Durante mucho tiempo, la sociedad ha sostenido una creencia muy arraigada: envejecer implica un deterioro físico y mental inevitable. Sin embargo, investigaciones recientes demuestran que esta visión responde más a constructos culturales que a la propia biología humana. La forma en que cada individuo percibe esta etapa de la vida puede condicionar directamente su estado de salud, su memoria y su movilidad con el paso del tiempo, generando un envejecimiento saludable.
La actitud como factor determinante
Uno de los trabajos más completos al respecto fue liderado por la psicóloga Becca Levy, de la Escuela de Salud Pública de Yale. El estudio se extendió durante más de una década y contó con la participación de más de 11.000 personas con edades comprendidas entre los 50 y los 99 años. Su objetivo era medir cómo las actitudes hacia el envejecimiento saludable influían en la evolución de la salud a largo plazo.
Los resultados superaron todas las expectativas. Aquellos participantes con una visión optimista obtuvieron puntuaciones mucho más altas en pruebas de memoria, velocidad de desplazamiento y capacidades cognitivas. Más sorprendente aún fue constatar que casi la mitad del grupo mostró mejoras en estas habilidades conforme pasaban los años. Concretamente, el 44 % experimentó avances en su agilidad y funciones mentales durante un seguimiento promedio de ocho años.
Para evaluar las percepciones, los expertos plantearon afirmaciones como: “Cuanto más envejezco, más inútil me siento” o “Soy tan feliz ahora como cuando era más joven”. Según Levy, mantener una mentalidad positiva genera expectativas más sanas y motiva conductas que protegen el organismo.
Edad no es sinónimo de enfermedad
Otra conclusión fundamental es que cumplir años no equivale automáticamente a padecer patologías graves. El geriatra Velandai Srikanth, director del Centro Nacional para un Envejecimiento Saludable, lo resume con claridad: “La edad no es enfermedad; es solo el paso del tiempo”.
Con frecuencia, las personas asumen que cualquier dolor o limitación es consecuencia natural de la edad. Esta idea errónea impide buscar soluciones adecuadas. Por ejemplo, ante una molestia articular, se puede aceptar como algo inevitable o bien recurrir a tratamientos, ejercicios o cambios en la rutina que restauren el bienestar.
Hábitos y entorno, aliados esenciales
Además de la mentalidad, existen otros pilares para transitar esta etapa con plenitud. La psiquiatra Julia Lappin indica que una actitud constructiva suele ir acompañada de rutinas beneficiosas. La actividad física constante, el estímulo intelectual y el mantenimiento de vínculos sociales son factores recurrentes en quienes logran un envejecimiento saludable.
Asimismo, el contexto juega un papel relevante. Convivir con personas mayores activas y dinámicas crea un efecto de motivación que favorece conservar la autonomía y la vitalidad.
Rompiendo barreras sociales
A pesar de la evidencia científica, el edadismo sigue siendo una barrera estructural en muchas sociedades. Srikanth relata que al cumplir 60 años le consultaron cuándo se retiraría, aun cuando estaba en su etapa más productiva. Estos prejuicios hacen que se subestimen capacidades que siguen evolucionando.
Lejos de la idea generalizada, la satisfacción vital puede aumentar con la madurez. El psiquiatra Brian Draper confirma que en Australia las tasas de depresión más bajas corresponden al grupo de 65 a 85 años. Incluso la jubilación suele asociarse con una mejora notable en la calidad de vida y el equilibrio personal.
Fuente: El Universo
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