década después, en 2019, un nuevo coronavirus desencadenó la mayor crisis sanitaria en un siglo. Ambas pandemias confirmaron las advertencias de salud pública sobre la amenaza constante de los virus respiratorios emergentes. Ahora, un nuevo trabajo científico alerta de que otros dos patógenos, menos conocidos pero con potencial epidémico, podrían convertirse en la próxima sorpresa: el virus de la influenza D y el coronavirus canino HuPn-2018. El estudio, publicado en la revista Emerging Infectious Diseases de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, revisa la evidencia disponible sobre estos dos virus de origen zoonótico y advierte de que la falta de sistemas diagnósticos y de vigilancia específicos impide conocer su verdadera magnitud. «Si deseamos evitar ser engañados nuevamente por un virus nuevo que repentinamente gana una eficiente transmisibilidad de persona a persona y causa grandes epidemias humanas, sería prudente desarrollar mejores sistemas de vigilancia y nuevas contramedidas», sostienen los autores. Un virus gripal que ya circula ampliamente en animales El virus de la influenza D (IDV, por sus siglas en inglés) fue detectado por primera vez en 2011 en cerdos con síntomas respiratorios. Pertenece a la familia Orthomyxoviridae, la misma que incluye a los virus de la gripe A, B y C. Aunque comparte aproximadamente un 50% de identidad genética con la influenza C —habitualmente leve en humanos—, su comportamiento es muy distinto. Inicialmente se pensó que el IDV estaba restringido a cerdos y ganado bovino, pero en los últimos años se ha detectado en una amplia gama de especies: camellos, ciervos, jirafas, canguros, llamas, ñus e incluso aves de corral. Esta expansión del rango de hospedadores recuerda a la ecología de la gripe aviar altamente patógena. Los investigadores subrayan que el principal reservorio parece ser el ganado vacuno. De hecho, el IDV se ha vinculado con el complejo respiratorio bovino, una de las enfermedades más costosas para la industria ganadera estadounidense, con pérdidas estimadas en más de 1.000 millones de dólares anuales. En estudios recientes realizados en granjas de Estados Unidos y México, el virus fue detectado más de 50 veces en unas 500 muestras nasales de reses, tanto enfermas como aparentemente sanas. Evidencia creciente de infección en humanos Aunque hasta la fecha no se ha aislado un IDV viable en humanos, la evidencia acumulada apunta a que el virus es zoonótico y podría estar infectando a personas de forma subclínica, especialmente a aquellas con contacto laboral con animales, según el estudio. En 2016, un estudio seroepidemiológico en trabajadores ganaderos de Florida encontró que más del 97% presentaban anticuerpos neutralizantes frente al IDV, frente al 18% en una población sin exposición al ganado. Posteriormente, en 2023, otro trabajo en trabajadores lecheros de Colorado detectó material genético del virus en el 67% de los participantes durante un periodo de cinco días. Los datos más impactantes proceden de China. Un equipo científico halló evidencia serológica de infección en el 73% de 612 personas estudiadas en el noreste del país, porcentaje que ascendía al 97% entre quienes presentaban síntomas respiratorios. Además, el estudio documentó transmisión aérea entre hurones —modelo animal clásico para la investigación de la gripe— y replicación eficiente del virus en células epiteliales humanas primarias. La cepa analizada, denominada D/HY11 y aislada en 2023 en ganado, mostró mayor capacidad de transmisión por aerosoles que variantes previas, posiblemente asociada a mutaciones en el gen de la polimerasa P3. De acuerdo con los autores, estos hallazgos sugieren que el IDV podría estar adquiriendo características que faciliten la transmisión entre humanos, lo que lo convertiría en una amenaza «panzoótica» potencial. Un coronavirus canino que ya infecta a personas El segundo virus analizado es el coronavirus canino HuPn-2018 (CCoV-HuPn-2018), un alfacoronavirus recombinante descrito por primera vez en 2021 tras aislarse en un niño hospitalizado con neumonía en Malasia. Pertenece a la familia Coronaviridae, responsable también de epidemias recientes como el SARS, el MERS y la COVID-19. El análisis genético reveló que el virus compartía el 97% de identidad con coronavirus caninos, pero su proteína de la espícula —clave para la entrada en las células— contenía segmentos de coronavirus felinos y del virus de la gastroenteritis transmisible porcina, lo que apunta a un origen recombinante complejo. Desde entonces, se han identificado virus prácticamente idénticos en muestras de orina de viajeros procedentes de Haití y en pacientes con enfermedad respiratoria en Tailandia y Estados Unidos. Más recientemente, un equipo de vigilancia detectó el virus en 18 de 200 pacientes hospitalizados por neumonía en Hanói, Vietnam, lo que sugiere una distribución geográfica amplia y posiblemente una prevalencia en aumento. Una de las principales preocupaciones es que las pruebas diagnósticas clínicas habituales para virus respiratorios no detectan el CCoV-HuPn-2018, por lo que podría estar pasando desapercibido en numerosos casos. Los estudios sobre su mecanismo de entrada celular indican que utiliza la aminopeptidasa N de perros, gatos y cerdos como receptor, pero no la humana. Sin embargo, experimentos con pseudovirus han demostrado que su proteína de la espícula puede infectar varias líneas celulares humanas por mecanismos alternativos, lo que sugiere que podría estar en proceso de adaptación. Reforzar la vigilancia ante amenazas conocidas Más allá de estos dos virus, los autores insisten en que otros patógenos respiratorios animales —incluidos adenovirus, paramixovirus o picornavirus— podrían estar dando el salto a humanos sin ser detectados. Argumentan que la vigilancia debería centrarse estratégicamente en el nexo humano-animal, donde el riesgo de transmisión es mayor, como en explotaciones porcinas o avícolas. Actualmente no existe ningún ensayo molecular o serológico aprobado para uso rutinario en humanos o animales que permita diagnosticar de forma específica infecciones por IDV o CCoV-HuPn-2018. Esto limita el conocimiento sobre su epidemiología real y sus manifestaciones clínicas. El estudio propone desarrollar pruebas comerciales de PCR específicas, implementar sistemas de vigilancia periódica con diagnósticos «panespecie» y secuenciación de nueva generación, y considerar la evaluación de antivirales e incluso el desarrollo de vacunas si futuros estudios epidemiológicos lo justifican. La lección, subrayan los investigadores, es clara. Tras las pandemias de 2009 y 2019, el mundo no puede permitirse ignorar señales tempranas. Detectar y contener amenazas antes de que adquieran transmisión eficiente entre humanos no solo es científicamente posible, sino económicamente más sostenible que reaccionar cuando la crisis ya se ha desatado.

