El crimen ocurrió tras una discusión doméstica; el asesino intentó encubrir el homicidio con una coartada y planes de fuga
Una tragedia estremeció a la comunidad de Alangasí, parroquia rural del Distrito Metropolitano de Quito, cuando se descubrió el asesinato de Grace Soraya. Una madre de familia de aproximadamente 50 años, a manos de su propio hijo, Jean Pierre P. P., de 30 años. El caso, calificado como uno de los crímenes más escalofriantes del año. Culminó con una sentencia de 40 años de prisión, la pena máxima agravada contemplada en el Código Orgánico Integral Penal (COIP) reformado.

El inicio de una macabra mentira
El 3 de septiembre de 2024, Jean Pierre denunció la desaparición de su madre ante las autoridades. Alegó que ella había salido de viaje a Otavalo por temas relacionados con la venta de un terreno y que debía regresar el 5. Al ver que no volvía, supuestamente se preocupó y acudió a la Policía. Sin embargo, un día antes de su denuncia, el 4 de septiembre. El cuerpo de una mujer fue encontrado en una zanja, dentro de una maleta negra cubierta con plástico y pintura, en los alrededores de Quito.
Las autoridades lo contactaron para reconocer el cadáver y las características coincidieron con las de Grace Soraya. A partir de ese momento, se desplegó una intensa investigación que terminaría por revelar una verdad perturbadora.
Cámaras, testigos y ADN confirmaron la autoría
La Policía accedió a grabaciones de cámaras de seguridad del sector y recolectó testimonios clave. Una vecina afirmó haber visto a Jean Pierre arrastrando una maleta similar el mismo día de la desaparición de su madre. Al allanar la vivienda compartida por madre e hijo. La Policía encontró elementos sospechosos, y el joven fue detenido mientras se preparaba para abandonar el país.
Durante los interrogatorios, Jean Pierre confesó el crimen, señalando que todo ocurrió tras una discusión por no haber tendido la cama. En la que estaban colocados sus libros universitarios. En medio del altercado, la agredió físicamente, la estranguló y asfixió, causando su muerte.
Posteriormente, intentó desaparecer el cuerpo comprando una maleta y deshaciéndose del cadáver arrojándolo en una zanja. Las pruebas de ADN halladas en la escena del crimen y en la maleta confirmaron que tanto la víctima como el victimario estaban directamente implicados.
Alegatos, pericias y sentencia
En el juicio, la defensa de Jean Pierre trató de alegar que no tenía intención de matar a su madre y que actuó en un momento de descontrol emocional. No obstante, las pericias psiquiátricas indicaron que no padecía trastornos mentales. Aunque sí se evidenció un patrón de impulsividad cognitiva y motora, así como una dificultad para controlar los impulsos.
A pesar de haber colaborado con la justicia, el tribunal desestimó la aplicación de atenuantes debido a la gravedad del crimen y a la existencia de una agravante, al tratarse de un delito perpetrado contra una mujer, según lo estipulado en el artículo 47, numeral 21 del COIP, en concordancia con la Ley Para Prevenir la Violencia Contra la Mujer.
El tribunal dictó la pena de 40 años de privación de libertad, la máxima sanción agravada contemplada para estos casos, además de ordenar el pago de 20.000 dólares como reparación integral a los herederos de la víctima.
La legislación que ampara el fallo
El proceso se desarrolló con base en el artículo 140 del COIP, reformado en julio de 2024, que contempla penas de entre 26 y 30 años para el asesinato de un ascendiente. En este caso, se aplicó la máxima sanción posible debido a la violencia con la que se cometió el crimen y a la premeditación en el intento de ocultar el cadáver.
El caso ha causado consternación nacional, no solo por la brutalidad del acto, sino por el perfil del victimario y la aparente normalidad con la que intentó engañar a las autoridades y a su entorno cercano.
Este crimen refleja las múltiples capas de violencia que pueden estar presentes en el entorno familiar y deja una lección clara sobre la importancia de identificar y tratar a tiempo conductas de riesgo. La sentencia, ejemplar en su rigor, sienta un precedente para sancionar con contundencia la violencia intrafamiliar y los femicidios, aun cuando el agresor sea un hijo.
Fuente: El Universo
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