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¿Qué pasa cuando una mujer no puede comprar toallas sanitarias? Riesgos para la salud y alternativas

oven sentada en espacio exterior, ilustración sobre la gestión menstrual y la imposibilidad de acceder a toallas sanitarias

La pobreza menstrual: una barrera al bienestar y a los derechos

En Ecuador, la imposibilidad de acceder a toallas sanitarias y otros insumos menstruales trasciende la simple falta de higiene para convertirse en un asunto de derechos humanos y salud pública. Miles de niñas, adolescentes y mujeres enfrentan cada mes la dificultad o imposibilidad de obtener productos adecuados para vivir su menstruación con seguridad y dignidad. Esta realidad, conocida como pobreza menstrual, abarca no solo la carencia de insumos, sino también la falta de información, agua potable, servicios de saneamiento, privacidad y atención médica esencial.

Según una encuesta de Unicef aplicada a 3.605 adolescentes y jóvenes en todo el país, el 91,59 % de los participantes considera que las instituciones educativas y los centros de salud deberían entregar insumos de gestión menstrual de forma gratuita. Sin embargo, la realidad dista mucho de esa aspiración. Cuando una mujer no puede comprar toallas sanitarias, se ve obligada a tomar decisiones que comprometen su salud integral y limitan su participación social.

Riesgos físicos y emocionales por falta de insumos adecuados

Ante la carencia de productos apropiados, muchas personas recurren a materiales improvisados como papel, trozos de tela u objetos que no cumplen con condiciones mínimas de salubridad. Catalina Vaca, representante de Plan Internacional en Ecuador, advierte que la imposibilidad de acceder a toallas sanitarias obliga a reutilizar materiales o extender excesivamente el tiempo de uso de los pocos insumos disponibles. Esta práctica conlleva riesgos directos: irritación de la piel, incomodidad persistente, dificultad para mantener una higiene adecuada y mayor probabilidad de infecciones del tracto reproductor y urinario. El peligro se agrava si los materiales están húmedos, mal lavados o secados sin condiciones apropiadas.

Por otra parte, el impacto no se limita al cuerpo. Cuando una mujer no puede comprar toallas sanitarias, también sufre consecuencias psicológicas y sociales profundas. Surgen sentimientos de vergüenza, ansiedad y aislamiento. Muchas niñas y adolescentes dejan de asistir a clases, practicar deportes o participar en actividades cotidianas por temor a que se manifieste el sangrado ante los demás. Como señala Vaca, cuando una joven abandona sus actividades por no tener insumos, ya no se trata solo de menstruación: se trata de una barrera que impide el ejercicio pleno de sus derechos.

Brechas estructurales que agravan el problema

Los datos revelan la magnitud de las carencias en espacios educativos: el 55 % de los adolescentes indicó que sus centros no brindaban información adecuada sobre el ciclo menstrual; el 48 % no contaba con papel higiénico; y un preocupante 92 % carecía de suministros específicos para la gestión menstrual. A esto se suma que apenas el 31 % de las escuelas fiscales dispone simultáneamente de agua, saneamiento e higiene en condiciones aceptables. Estas deficiencias estructurales hacen que, incluso cuando una mujer desea comprar toallas sanitarias o utilizar alternativas seguras, no cuente con los servicios básicos para usarlas correctamente.

Soluciones y alternativas sostenibles

Frente a esta situación, es necesario abordar la gestión menstrual desde un enfoque de derechos: garantizar información veraz, autonomía, privacidad, insumos apropiados y servicios de agua y saneamiento, sin estigma ni discriminación. Existen opciones seguras y sostenibles que pueden complementar o sustituir las toallas desechables, tales como toallas de tela reutilizables de calidad, ropa interior menstrual y copas menstruales. Estas alternativas requieren, sin embargo, acompañamiento informativo y condiciones de higiene para ser usadas con confianza.

Para cerrar las brechas, es igualmente imperativo recopilar datos sistemáticos que orienten políticas públicas efectivas. Aquello que no se mide difícilmente se transforma en soluciones reales. La meta final es construir un entorno donde la menstruación se entienda como un proceso natural y un asunto de corresponsabilidad social. Así, ninguna persona tendrá que renunciar a su bienestar, su educación o su dignidad por no poder comprar toallas sanitarias cada mes.

Fuente: El Universo

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