El sistema de salud pública en Ecuador enfrenta una paradoja preocupante: a pesar de un incremento significativo en la inversión, la calidad de la atención y el acceso a servicios básicos no han mejorado. Este fenómeno, lejos de ser un simple problema de financiación, se origina en una compleja red de ineficiencias dentro del sistema de salud pública. Estas abarcan desde la asignación de recursos hasta la gestión de compras y la distribución de medicamentos. El análisis de informes recientes, como el del Banco Mundial, revela que el dinero público destinado a la salud supera los $5.000 millones anuales entre el Ministerio de Salud Pública y el IESS. Sin embargo, ese dinero no se traduce en beneficios tangibles para los ciudadanos.
Desvíos y Prioridades Equivocadas
Una de las principales causas de esta disonancia radica en la distribución del presupuesto. Aproximadamente el 60% del gasto se destina a salarios y beneficios del personal, un porcentaje considerable que limita la inversión en áreas cruciales como la adquisición de medicamentos, el mantenimiento de equipos y la disponibilidad de camas. En el contexto de la salud pública, esta priorización del gasto corriente sobre la inversión en capacidad operativa deja a los hospitales en una situación precaria. Son incapaces de ofrecer una atención integral a pesar de contar con personal. Además, la baja productividad es otro factor determinante. Se observa una notable disparidad en la eficiencia entre establecimientos con presupuestos similares. Algunos atienden a un número significativamente mayor de pacientes que otros.
Ineficiencia en Compras y Abastecimiento
La cadena de suministro de medicamentos y suministros médicos presenta también graves deficiencias. La falta de transparencia en los precios, la ausencia de trazabilidad del gasto y la multiplicidad de mecanismos de compra sin una coordinación centralizada generan ineficiencias. Así pues, el sistema de salud pública se ve perjudicado por estas falencias. Esto se traduce en sobrecostos y desabastecimiento. A pesar de las intenciones gubernamentales de centralizar las compras y mejorar la transparencia, la ejecución efectiva de los presupuestos asignados ha sido deficiente. Como resultado, millones de dólares no se convierten en medicinas disponibles para los pacientes. El modelo de abastecimiento prioriza el menor precio sobre la calidad y la oportunidad. Además, se basa en datos incompletos para la planificación de la demanda y perpetúa un ciclo de escasez y desperdicio.
Fragmentación y Falta de Control
La fragmentación del sistema de salud, con múltiples entidades (Ministerio de Salud Pública, IESS, ISSFA/ISSPOL, sector privado) operando de manera independiente y con sistemas de compra descoordinados, agrava el problema. Cada unidad, en lugar de funcionar como parte de un todo integrado, opera como un ente aislado. Cabe destacar que la falta de conexión entre los actores de la salud pública dificulta la eficiencia. Esto resulta en precios variables para los mismos productos y una distribución desigual de recursos. La gestión de inventarios también presenta fallas. Las compras anuales se realizan en una sola entrega, lo que satura las bodegas, aumenta el riesgo de caducidad y dificulta el almacenamiento de otros productos esenciales. En consecuencia, esta falta de una visión unificada y de una gestión eficiente de la cadena de suministro impacta directamente en la capacidad del sistema para satisfacer las necesidades reales de la población.
Consecuencias para el Paciente
La consecuencia más directa de estas ineficiencias es la afectación a la calidad de la atención y la experiencia del paciente. Largas esperas, atención apresurada, falta de medicamentos esenciales y la necesidad de recurrir a servicios privados o comprar medicinas por cuenta propia son realidades cotidianas para muchos ecuatorianos. De hecho, el 32,8% del gasto en salud es sufragado directamente por las familias, lo que puede generar empobrecimiento y gastos catastróficos. Además, la asignación de presupuestos basada en el historial en lugar de las necesidades reales y los resultados perpetúa un sistema que financia la estructura en lugar del desempeño. Por esto, el acceso y calidad de la salud pública siguen siendo retos para los ciudadanos. Esto deja a los ciudadanos en una situación de vulnerabilidad ante la falta de un sistema de salud pública verdaderamente efectivo y equitativo.
Fuente: La Hora
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