La llegada de las primeras lluvias marcó el inicio de una etapa clave para las zonas rurales de Manabí. La siembra de maíz no solo activa la tierra, sino que impulsa una cadena económica. Esta cadena involucra inversión, empleo temporal y expectativas de recuperación para cientos de familias campesinas. Aunque los costos siguen siendo elevados y la incertidumbre por los precios persiste, el movimiento en el campo ya se siente con fuerza.

Las lluvias reactivan el trabajo agrícola en la zona rural
En sectores como la vía Colón–Quimis, Cuatro Esquinas–El Rodeo y otras zonas rurales de Portoviejo, los agricultores han comenzado a trabajar intensamente la tierra. La temporada invernal, que recién inicia, ha permitido que los productores aprovechen la humedad del suelo. De este modo pueden sembrar maíz, uno de los cultivos más importantes para la economía agrícola de Manabí.
El movimiento de maquinaria, la preparación de los terrenos y la contratación de mano de obra han dinamizado la actividad rural en los últimos días. Así se genera un impacto directo en comunidades que dependen de la agricultura como principal fuente de ingresos.
La inversión inicial: semillas y agroinsumos marcan el arranque
La siembra de maíz implica una inversión considerable desde el inicio. Enrique Celorio, propietario de un almacén de agroquímicos en la vía Portoviejo–Santa Ana, explicó que desde hace una semana los agricultores han comenzado a adquirir semillas. No obstante, la demanda todavía no alcanza los niveles del año pasado.
La semilla más solicitada es la variedad emblema, cuyo costo por funda bordea los 200 dólares y permite sembrar una cuadra. A este valor se suman los herbicidas, indispensables para el control de malezas, con un costo aproximado de 30 dólares adicionales por unidad.
Celorio señaló que, a diferencia de otros insumos, los precios de semillas y herbicidas se han mantenido estables en comparación con 2025. Por eso esto genera cierto alivio entre los productores.
El aumento de la urea eleva los costos de producción
Uno de los principales golpes al presupuesto agrícola ha sido el incremento del precio de la urea. Este fertilizante pasó de costar 26 dólares a 29,50 dólares por saco. Es un aumento que, según los comerciantes, está relacionado con la eliminación del subsidio al diésel. Esto se debe a que el producto se transporta desde Guayaquil.
Los agricultores advierten que este incremento se reflejará con mayor fuerza en las siguientes etapas del cultivo. Esto ocurrirá cuando sea necesario fertilizar las plantas para asegurar un buen desarrollo y rendimiento.
Trabajo en el campo y generación de empleo temporal
La siembra también activa la contratación de mano de obra temporal. Iván Briones, agricultor de la vía Colón–Quimis, inició esta semana la siembra en cuatro cuadras de terreno y contrató a tres personas para realizar las labores iniciales. Cada trabajador recibe 13 dólares por jornada, un ingreso que, aunque temporal, resulta vital para muchas familias rurales.
Este empleo se extiende durante varias fases del cultivo, desde la siembra hasta la aplicación de fertilizantes. Así se generan oportunidades laborales que pueden prolongarse hasta por tres meses.
Costos elevados y una producción que exige resistencia
Según estimaciones de los propios agricultores, el costo total de producción por cada hectárea de maíz oscila entre los 2.000 y 2.400 dólares. Esta cifra incluye semillas, fertilizantes, herbicidas, mano de obra y otros gastos operativos.
En Manabí, cada año se siembran entre 90.000 y 100.000 hectáreas de maíz, lo que convierte al cultivo en un eje estratégico para la seguridad alimentaria y la economía local. Sin embargo, los productores aseguran que el alto nivel de inversión los deja expuestos a pérdidas. Esto ocurre si el precio de venta no resulta favorable. El precio del maíz, una incertidumbre que preocupa
Uno de los mayores temores de los agricultores es la falta de control efectivo sobre el precio del maíz. Aunque el Consejo Consultivo de la Cadena del Maíz Amarillo fijó en 2025 un precio mínimo de 17,35 dólares por quintal y un techo de 19,50 dólares, en la práctica son los intermediarios quienes definen el valor final de compra.
Briones recordó que el año pasado el quintal se pagó entre 15 y 15,50 dólares, muy por debajo del precio referencial, lo que redujo considerablemente la rentabilidad del cultivo.
La siembra como sustento para decenas de familias
Para personas como Elizabeth Quiroz, la temporada de siembra representa una oportunidad de subsistencia. Por media jornada de trabajo recibe 13 dólares, ingresos que le permiten sostenerse mientras dura el ciclo inicial del cultivo.
Quiroz continuará trabajando en las siguientes fases, especialmente en la aplicación de urea, una labor que se extiende durante varias semanas. Para ella y muchos otros trabajadores, la siembra de maíz es una fuente clave de ingresos en el campo.
Fuente:El Diario
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