Alcance del problema según datos internacionales
Entre 380.000 y 600.000 personas en Ecuador podrían haber sido empujadas a la pobreza por gastos de salud. Esta cifra proviene del informe World Health Statistics 2026 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Asimismo, entre el 7,5% y el 9% de los hogares enfrenta desembolsos considerados empobrecedores o catastróficos. El informe se basa en indicadores vinculados a la meta ODS 3.8.2, que evalúa la protección financiera ante gastos sanitarios. En Ecuador, una parte importante de los costos de salud en consultas, exámenes, procedimientos y fármacos recae directamente en las familias. En consecuencia, esos recursos dejan de destinarse a alimentación, vivienda o educación.
A este panorama se suma el perfil epidemiológico del país. La esperanza de vida al nacer es de 74 años, mientras que la esperanza de vida saludable llega a los 64,3 años. Las enfermedades no transmisibles —diabetes, cáncer y afecciones cardiovasculares— causan el 62,2% de las defunciones registradas. Al tratarse de padecimientos prolongados, su atención genera gastos sostenidos en el tiempo.
El gasto de bolsillo supera los umbrales recomendados
Se considera gasto catastrófico cuando los desembolsos sanitarios superan una proporción significativa de los recursos disponibles. En Ecuador, entre el 7,5% y el 9% de los hogares soporta esa presión.
El gasto de bolsillo representa el 33,4% del gasto total en salud del país. Ese porcentaje supera con creces el 20% que se señala como referencia para mitigar riesgos financieros. Dicho de otro modo, los hogares ecuatorianos aportan una proporción muy superior a la recomendada internacionalmente.
El impacto no se distribuye de forma equitativa. Según datos del economista Marco Antonio Acosta, el gasto mensual por persona en salud alcanza 3,88 dólares en los hogares más pobres, frente a 50,18 dólares en los de mayores ingresos. La brecha de cobertura es aún más marcada: apenas el 9,6% de los hogares más pobres dispone de algún seguro, en contraste con cerca del 80% en los sectores de mayores ingresos.
La situación se agrava por las condiciones del mercado laboral. El acceso al aseguramiento público se vincula en gran medida al empleo formal. Por tanto, la informalidad deja sin protección a una parte considerable de la población.
Desabastecimiento y costos adicionales
La falta de medicamentos en establecimientos públicos es otro factor determinante. Cuando un fármaco no está disponible en el sector público, los pacientes deben adquirirlo en farmacias privadas a precios mayores.
Estos costos de salud obligan a reasignar el presupuesto familiar. Los recursos destinados a alimentación, arriendo o educación terminan cubriendo medicamentos, consultas o análisis. El efecto recae con mayor crudeza sobre los hogares de ingresos limitados.
Contexto regional y perspectivas de solución
Al comparar con la región, el 33,4% de gasto de bolsillo en Ecuador contrasta con el 15% de Colombia y el 16,5% de Uruguay. También supera el promedio estimado para las Américas (22,5%), así como los registros de Costa Rica (21%) y Chile (29%). En cuanto a hogares afectados por gastos empobrecedores o catastróficos, el rango del 7,5% al 9% también resulta superior al de otros países del área.
El economista Andrés Rodríguez Verdesoto señala posibles vías de mejora. A su juicio, fortalecer la logística, optimizar las compras públicas y garantizar el suministro de medicamentos reducirían gastos innecesarios. Además, propone extender mecanismos de protección para trabajadores informales. En definitiva, se trata de un reto que combina política sanitaria y sostenibilidad económica de los hogares.
En conclusión, enfermedades en Ecuador: costos de salud y riesgo de pobreza constituyen una relación estrecha y preocupante. El peso del gasto directo de las familias supera los umbrales razonables y afecta de forma desproporcionada a quienes tienen menos. Reducir esa carga requiere mejorar la cobertura, asegurar insumos y proteger a quienes están fuera del sistema formal. Todo ello resulta indispensable para que enfermarse no signifique caer en la pobreza.
Fuente: El Diario