La Amenaza Silenciosa de Nuevos Virus Respiratorios

Un reciente análisis científico, publicado en Emerging Infectious Diseases, destaca la importancia de vigilar de cerca la influenza D y un coronavirus canino. Estos virus, aunque actualmente menos conocidos, podrían adquirir la capacidad de transmitirse entre humanos. Por lo tanto, es crucial reforzar los sistemas de detección y vigilancia para evitar futuras crisis sanitarias.

El Recuerdo de Pandemias Pasadas

Todos recordamos el año 2009, cuando la gripe A(H1N1) se propagó globalmente. Más recientemente, en 2019, un nuevo coronavirus causó la mayor crisis sanitaria en un siglo. Ambas pandemias nos recordaron que los virus respiratorios emergentes representan una amenaza constante para la salud pública. Ahora, la comunidad científica está alertando sobre dos patógenos adicionales. Estos podrían sorprendernos en el futuro: el virus de la influenza D y el coronavirus canino HuPn-2018.

¿Qué dice el estudio?

El estudio fue publicado en la prestigiosa revista Emerging Infectious Diseases de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Dicho estudio examina la evidencia disponible sobre estos dos virus de origen animal. Además, los autores advierten que la falta de sistemas diagnósticos y de vigilancia específicos impide conocer la verdadera magnitud de estos patógenos. En consecuencia, sugieren que «si deseamos evitar ser engañados nuevamente por un virus nuevo que repentinamente gana una eficiente transmisibilidad de persona a persona y causa grandes epidemias humanas, sería prudente desarrollar mejores sistemas de vigilancia y nuevas contramedidas».

Influenza D: Un Virus Gripal en Expansión

El virus de la influenza D (IDV) fue detectado por primera vez en 2011 en cerdos con problemas respiratorios. Este virus pertenece a la familia Orthomyxoviridae, que también incluye los virus de la gripe A, B y C. A pesar de compartir un 50% de identidad genética con la influenza C, que generalmente es leve en humanos, su comportamiento es muy diferente.

Inicialmente, se creía que el IDV solo afectaba a cerdos y ganado bovino. Sin embargo, en los últimos años, se ha detectado en una amplia variedad de especies. Estas incluyen camellos, ciervos, jirafas, canguros, llamas, ñus e incluso aves de corral. Por otro lado, esta expansión del rango de hospedadores es similar a la ecología de la gripe aviar altamente patógena.

Los investigadores enfatizan que el principal reservorio del virus parece ser el ganado vacuno. De hecho, el IDV se ha relacionado con el complejo respiratorio bovino. Esta es una de las enfermedades más costosas para la industria ganadera estadounidense. Se estiman pérdidas anuales en más de 1.000 millones de dólares. En estudios recientes realizados en granjas de Estados Unidos y México, el virus fue detectado más de 50 veces en unas 500 muestras nasales de reses. Esto incluye tanto animales enfermos como aparentemente sanos.

