Durante décadas, el índice de masa corporal (IMC) ha sido el principal referente para evaluar la obesidad. Sin embargo, hoy su utilidad es cuestionada. Especialistas coinciden en que el índice de masa corporal (IMC) no refleja de forma precisa el estado real de la salud metabólica.
Tras las festividades, muchas personas temen subirse a la báscula. El peso suele generar preocupación inmediata. No obstante, este enfoque resulta incompleto. Según Diego Bellido, jefe de Endocrinología del CHUF, solo pensamos en los kilos cuando queremos perderlos. Sin embargo, el verdadero problema no son los kilos, sino su impacto fisiológico. Además, el índice de masa corporal (IMC) debería considerarse solo una parte de esto.
El IMC y sus limitaciones clínicas
El índice de masa corporal (IMC) se calcula dividiendo el peso entre la altura al cuadrado. Aun así, este parámetro solo describe tamaño corporal. No informa sobre composición corporal. Por tanto, no distingue músculo de grasa.
Andreea Ciudin, del Hospital Vall d’Hebron, explica que un culturista puede tener un IMC extremadamente alto sin presentar obesidad real. En contraste, una persona con IMC normal puede tener exceso de grasa corporal. En ese caso, sí existe obesidad clínica.
Por ello, los expertos afirman que el llamado “obeso sano” no existe. Si no se detectan consecuencias, es porque no se han evaluado correctamente. El exceso de grasa se asocia con diabetes, hipertensión y dislipidemias. Estas condiciones incrementan el riesgo de infartos e ictus.
El origen histórico del índice de masa corporal
El índice de masa corporal (IMC) fue creado en el siglo XIX por Adolphe Quetelet. Su objetivo no era médico. Se basó en datos de soldados varones blancos europeos. Posteriormente, la OMS lo adoptó sin validación global e ignoró las variaciones que el índice de masa corporal (IMC) presenta en diferentes grupos étnicos.

Con el tiempo, se comprobó que el IMC requiere ajustes según etnia y contexto. A pesar de ello, sigue utilizándose como criterio central. Esto ha generado evidencia científica incompleta durante décadas.
Nuevas herramientas para evaluar la obesidad
Actualmente, se promueve un enfoque multidimensional. El perímetro de la cintura, la bioimpedancia y la DXA aportan mayor precisión diagnóstica. Estas técnicas permiten evaluar grasa, músculo y distribución corporal, más allá del mero índice de masa corporal (IMC).
Además, destaca la herramienta española CUN-BAE. Este modelo predictivo estima la grasa corporal considerando edad y sexo. Fue desarrollado con datos de 6.000 personas. Su uso resulta más realista en población sedentaria o con baja actividad física.
Asimismo, la edad influye significativamente. Con los años, aumenta la grasa corporal y disminuye el músculo, incluso sin cambios de peso.
Una enfermedad con múltiples expresiones
Los expertos coinciden en que no existe una única obesidad. Existen diversas obesidades. Cada una requiere un abordaje específico. No todos los casos responden a fármacos como Ozempic.
El tratamiento debe priorizar hábitos saludables. La farmacología o cirugía complementan el proceso. Además, la evaluación psicológica es esencial.
Finalmente, los especialistas concluyen que el verdadero exceso no son los kilos, sino que es la grasa corporal que se acumula ignorando el tradicional índice de masa corporal (IMC). Convertir ese exceso en músculo protege la salud y reduce riesgos metabólicos.
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