Evidencia de Infección Humana

Aunque hasta ahora no se ha aislado un IDV viable en humanos, la evidencia acumulada sugiere que el virus es zoonótico y podría estar infectando a personas de forma subclínica. Especialmente podrían estar en riesgo aquellas que trabajan en contacto cercano con animales.

En 2016, un estudio seroepidemiológico en trabajadores ganaderos de Florida encontró que más del 97% presentaban anticuerpos neutralizantes frente al IDV. Esto se compara con el 18% en una población sin exposición al ganado. Más tarde, en 2023, otro estudio en trabajadores lecheros de Colorado detectó material genético del virus en el 67% de los participantes. El análisis se realizó durante un período de cinco días.

Los datos más impactantes provienen de China. Un equipo científico halló evidencia serológica de infección en el 73% de 612 personas estudiadas en el noreste del país. Este porcentaje aumentó al 97% entre aquellos que presentaban síntomas respiratorios. Además, el estudio documentó transmisión aérea entre hurones y replicación eficiente del virus en células epiteliales humanas primarias.

La cepa analizada se denomina D/HY11 y fue aislada en 2023 en ganado. Dicha cepa mostró una mayor capacidad de transmisión por aerosoles que variantes anteriores. Esto ocurrió posiblemente debido a mutaciones en el gen de la polimerasa P3. Según los autores, estos hallazgos sugieren que el IDV podría estar adquiriendo características que faciliten la transmisión entre humanos. Por lo tanto, el virus se convertiría en una amenaza «panzoótica» potencial.

Coronavirus Canino HuPn-2018: Un Nuevo Peligro

El segundo virus analizado es el coronavirus canino HuPn-2018 (CCoV-HuPn-2018). Este alfacoronavirus recombinante se descubrió por primera vez en 2021 tras aislarse en un niño hospitalizado con neumonía en Malasia. Pertenece a la familia Coronaviridae, responsable también de epidemias recientes como el SARS, el MERS y la COVID-19.

El análisis genético reveló que el virus compartía el 97% de identidad con coronavirus caninos. Sin embargo, su proteína de la espícula contenía segmentos de coronavirus felinos y del virus de la gastroenteritis transmisible porcina. Esto sugiere un origen recombinante complejo.

Desde entonces, se han identificado virus prácticamente idénticos en muestras de orina de viajeros procedentes de Haití y en pacientes con enfermedad respiratoria en Tailandia y Estados Unidos. Más recientemente, un equipo de vigilancia detectó el virus en 18 de 200 pacientes hospitalizados por neumonía en Hanói, Vietnam. Esto indica una distribución geográfica amplia y posiblemente una prevalencia en aumento.

Detección y Adaptación

Una de las principales preocupaciones es que las pruebas diagnósticas clínicas habituales para virus respiratorios no detectan el CCoV-HuPn-2018. Esto significa que podría estar pasando desapercibido en muchos casos.

Los estudios sobre su mecanismo de entrada celular indican que utiliza la aminopeptidasa N de perros, gatos y cerdos como receptor, pero no la humana. Sin embargo, experimentos con pseudovirus han demostrado que su proteína de la espícula puede infectar varias líneas celulares humanas por mecanismos alternativos. Esto sugiere que podría estar en proceso de adaptación.

Vigilancia Continua: La Clave para la Prevención

Más allá de la influenza D y el coronavirus canino , los autores insisten en que otros patógenos respiratorios animales podrían estar dando el salto a humanos sin ser detectados. Argumentan que la vigilancia debería centrarse estratégicamente en el nexo humano-animal, como en explotaciones porcinas o avícolas, donde el riesgo de transmisión es mayor.

Actualmente, no existe ningún ensayo molecular o serológico aprobado para uso rutinario en humanos o animales que permita diagnosticar de forma específica infecciones por IDV o CCoV-HuPn-2018. En consecuencia, esto limita el conocimiento sobre su epidemiología real y sus manifestaciones clínicas.

Recomendaciones para el Futuro

El estudio propone desarrollar pruebas comerciales de PCR específicas. Además, plantea implementar sistemas de vigilancia periódica con diagnósticos «panespecie» y secuenciación de nueva generación. También se sugiere considerar la evaluación de antivirales e incluso el desarrollo de vacunas si futuros estudios epidemiológicos lo justifican.

La lección, según los investigadores, es clara. Después de las pandemias de 2009 y 2019, el mundo no puede permitirse ignorar las señales tempranas. Detectar y contener amenazas antes de que adquieran transmisión eficiente entre humanos no solo es científicamente posible. Además, es económicamente más sostenible que reaccionar cuando la crisis ya se ha desatado.

Fuente: Gaceta Médica

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